Catedral de Sevilla

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CATEDRAL DE SANTA MARIA DE LA SEDE DE SEVILLA

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HISTORIA

“Hagamos una Iglesia que los que la vieren labrada nos tengan por locos”, así  tradujo el pueblo lo que habían decidido en sus reuniones los canónigos de  Sevilla en 1401. Estaban dando a luz, sin saberlo del todo, esta maravilla que hoy contemplamos y cuya historia resulta sorprendente.

Soñaban, por qué no, que un día  fuera la mejor Cátedra del Arzobispo de Sevilla y futuro Patriarca de la Indias;  que en ella se celebrara el más esplendoroso culto litúrgico de la metrópoli hispalense; que asombrara a sus visitantes al caminar bajo sus bóvedas góticas, al descubrir su multiforme iconografía, (pintura, escultura, orfebrería, tejidos, libros corales, vidrieras), llenando las más diversas capillas góticas y renacentistas, para llegar después a encontrarse, en el remanso del Patio de los Naranjos, con las joyas bibliográficas y documentales que se custodian en el Archivo y Biblioteca  Capitular, pórtico de un singular sancta sanctorum:  la Biblioteca Colombina. Piedra a piedra ven crecer esa impresionante “montaña hueca”, bajo la severa mirada de la Giralda, señora de Sevilla.

El Cabildo Metropolitano ha sido su fiel custodio, durante siete siglos de rica historia y lo quiere seguir siendo con una atención y  organización, cada día, más moderna y esmerada. Para ello, mantiene a diario la liturgia de las Horas y la Misa coral,  rompe moldes en la celebración de las grandes festividades del Corpus y de la Inmaculada (baile de seises, procesión por la ciudad, repique de sus 24 campanas), atiende permanentemente la devoción a la Virgen de los Reyes, y realiza amplia pastoral sacramental, como primera Iglesia de la Diócesis de Sevilla.

Pero hay más. Esta maravilla tiene que ser compartida por todos, creyentes o no. Y, para ello, programa ciclos de conferencias, conciertos de órgano en  Adviento y Cuaresma, exposiciones permanentes y, sobre todo, cuida con toda clase de atenciones la visita cultural a todas sus dependencias.

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Exteriores
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Interiores
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EXTERIORES

La Giralda

La Giralda

La Giralda

Autores: Ahmad ben Bassu y Alí de Gomara en la parte musulmana y Hernán Ruiz Jiménez en la manierista.
Cronología: entre 1172 y 1198 la parte musulmana y 1557 y 1569 la manierista.

Tiene la estructura interior propia de los alminares almohades y la decoración exterior  que se seguirá usando durante siglos en la mayoría de los campanarios mudéjares.

Esta compuesta por un prisma central de base cuadrada, rodeada por los cuatro muros externos. Entre ambas estructuras se sitúan las rampas de subida, que en el caso de esta torre y por su gran tamaño, permitía incluso el acceso a caballo. La decoración exterior se basa en bíforas, con alfices, recortes mixtilíneos y arcos de herradura, lobulados y angrelados. En los paños laterales existen arcos ciegos en los que se inician variados diseños de “kaft wa’daraj”.

El cuerpo de campanas y los que montan sobre él constituyen una prodigiosa estructura y el mejor de los campanarios del renacimiento europeo. Lo corona una gran estatua de bronce giratoria, pues funciona como veleta que por su carácter giratorio recibe, desde comienzo del siglo XVII, el nombre de Giralda, suplantando su denominación original de “Victrix fidei colosum”, para convertirse en el actual “Giraldillo” pues su nombre popular se extendió a la torre completa.

El Patio de los Naranjos

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Patio de los Naranjos

Autores: Ahmad ben Basso y Alí de Gomara en la parte original y Félix Hernández Giménez en la restauración.
Cronología: entre 1184 (¿) y 1198 la parte original y 1946 y 1571 la restauración.

El patio, o  antiguo sahn de la mezquita, fue muy reformado a partir de 1248, funcionando básicamente como claustro y cementerio, pero las obras del siglo XX le han devuelto bastante de sus formas originales, aunque despojada de su decoración, que sólo aparece en lugares muy concretos. Se conservan tres de sus puertas originales de la fachada de levante, y dos en la de norte, una de ellas como entrada a la Institución Colombina, siendo la central la llamada del Perdón, cuyas hojas son las originales almohades, caracterizadas por una cuidadosa labor de lacería realizada  en bronce.

 

 

Cubiertas

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Cubiertas

Autores: Maestre Carlín, Juan Normán, Juan de Hoces, Alonso Rodríguez, Juan Gil de Hontañón, Hernan Ruiz, Adolfo Fernández Casanova, Joaquín Fernández Ayarragaray, José Menéndez-Pidal y Álvarez,  Ricardo y José Ramón Sierra Delgado y Francisco S. Pinto Puerto.
Cronología: desde 1438 a 1999.

Las cubiertas de la Catedral responden a dos grandes tipos, tejados y azoteas, siendo las primeras las propias del Patio de los Naranjos, mientras el resto, que es la mayor parte, corresponde a la catedral propiamente dicha, la iglesia del Sagrario y las dependencias.

Estas últimas responden a dos modelos distintos, según sean transitable sin dificultad alguna, pues están construidas sobre alcatifas de loza quebrada, es decir rellenas con fallos de hornos de alfares, o, a causa de su pendiente, es prácticamente imposible transitar por ellas, como es el caso de todas las de las naves altas, el cimborrio y las cúpulas.

 

Puerta del Perdón

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Puerta del Perdón

Autores: Ali de Gomara, de la parte almohade y Asensio de Maeda del campanario.
Cronología: la parte almohade se hizo hacia 1184 y la manierista entre 1578 y 1580.

Fue la principal de la mezquita, enfilando el nicho de oración, ubicado en la actual capilla de la Antigua, y la Alcaicería de la Seda, cuyo eje es la actual calle Hernando Colón.

La decoración exterior es plateresca y fue realizada en 1522 por Bartolomé López. En 1520 el maestro Miguel Perrín hizo en barro las imágenes de San Pedro y San Pablo que figuran en los laterales, la Virgen y el arcángel San Gabriel que se encuentran sobre las anteriores y el gran relieve de la Expulsión de los Mercaderes que está justo sobre el arco de la puerta.

 

 

Puerta de la Concepción

Puerta de la Concepción

Puerta de la Concepción

Autores: Juan de Hoces y Juan Gil de Hontañón en la parte gótica, Adolfo Fernández Casanova y Joaquín de la Concha Alcalde en la terminación neogótica
Cronología: Los flancos son de la segunda mitad del siglo XV, mientras el resto pertenece a los últimos años del siglo XIX y primeros del XX.

Portada situada en el frente norte del crucero que abre al patio de los Naranjos; desde 1915 recibe el nombre de puerta de la Concepción, pero anteriormente se llamó “puerta Colorada”.

Se hicieron sus estribos laterales en época del maestro Juan de Hoces, continuando las partes altas Juan Gil de Hontañón. La parte central fue objeto de un proyecto firmado por el arquitecto Demetrio de los Rios y Serrano en 1866, pero las obras quedaron detenidas en 1868.

En 1893 el arquitecto Adolfo Fernández Casanova hizo el proyecto de la puerta actual, que no se concluyó hasta 1917. En ella, el autor usó el estilo gótico del resto del edificio, aunque enriqueciéndolo con una cierta exuberancia decorativa, por lo que, a pesar de su tardía fecha, armoniza perfectamente con lo construido en siglos anteriores.

Puerta de los Palos

Puerta de los Palos

Puerta de los Palos

Autores: Juan de Hoces en la parte arquitectónica y el maestro Miguel Perrín en la escultórica.
Cronología: la parte arquitectónica estaba hecha en 1481.

Esta puerta está situada al pie de la Giralda, al fondo de la nave de San Sebastián. Su primer nombre fue el de puerta “al Corral de los Olmos”, recibiendo, con el relieve de su tímpano, la advocación oficial de “Adoración de los Magos”, pero desde que en el siglo XVIII se derribó un arco musulmán que intestaba contra la fachada de levante de la torre, llamado “puerta de los Palos” por el rastrillo de madera que poseía, recogió su nombre.

Por ella salen las cofradías durante la semana santa. En su costado norte aparece un postigo que da acceso directo a la capilla gótica inmediata, la que no se terminó cuando se decidió conservar la Giralda.

 

 

Puerta de la Campanilla

Puerta de la Campanilla

Puerta de la Campanilla

Autores: Juan de Hoces en la parte arquitectónica y el maestro Miguel Perrín en la escultórica.
Cronología: la parte arquitectónica estaba hecha en 1481.

Esta puerta está situada entre la Capilla Real y el conjunto del cuadrante renacentista, en la cabecera de la calle de San Roque.

Su advocación actual, pues antiguamente estaba dedicada a San Mateo por la proximidad a la capilla de este evangelista, es la de la “Entrada en Jerusalen”, pero se le denomina “de la Campanilla”, que era el nombre de un postigo ubicado cerca y que fue derribado a fines del siglo XVIII; el nombre lo recibía por una esquila, actualmente en la parroquia catedralicia de San Sebastián, que convocaba a los obreros de la fábrica.

En la actualidad se accede por su atrio a la Capilla Real mientras está funcionando la visita cultural.

 

Puerta del Principe

Puerta del Principe

Puerta del Principe

Autores: Juan de Hoces y Juan Gil de Hontañón en la parte gótica, Adolfo Fernández Casanova en la parte neogótica.
Cronología: Los flancos son de la segunda mitad del siglo XV, con una ampliación del primer año del XVI, mientras el resto pertenece a los últimos años del siglo XIX y primeros del XX.

Esta portada, por cuyo atrio, presidido por el Giraldillo, se accede a la visita cultural de la catedral, es la del frente sur del crucero y mira hacia el Archivo General de Indias, antigua Lonja de Mercaderes.

Aunque iniciada y parcialmente decorada en los inicios de la Edada Moderna, las obras que nos han dado el resultado actual se iniciaron con un proyecto del arquitecto navarro Adolfo Fernández Casanova, cuya maqueta de escayola ya estaba hecha en 1885, pero las obras no se empezaron hasta el día 17 de enero de 1887. Se hizo con piedra muy blanca procedente de unas canteras de Monóvar (Alicante) y no respetó las previsiones del proyecto al detalle; se terminaron las obras hacia 1901 quedando con una solitaria escultura, que copia a una de las imágenes de las portadas antiguas.

Puerta de San Miguel

Puerta de San Miguel

Puerta de San Miguel

Autores: Nicolás Martínez y Juan Normán, entre otros, realizaron la parte arquitectónica y Lorenzo Mercadante de Bretaña y Pedro Millán los elementos escultóricos de terracota.
Cronología: aunque el hueco de esta puerta debía estar hecho desde 1433, la parte arquitectónica se hizo en 1449 y el programa escultórico entre 1464 y 1487.

Esta puerta está situada al inicio de la nave llamada de San Roque y debió ser la primera que se concluyó en el edificio gótico; anteriormente se denominó de San Laureano, por la capilla inmediata, y aunque su advocación corresponde al Nacimiento de Cristo, su nombre habitual, de San Miguel, se le da por enfrentarse al antiguo Estudio de San Miguel, institución universitaria dedicada  a la Filología fundada por Alfonso X El Sabio en 1254.

En las jambas, realizadas por el citado artista bretón, aparecen los cuatro evangelistas más san Laureano, santo francés misteriosamente trasplantado a Sevilla, y san Hermenegildo, príncipe visigodo que se sublevó en Sevilla.

Una de las esculturas  de las arquivoltas exhibe un rótulo gótico que certifica la autoría de Pedro Millán.

Puerta de la Asunción

Puerta de la Asunción

Puerta de la Asunción

Autores: empezada la obra gótica por Pedro de Toledo, la continuó Juan de Hoces; Fernando de Rosales proyectó la continuación neogótica, que terminó Melchor Cano, dirigiendo las obras de restauración Joaquín Fernández Ayarragaray.
Cronología: la parte gótica empezó en 1449 y continuó en 1481, la  obra neogótica se hizo entre 1827 y 1831, y la restauración entre 1883 y 1898.

Está situada en el centro de la fachada “de poniente” o principal, con mayor proporción y solemnidad que las portadas que la flanquean.

Está dedicada a la Asunción de la Virgen, tema del tímpano y del cual deriva su denominación oficial, pero ha tenido sucesivamente los nombres de Santa María de la Consolación, del Perdón (Nueva) y Real. Permaneció inconclusa durante siglos hasta que en 1827 el cardenal Cienfuegos y Jovellanos decidió finalizarla con el proyecto del arquitecto Fernando de Rosales.

La decoración escultórica se realizó a fines del siglo XIX, encomendándose en 1882 al escultor Ricardo Bellver y Ramón, quien realizó en cemento la estatuaria actual.

 

Puerta del Bautismo

Puerta del Bautismo

Puerta del Bautismo

Autores: Nicolás Martínez y Juan Normán, entre otros, realizaron la parte arquitectónica y Lorenzo Mercadante de Bretaña los elementos escultóricos de terracota.
Cronología: aunque el hueco de esta puerta debía estar hecho desde 1433, la parte arquitectónica se hizo en 1449 y el programa escultórico entre 1464 y 1487.

Esta puerta está situada al inicio de la nave llamada de San Sebastián y debió construirse a la vez que su simétrica, la del Nacimiento o de San Miguel; también se denomina “del Baptisterio”, por su proximidad a la capilla bautismal del edificio que, desde 1249 siempre ha estado por esta zona.

Como es natural su advocación es la del Bautismo de Cristo en el Jordán, representado en el relieve de barro cocido del tímpano, que está acompañado de seis santos locales, formando parejas de hermanos, Isidoro y Leandro, Justa y Rufina y Florentina y Fulgencio.

 

INTERIORES

Capilla Real

Capilla Real

Capilla Real

Autores:  Martín de Gainza y Hernán Ruiz Jiménez.
Cronología: la obra actual, que aprovecha elementos anteriores, se inició hacia 1541, concluyéndose en 1589, como acredita una fecha existente en la solería de su azotea.

Forma un amplio recinto cuadrado cerrado por un ábside semicircular y cubierto por una cúpula casetonada, con linterna. En sus laterales se abren dos pequeñas capillas con sus correspondientes sacristías;  sobre estos ámbitos se sitúan sendas tribunas que abren al espacio principal.

Contribuyen a la iluminación del recinto dos vidrieras realizadas en 1574 por Vicente Menardo, que han sufrido numerosas restauraciones posteriores. La obra de esta capilla fue diseñada y dirigida por el arquitecto Martín de Gainza a partir de 1541.

En 1556, a la muerte de este arquitecto, la obra se encontraba completa a excepción de la cúpula, que había de concluir hacia 1568 el arquitecto Hernán Ruiz II; el exterior de esta cúpula está compartimentada con casetones en los que se incluyeron cabezas de reyes.

La linterna de la cúpula se hundió en 1754, siendo reconstruida por Sebastian van der Borch. Los sepulcros situados en los nichos abiertos en los muros laterales guardan restos de Alfonso X el sabio y de su madre Beatriz de Suavia.

La capilla está presidida por un retablo realizado hacia 1646 por Luis Ortiz de Vargas, en donde, en la hornacina principal y bajo un dosel de plata recibe culto la imagen de la Virgen de los Reyes, siendo esta una figura gótica del siglo XIII de origen francés. A sus pies, abrazada por la escalinata esta el sepulcro de plata de San Fernando y debajo la cripta que alberga los restos de don Pedro, el rey justiciero.

 

Altar Mayor

Altar Mayor

Altar Mayor

Autores: Jorge y Alejo Fernández Alemán, Roque de Balduque, Juan Bautista Vázquez y otros.
Cronología: De 1482 a 1564 (siglos XV y XVI)

Preside el presbiterio de la Capilla Mayor que está situada en la nave central ocupando el tramo más solemne del recinto donde se produce el cruce de las naves principales de la Catedral. Está considerado como el más grande de la cristiandad y una de las estructuras de madera policromada más espectaculares de su tiempo.

Es obra realizada en sucesivas fases a lo largo de casi un siglo, comenzándose con trazas del escultor flamenco Pieter Dancart, quien en 1482 consiguió un retablo de casi 30 metros de alto por casi 20 de ancho, con cuatro cuerpos de altura mas un banco, en horizontal y siete calles.

En 1497 aparece otro maestro al frente de la obra también de origen flamenco que se ocupó de ella hasta 1505. A partir de este momento, se registra la intervención del escultor Pedro Millán, quien a su vez, fue sustituido por Jorge Fernández Alemán a quien ayuda su hermano Alejo, ocupándose ambos de la obra hasta 1529, año en que puede señalarse que concluye la primera fase constructiva del retablo. Una segunda fase comenzó en 1550, al decidirse en Cabildo añadir dos calles laterales formando ángulo recto con el frente principal.

En estos trabajos intervinieron Roque Balduque, Juan Bautista Vázquez y Pedro de Heredia, completándose todo el conjunto en 1564. El retablo posee un conjunto de cuarenta y cuatro relieves y más de doscientas figuras de santos que se disponen en las pilastras que articulan el retablo.

Sobre el amplio y volado dosel, configurado por casetones octogonales, se dispone una viga en cuyo centro figura una piedad flanqueada por un apostolado, obra de Jorge Fernández; corona todo el conjunto un monumental Calvario gótico del siglo XIV, conservado desde antes y que se decidió rematase todo el retablo.

El crucifijo que preside el Calvario recibe tradicionalmente el nombre de Cristo del Millón, por el millón de gracias concedidas al pueblo de Sevilla en tiempos de epidemias. Los relieves del banco del retablo son los antiguos del mismo y representan tres escenas de martirios de santos; también aparecen vistas de Sevilla y de la Catedral.

En su centro, figura una magnífica escultura gótica de la Virgen de la Sede. En el primer cuerpo del retablo aparece de derecha a izquierda, el abrazo de San Joaquín y Santa Ana, el nacimiento de la Virgen, la Anunciación, el nacimiento de Cristo, la matanza de los inocentes, la Circuncisión y la adoración de los Reyes.

En el segundo cuerpo se incluyen la presentación del Niño en el Templo, el Bautismo de Cristo, la Resurrección de Lázaro, la Asunción de la Virgen, la entrada de Cristo en Jerusalén, la Sagrada Cena y la Oración en el Huerto. En el tercer cuerpo, el prendimiento de Cristo, la flagelación, la coronación de espinas, la Resurrección, Ecce Homo, camino del Calvario y el Expolio.

En el cuarto cuerpo, el entierro de Cristo, las Marías en el sepulcro, la Magdalena a los pies de Cristo Resucitado, la Ascensión, bajada de Cristo al Limbo, la cena de Emaus y la venida del Espíritu Santo.

En los laterales del retablo y de abajo arriba se encuentran a la izquierda las representaciones de la creación de Eva, la huida a Egipto, Cristo entre los Doctores, la Transfiguración y la Magdalena ungiendo los pies a Cristo.

A la derecha figuran el Pecado Original, el Juicio Final, la multiplicación de los panes y los peces, la expulsión de los Mercaderes del Templo y la conversión de San Pablo. En los pilares que enmarcan todo el conjunto del retablo figuran ocho relieves con representación de Reyes de Israel y Judá. Con toda esta información terminamos la reseña del gran retablo mayor catedralicio hispalense.

 

Altar de Plata

se_catedral_22Autores: Juan Laureano de Pina y don Manuel Guerrero
Cronología: Hacia 1750 (siglo XVIII)

Altar que se montaba en la Capilla Mayor de la Catedral para manifestar al Santísimo en las Octavas del Corpus Christi e Inmaculada Concepción y en el Triduo de Carnestolendas.

La parcial destrucción de los cuerpos inferiores durante su estancia en Cádiz de 1810 a 1813, para subvenir los gastos de la guerra de la independencia, unido a la dificultad de su montaje, ha motivado que cada vez sea menor el número de piezas de las que se disponen para su colocación.

Actualmente, es de carácter permanente y está situado en el tramo Norte del crucero delante de la puerta de la Concepción. Se conserva su estructura básica en la parte superior del conjunto y lo que más se ha modificado es la estructura formal del resto de elementos que en su conjunto completaban el montaje iconográfico y testimonial del monumento.

Permanecen invariables las dos maravillosas figuras que constituyen un espléndido ejemplo de la brillantez cromática, el movimiento de plegados y el carácter devocional que desplegó la imaginería y platería sevillana del siglo XVIII, como son San Isidoro y San Leandro que también han sido debidamente restaurados.

El Coro

El Coro

El Coro

Ocupa un tramo de la nave central del templo, justo al frente de la Capilla Mayor en la zona del Crucero. Se decora con muros de cantería, excepto en su frente, donde lo hace con una excepcional reja renacentista, obra de Fray Francisco de Salamanca, realizada entre 1518 y 1523; está rematada con una crestería cuyo motivo central representa el árbol de gets.

En el interior del coro se dispone la sillería compuesta de dos cuerpos, en los que se disponen 117 sitiales tallados en madera; están realizados en estilo gótico mudéjar y representan esculturas de santos y relieves con escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento.

De gran interés es el conjunto decorativo situado en las misericordias donde aparecen un amplio repertorio alegórico de los vicios, personificados en figuras monstruosas.

En la silla destinada al Rey, decorada con escudos de Castilla y León, aparece la firma del escultor Nufro Sánchez y la fecha de 1478, quedando así documentada la labor de talla. Sin embargo, a partir de 1479, el escultor Pyeter Dancart continuó trabajando en el proceso decorativo de la sillería, que no fue concluida definitivamente hasta el siglo XVI.

El gran facistol que se encuentra en el centro del coro es obra renacentista y esta realizado en madera y bronce. En su ejecución participaron varios escultores, quienes lo realizaron entre 1562 y 1565; los relieves en bronce fueron fundidos por Bartolomé Morel.

Concluiremos este comentario no sin antes señalar la maestría y armonía con la que se acopla el maravilloso órgano de doble cuerpo de tubos a la estructura formal de la sillería del coro.

 

Los Restos de Cristóbal Colón

Los Restos de Cristóbal Colón

Los Restos de Cristóbal Colón

Autor: Arturo Mélida y Alinari.
Cronología: 1891

Magnífico monumento erigido para albergar los restos del Almirante descubridor de América. Es obra de Arturo Mélida y Alinari, quien lo proyectó para la Catedral de la Habana, aunque por avatares históricos desde 1902 se puede contemplar en la Catedral de Sevilla.

El mausoleo está situado en el centro de uno de los brazos del crucero, en el lado de la epístola, delante de la puerta del Príncipe y junto a la Capilla de la Antigua, muy ligada a Colón porque se cuenta que aquí rezaba antes de partir a sus largos viajes. De hecho, llamó “Antigua” a la primera isla avistada en uno de sus viajes.

El sepulcro representa a cuatro heraldos simbolizando los reinos de la Corona española y portan sobre sus hombros el féretro del Descubridor cubierto por el pendón de los Reyes Católicos. Cada uno, en sus ropajes, lleva símbolos representativos de los reinos de Castilla, León, Navarra y Aragón, portando los que preceden al monumento, en el caso de Castilla, un remo marcado con un animal marino símbolo de los viajes que dicha corona respaldó y en el caso de León, una lanza que atraviesa la media luna de la religión musulmana como triunfo de la Fe cristiana y culmina pinchando la fruta de la granada como símbolo del momento histórico en que se dominó la ciudad de Granada.

Todos estos elementos forman un majestuoso monumento magistralmente tallado en alabastro y bronce policromado que se sustenta sobre un gran basamento de piedra y mármol en el que se puede leer: “Cuando la isla de Cuba se emancipó de la madre España, Sevilla obtuvo el depósito de los restos de Colón y su ayuntamiento erigió este pedestal”.

 

Sala Capitular

Sala Capitular

Sala Capitular

Autores: Hernán Ruiz Jiménez y Asencio de Maeda.
Cronología:   de 1558 a 1592.

Este espacio elíptico constituye una de las cumbres de la la arquitectura española del Manierismo.

El programa iconográfico fue diseñado por el canónigo Francisco Pacheco e integra pinturas al fresco de Pablo de Céspedes en 1592, relieves de Juan Bautista Vázquez el viejo y Diego de Velasco, colocados diez años antes.

Los relieves de formato rectangular fueron realizados en torno a 1590 por Marcos Cabrera. En la bóveda figura una magnífica serie de obras de Murillo encargadas por el Cabildo al pintor en 1667.

La solería, colocada en 1591,  está inspirada en la que Miguel Ángel diseñó para la plaza del Campidoglio de Roma, pues, aunque ésta no se construyó hasta el siglo XX, su apariencia fue divulgada por toda Europa por medio de grabados.

En la actualidad los capitulares sólo se reúnen en este lugar en una ocasión durante la semana santa, pero se suele emplear como sala de reuniones y conferencias de las extensiones culturales de la catedral hispalense.

 

Sacristia Mayor

Sacristia Mayor

Sacristia Mayor

Autores: Diego de Riaño y Martín de Gainza.
Cronología:   de 1530 a 1543.

Se trata  del primero de los espacios renacentistas de la Catedral, de tal manera que la mencionada fachada se diseñó conjuntamente con ella y para envolver los espacios que se habían construido por la zona en los años precedentes y siguientes.

Consta, en esencia, de una gran cúpula sobre pechinas que descansan en una magna ordenación clásica; a ella se adjuntan cuatro espacios muy comprimidos, alojados entre los estribos de la bóveda, y un “presbiterio” tripartido, con dos pequeños ámbitos laterales, todos ellos cubiertos por bóvedas profusamente decorados en términos platerescos, según un denso programa iconográfico que elaboró el canónigo Pedro Pinelo.

El conjunto fue diseñado por el arquitecto Diego de Riaño, entre 1.530 y 1.532; pese a que, cuando falleció, aún no estaban terminados, al menos las dos Sacristías, puede decirse que sus configuraciones básicas fueron consecuencias directas de sus trazas, pero, como era de esperar, dada la tónica profesional de la época, su apariencia debe ser considerada tambien producto  de las decisivas aportaciones de los Capitulares, otros Maestros canteros y los demas intervinientes, que no fueron pocos.

 

Pabellón

Pabellón

Pabellón

Autores: José Herrera, Fernando de Rosales, Joaquín de Luque y Francisco S. Pinto Puerto.
Cronología:   de 1760 a 1999

Consta que las primeras ideas para construir esta parte de la Catedral por la que empieza la visita cultural datan de 1732, cuando se pensó ampliar las dependencias seculares de la Catedral, especialmente la Cilla; diez años más tarde los maestros Diego Antonio Díaz y José Rodríguez informaron la posibilidad de fabricar las oficinas y graneros en un edificio de tres plantas, ubicado en la misma zona del actual.

En 1757 se celebró un concurso, para iniciar las obras de la cilla, entre maestros del gremio, en el que participaron Vicente Bengoechea, Tomás Zambrano, Juan Núñez y José Herrera, que fue el vencedor, iniciándose las obras en 1760.

Entre 1784 y 1795 se hicieron obras provisionales para poder usar el espacio construido y en 1805 el maestro mayor Fernando Rosales aun hacía otras obras, tal vez las que  permitieron alojar aquí diversos servicios relacionados con las rentas del Cabildo.

La configuración actual del conjunto se alcanzó a través de un proyecto del arquitecto Joaquín de la Concha Alcalde, fechado en 1907, y que se ejecutó, en la parte correspondiente al piso inferior, entre 1913 y 1917.

El segundo andar se diseñó en 1918, pero la muerte del arquitecto interrumpió el proceso, que no se reanudó hasta 1923, bajo la dirección de Javier de Luque, concluyendo en 1929. La intervención que ha dado el resultado presente terminó en 1999.

 

Parroquia del Sagrario

Parroquia del Sagrario

Parroquia del Sagrario

Autores: Miguel de Zumárraga, Pedro Sánchez Falconete y José Menéndez-Pidal y Álvarez.
Cronología:   de 1617 a 1968.

Durante la primera mitad del XVII el tercio septentrional de la fachada, que aún conservaba las formas de la mezquita, sufrió una radical transformación en apariencia y altura, pero no en longitud o alineación, que continuaron intactas; el proceso se inició en 1615 cuando se acordó derribar las galerías occidentales del patio de la aljama, comenzando entonces una de las mas enrevesadas historias constructivas de la Catedral.

La elección de la traza, obra del maestro mayor Miguel de Zumárraga, fué el 4 de noviembre de 1617 y un mes después ya estaban abiertos los cimientos, aunque la primera piedra no se puso hasta el 23 de junio de 1619.

Primero se hizo la «planta baja» en toda su extensión, es decir, el interior y el exterior hasta las primeras cornisas, para elevar seguidamente la cabecera hasta las segundas (1618-1630) y continuaron subiendo en esta misma zona hasta la de la cúpula (1633-1639); en la década siguiente (1640-1648) crecieron en altura por la parte de los pies hasta las segundas cornisas y a continuación cerraron la cúpula del crucero, subieron los muros laterales del edificio y las bóvedas de la nave (1651-1662), pero antes, en 1650, empezaron a detectarse asientos y grietas en el extremo norte del edificio.

En 1656 empezó a fabricarse, con la iglesia prácticamente completa y con su decoración terminada, una cripta que ocupó todo el subsuelo, incompleta hasta que en 1709, fue necesario reforzar su cabecera para asentar el gran retablo de Jerónimo Balbás que presidía el interior; en 1662 pintó Valdés Leal tres cuadros («La Flagelación», «La Sentencia» y «La Crucifixión») que se colocaron en la galería que muestra la iglesia en su frente septentrional. En el siglo XX el edificio fue restaurado por José Menéndez-Pidal y Álvarez, que rehízo todo el perfil exterior de la cúpula, añadiéndole la linterna.

 

Biblioteca Colombina

Biblioteca Colombina

Biblioteca Colombina

En 1552, la biblioteca de Don Hernando Colón pasaba a incrementar los fondos de la librería del cabildo eclesiástico de Sevilla (la Biblioteca Capitular) por disposición testamentaria del gran bibliófilo y humanista español. Aunque el número de volúmenes capitulares sea mayor, ha prevalecido el nombre de Colombina en la Historia y es como se suele conocer actualmente a las dos bibliotecas.

Esta situada en el ángulo nordeste del Patio de los Naranjos, entre la Puerta del Lagarto y la Puerta del Perdón, con acceso actual al público desde la calle Alemanes.

Esta ha sido su ubicación desde que a mediados del siglo XVI el Cabildo habilitara esta zona para recibir el legado colombino.

Anteriormente, la Biblioteca Capitular había ocupado diversas dependencias de la Catedral desde que empezara a formarse en el siglo XIII. Actualmente la Biblioteca Colombina conserva unas 6000 obras, de las cuales casi 1200 son incunables –lo que la convierte en la primera de España, después de la Biblioteca Nacional- y 500 manuscritos.

Por su parte, la Biblioteca Capitular alcanza los 70000 volúmenes, con más de 100 incunables y una riquísima colección de manuscritos, entre los que destacan los códices litúrgicos medievales y los numerosos textos, muchos de ellos inéditos, sobre historia de Sevilla.

 

ARQUITECTURA

– Catedrales y mezquitas – Datos históricos

La catedral de Santa María de la Sede se constituyó como tal en la última semana del mes de diciembre de 1248, instalándose en el edificio que había sido hasta unas semanas antes la mezquita mayor almohade de la ciudad; ésta, a su vez, se había construido entre 1172 y 1198 sobre los terrenos expropiados que habían sido los de un barrio formado en el siglo precedente. Por ahora no hay datos que avalen la presencia en este mismo sitio de la antigua catedral visigoda, la que los documentos del siglo VII titulan Sancta Iherusalem.

– La gran fábrica – Cimientos y oficios

La catedral gótica, cuyas obras empezaron en 1433, con trazas atribuidas al Maestre Ysanbarte, se trazó aprovechando o siguiendo los cimientos del perímetro exterior de la mezquita; involucró un gran número de profesionales de la cantería, casi todos ellos forasteros, empezando por los arquitectos que, con el título de «maestros mayores», sucedieron a YIsanbarte (1433-34), Carlín (1435-1447), Normán (1454-1478), Hoces (1488-1496), Colonia (1495-1498), Rodríguez (1496-1512) y Gil de Hontañón (1512-1519); junto a ellos intervinieron numerosos albañiles, carpinteros, herreros, esparteros, ceramistas, vidrieros, escultores…, perfectamente acreditados en la documentación del archivo catedralicio.

– Magna Hispalensis – La Planta

Al usar los cimientos de la mezquita como guía, la catedral gótica resultante fue la más extensa que se levantó en estilo ojival, constituyendo con otras ocho la reducida nómina de las góticas que tienen más de tres naves: Toledo, Zaragoza, Milán, Colonia, Amberes, París, Chartres y Amiens.
Aún así el edificio gótico fue insuficiente, pues no sólo se conservó el patio de la mezquita con funciones de claustro, y su alminar convertido en campanario, sino que añadió espacios al rectángulo general para obtener tres capillas (la Real, san Pedro y san Pablo), ampliar otra (la de la Antigua), dos sacristías (de los Cálices y Mayor), la sala capitular y las dependencias administrativas (patio de los Óleos y la contaduría) y de ocio (patio del Cabildo y letrinas). En total el territorio catedralicio, protegido por columnas y cadenas, alcanza la superficie de 23.457 m2.

– Hoyos, cantos y ripios – Estructuras y proporciones

La construcción del edificio, que se fue haciendo por tramos transversales a partir de los pies, obligó al paulatino derribo de la antigua mezquita; a continuación se abrían los «hoyos», es decir los pozos para cimentar los pilares, que se rellenaban de un hormigón de cal. Las paredes fueron de sillería sin relleno alguno, pero los pilares, dado su gran tamaño, fueron construidos mediante una corona exterior de piedra que se rellanaba con un enripiado de cal, ladrillos y trozos de piedra, aparejados por tongadas de manera irregular. Antes de llegar a los capiteles, que son muy simples, despareció el enripiado, pues todo fue ya de piedra. Carece de sentido proponer la existencia, en el proyecto de la catedral, de una cabecera tradicional gótica, es decir, con girola semicircular.

– Bóvedas

La gran catedral gótica hispalense se construyó en tan sólo setenta años, hazaña facilitada por la racionalidad, regularidad y simplicidad de sus formas; las bóvedas, salvo las del crucero, fueron de dos tipos, pues las de las naves colaterales sólo poseen los dos nervios diagonales propios del estilo, mientras las de las capillas, la nave central y el crucero llevan además un nervio de espinazo.

En la etapa del siglo XVI se hicieron bóvedas muy complejas, pero sin romper la unidad compositiva del edificio; las de la cruz central llevan terceletes y una cierta variedad de nervios menores, rectos y curvos, además de plementos decorados con cresterías, parecidas a otras más pequeñas ubicadas tras al retablo mayor; las mas interesantes, por su traza y estereotomía son las de la capilla de san Isidoro, la de la sacristía de los Cálices y sobre todo, el conjunto de bóvedas de la capilla de la Antigua y sus dos dependencias.

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– Azoteas – Cubiertas

Siguiendo una tradición del gótico mediterráneo, que ya tenía precedentes en la ciudad, la catedral se cubre con azoteas transitables; para ello fue necesario fabricar unas importantes alcatifas, es decir, rellenos sólidos pero relativamente livianos, constituidos por cuatro bóvedas de ladrillo sobre cada uno de los cascos las de piedra, con la altura suficiente como para rellenar hasta la altura del trasdós de la claves, y, a continuación, “enjarrados de loza quebrada”, es decir, acumulaciones cimentadas en cal de tiestos de cerámica procedentes de desechos y fallos de hornos trianeros.

Este procedimiento ya se empleó en una de los edificios romanos de la vecina ciudad de Itálica, concretamente de la “casa de la Exedra”.

– Andenes y antepechos

Uno de los elementos característicos de las catedrales góticas es la existencia de una galería con arcos, llamada triforio, ubicada entre la clave de los arcos que separan las naves y el arranque de las ventanas que iluminan la nave central sobre las cubiertas de las laterales.

En la catedral hispalense las cubiertas, al ser planas, no dejan sitio para el triforio, pues las ventanas pueden arrancar sobre los arcos directamente; su función la cumplen unos “andenes”, es decir, unos balcones volados, con antepechos, que al llegar a los arranques de los arcos transversales salen a la cubierta en forma de “mangas” con ventanitas.

– Cresterías, pináculos y caracoles

El exterior de la Catedral gótica remata con una especie de jardín de piedra constituido por una sucesión de altas cresterías góticas, de diseños muy variados, una importante serie de pináculos, desde los más simples, de la primera mitad del siglo XV, diseñado según formulas gráficas bien conocidas y documentadas en los propios elementos pétreos, hasta los muy complejos de las obras de Juan Gil de Hontañón, del primer cuarto del siglo XVI; no debemos olvidar los remates, también diversos, de los caracoles que emergen de las cubiertas, algunos de los cuales, partiendo del suelo, sobrepasan los ciento cincuenta escalones de desarrollo vertical, siguiendo dos modelos generales: los “de husillo” y los “de Mallorca”.

– El Patio de los Naranjos

Forma parte de la gran mezquita que ordenó construir el Amir al Muminin Abu Yaqub en mayo del año 1.172 siendo su autor el arquitecto sevillano Ahmad b. Baso, autor de otros importantes edificios en Gibraltar, Córdoba y la misma Sevilla. Las obras quedaron interrumpidas en varias ocasiones y no se concluyeron hasta el 10 de Mayo de 1.198, bajo la dirección de un arquitecto llamado Ali al Gomari.

Lo que se conserva del patio original son dos naves paralelas en el lado este, que, junto con la que resta hacia el nortefondo, fueron dedicadas por los castellanos a capillas funerarias a partir de Noviembre de 1248, cuando la ciudad pasó a sus manos; una parte se destinó muy pronto a Biblioteca y así continua; la parte simétrica está ocupado por la parroquia del Sagrario. La actual organización del patio fue diseñada y construida por el arquitecto Félix Hernández Giménez en el tercer cuarto del siglo XX.

– Capilla Real

Para fabricar esta gran capilla, como cabecera del templo gótico, la obra renacentista englobó dos de las capillas  periféricas, mas altas que las normales de los costados, las dedicadas a san Pedro y san Pablo, prolongando el espacio central hasta ocupar una parte del antiguo corral de los Olmos, para conseguir un ámbito cuadrado, cubierto con bóveda hemisférica casetonada y un remate en semicírculo, con bóveda de cuarto de esfera.

A esta organización axial se añadieron dos ámbitos laterales, que alargaron, por detrás y sin conexión con las capillas citadas, actuando como sacristías de la Capilla Real, con tribunas abiertas al espacio principal. Estas obras fueron iniciadas por el arquitecto Martín de Gainza a partir de 1.551, siendo concluidas en 1.569 por Hernán Ruiz Jiménez.

– La Giralda

Es la denominación actual de la torre campanario de la Catedral, constituyendo dentro de ella una entidad arquitectónica autónoma, destacable no solo por su ubicación sino también por sus características formales, funcionales y simbólicas.

Su base cuadrada tiene 13,61 m. de lado y alcanza la respetable altura de 94,70 m. siendo el resultado de la superposición de dos obras muy distantes en el tiempo y en los estilos, pero integradas visualmente gracias a los artificios compositivos del arquitecto cordobés Hernán Ruiz. La primera obra, coincidente con el gigantesco paralelepípedo de ladrillo que forma casi la mitad de la altura del edificio, se realizó en la etapa almohade, como Torre (Zoma o Alminar) de la mezquita aljama, recorrida interiormente por una rampa; se construyó a partir del 24 de mayo del año 1184, auque las obras no comenzaron hasta el otoño del citado año; las obras quedaron interrumpidas durante el año 1185 y no volvieron a reanudarse hasta 1188, continuando hasta su total terminación, que se produjo con la colocación de un amud dorado, obra de un siciliano, Abu I Layz, en 1198.
El arquitecto Hernán Ruiz Jiménez, entre 1557 y 1568, diseñó y construyó los cuerpos superiores los que comienzan con el campanario propiamente dicho.

– La Sala Capitular

La esquina suroriental de la catedral gótica quedó encerrada por un gran muro apilastrado que engloba la sacristía de los Cálices, la sacristía Mayor, el patio de los Oleos, el patio del Mariscal, la sala Capitular, el Antecabildo y la Contaduría; esta es una hermosa sala que comenzó Hernán Ruiz en 1.560 y cuyo techo se labró en 1583, estando hoy dedicada a albergar gran parte del Tesoro.

Al igual que la Contaduría todos los demás ámbitos siguientes fueron labrados, hasta la altura de unos cinco metros, bajo la dirección del arquitecto cordobés Hernán Ruiz, desde 1.561 hasta la fecha de su muerte (1.569) y concluido por los maestros Asensio de Maeda y Juan de Minjares hacia 1.591, pero siguiendo las directrices del maestro cordobés. Lo más espectacular sala capitular, espacio elíptico, de ordenación estratificada, decorado con frescos (Pablo de Céspedes, 1.592), relieves (J.B. Vázquez y D. de Velasco, hacia 1583 y M. Cabrera, hacia 1590) y tablas pintadas (B.E. Murillo, 1667) y que corona una “capilla oval quarta”, planteada por Hernán Ruiz hasta la primera tanda de cruceros y cerrada por el granadino Asensio de Maeda en 1590; debemos destacar el sillón episcopal, de 1592, y el pavimento inspirado en el de la Piazza del Campidoglio de Roma, cuyos diseños, de Miguel Ángel, llegarían a Sevilla en los grabados de Étienne du Pérac.

– Capilla de San Clemente y parroquia del Sagrario

El 23 de junio de 1619 se puso la primera piedra de la capilla del Sagrario, que era, según un relato coetáneo, una “Piedra blanca de media vara en quadro con ciertas letrasú, primera del Sagrario. Se dijo misa en la nave de la Granada, donde se hará el Sagrario.”  Como en la iglesia medieval esta capilla, con categoría de  parroquia catedralicia, estaba y está dedicada a la advocación del día en que la ciudad musulmana se rindió a los cristianos.

El 15 de junio del año 1662, día del Corpus Christi, se llevó el Santísimo al «Sagrario Nuevo», con lo que éste pudo darse por terminado, pero a causa de la deficiente construcción de sus cimientos fueron necesarias varias e importantes campañas de restauración, que continuaron hasta las obras de reforma estructural que finalizaron en el año 1971.

– El pabellón de oficinas

Consta que las primeras ideas para construir este conjunto de espacios datan de 1732, cuando se pensó ampliar las dependencias seculares de la catedral, especialmente la cilla; diez años mas tarde los maestros Diego Antonio Díaz y José Rodríguez informaron la posibilidad de fabricar las oficinas y graneros en un edificio de tres plantas, ubicado en la misma zona del actual.

En 1757 se celebró un concurso, para iniciar las obras de la cilla, entre maestros del gremio, en el que participaron Vicente Bengoechea, Tomás Zambrano, Juan Núñez y José Herrera, que fue el vencedor, iniciándose las obras en 1760.

Las obras quedaron detenidas a comienzos del siglo XIX, reanudándose mediante un proyecto del arquitecto Joaquín de la Concha Alcalde, fechado en 1907, y que se ejecutó, en la parte correspondiente al piso inferior, entre 1913 y 1917. El proceso no se reanudó hasta 1923, bajo la dirección de Javier de Luque, concluyendo en 1929.

 

PINTURA

– La Pintura en la Catedral de Sevilla

El patrimonio pictórico de la Catedral de Sevilla destaca entre los conservados en otras catedrales y colecciones eclesiásticas, ya que está considerada como una de las mejores pinacotecas de este país.

Gran parte de las pinturas son obras de primera calidad y su inventario actualizado comprende ochocientos treinta y tres registros. La mayor parte fueron sufragadas por miembros del cabildo y por las familias sevillanas que dotaron capellanías, encargaron los retablos de los altares y decoraron los muros de las capillas donde fueron enterrados.

Los retablos albergan ciento setenta y ocho obras, y las pinturas de caballete ascienden aproximadamente a seiscientas. De éstas ciento noventa y ocho lienzos son retratos, catorce están realizadas sobre cobre y quince corresponden a pinturas murales. La mayoría pueden contemplarse directamente en las capillas, en las sacristías, en el sector renacentista, en el Pabellón de acceso y en las estancias de la Biblioteca.

La pintura más antigua corresponde a los restos de un zócalo de lacería y pavimento de una vivienda del siglo XII que fue demolida para construir la mezquita aljama de Isbiliya en 1172 y apareció en el transcurso de una excavación realizada en el año 2000.

– Gótico

La conquista de Sevilla y la adaptación de la mezquita a las necesidades espirituales de los nuevos pobladores cristianos llenaron los pilares y las capillas de la primitiva catedral con numerosas pinturas al fresco de las cuales apenas quedan testimonios. De este periodo permanece en el trascoro la Virgen de los Remedios y la Virgen de la Antigua, pintura mural de la mezquita-catedral, fue salvada de los derribos góticos y, luego, trasladada a su actual emplazamiento en 1578.

La mayoría de los retablos realizados a finales del siglo XV y comienzos del XVI constituyen un importante patrimonio de pinturas sobre tabla. Destaca el retablo de San Bartolomé sufragado por el canónigo Diego Hernández de Marmolejo entre 1489 y 1504, la monumental tabla de San Pedro encargada a  Pedro Fernández de Guadalupe para un altar que existió en la sala capitular del Corral de los Olmos y hoy contemplamos en la Sacristía de los Cálices, cerca de las tablas que pintó Alejo Fernández para la viga del retablo mayor.

Al periodo hispanoflamenco pertenecen la viga de imaginería situada en el acceso a la capilla de San Antonio y las obras de otros pintores como Juan Sánchez  de Castro, Juan Sánchez de San Román y Juan Núñez, quien en 1480 firmó junto a otros artistas un conocido documento en defensa del gremio de pintores de la ciudad de Sevilla. Existen otras tablas anónimas del mismo período y son de interés un pequeño conjunto de obras flamencas atribuidas a Marcelo Coffermas y una piedad del círculo de Quintín Metsys.

Virgen de la Antigua

Virgen de la Antigua

Virgen de los Remedios

Virgen de los Remedios

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Piedad

– Renacimiento

El apogeo económico y artístico de Sevilla durante el siglo XVI queda manifiesto en los encargos realizados a pintores hispanos y a otros extranjeros, flamencos e italianos, establecidos en esta ciudad. El altar de la Piedad en el crucero sur y el de la Magdalena junto a la puerta de los Palos, realizados hacia 1527 y 1536, son obras muy próximas al taller de Alejo Fernández.

Del segundo tercio del siglo XVI son los altares del Nacimiento y de la Inmaculada Concepción del pintor Luis de Vargas, que  tienen una interesante aunque sencilla arquitectura de 1555 y 1561. Lo mismo ocurre con el retablo de la Visitación que encargó el capellán Diego de Bolaños a Pedro de Villegas (1566), el de Santa Bárbara junto a la puerta de la Campanilla y el gran retablo de la capilla de los Evangelistas firmado por Hernando de Sturmio en 1555. A Cristóbal de Morales se atribuyen las tablas del retablo de la capilla de las Doncellas (h. 1530), instaladas desde mediados del siglo XVIII en un retablo de madera dorada.

El escultor Pedro de Becerril y el pintor Pedro de Campaña comenzaron en 1555 el retablo de la Purificación de la Virgen para la capilla funeraria del mariscal Diego Caballero, una de las obras más interesantes de este período. A mediados de este siglo también encargaron a Antón Pérez las tablas para los retablos de los altares de las Sacristía Mayor, el manierista italiano Mateo Pérez de Alesio realizó el mural de San Cristóbal en 1584 y, entre otros, Pablo de Céspedes contrató las pinturas murales de la Sala Capitular en 1592.

La Trinidad

La Trinidad

Alegoría de la Generación de Cristo

Alegoría de la Generación de Cristo

El Descendimiento

El Descendimiento

– Barroco

La escuela pictórica sevillana tuvo uno de sus momentos cumbres durante el período barroco y sus artistas, que trabajaron habitualmente para la Catedral, realizaron los lienzos de las escenografías que realzaron celebraciones religiosas y las fiestas de la canonización de San Fernando en 1671. Así mismo Francisco Pacheco, Juan Sánchez Cotán, Bartolomé Esteban Murillo, Francisco de Zurbarán, Juan de Roelas, Juan de Valdés y Francisco de Herrera, entre otros, atendieron las demandas del cabildo y de la espiritualidad barroca,  participaron en las remodelaciones acometidas en distintos ámbitos del templo y realizaron las pinturas para los nuevos retablos de las advocaciones titulares de numerosas capillas.

A las primeras décadas del siglo XVII corresponden el lienzo la Inmaculada con Miguel del Cid de Francisco Pacheco, las santas Justa y Rufina de Miguel de Esquivel o el San Jerónimo de Pablo Legot, entre otros.  De mediados de la misma centuria son obras magistrales de la colección la Virgen del Valle de Alonso Vázquez, varios lienzos de Juan de Roelas, el dinámico San Pedro liberado por el Ángel de Juan de Valdés Leal, los lienzos de San Leandro y San Isidoro de Bartolomé Esteban Murillo, que donó el arcediano Juan Federigui y otros de Cornelio Scout, de Francisco Polanco, de Pedro de Orrente, de Francisco Antolinez o de Juan Luis Zambrano.

En la misma centuria Francisco de Zurbarán pintó los lienzos para el retablo de la capilla de San Pedro, que diseñó el arquitecto Miguel de Zumárraga y ensambló Diego López Bueno. A mediados del siglo XVII, el taller de Francisco Dionisio de Ribas construyó el retablo barroco con columnas salomónicas que enmarca la pintura de la Quinta Angustia de Juan de Roelas y Bernardo Simón de Pineda realizó en la década de 1660 los marcos de los retablos pictóricos del Éxtasis San Francisco y de san Antonio para las capillas titulares de estos santos, cuyos lienzos son obras magistrales de Herrera el Mozo y Juan de Valdés Leal y Bartolomé Esteban Murillo. Este último realizó los tondos de santos y la Inmaculada para la remodelación barroca de la Sala Capitular en 1668.
Las obras destacadas del siglo XVIII son los lienzos de Lucas Valdés, de Sebastián de Llanos Valdés, el apostolado de Esteban Márquez, las series de San Laureano pintada por Matías de Arteaga (h. 1700) y  de la historia de la Virgen de la Antigua que realizó Domingo Martínez (1734-1738).

La colección tiene varias obras de Alonso Cano y Juan de Sevilla de la escuela granadina, una Trinidad de Luis Tristán, un interesante San Blas de Vicente Carducho y otras cercanas a la producción de Antonio del Castillo.

Existen igualmente un grupo destacado de lienzos barrocos de la escuelas flamenca con obras de Simón de Vos, Gerard Seghers, Abraham van Diepenbeek, Cornelis de Beer, Franz Franken II, Jacob Jordaens y otras inspiradas en Rubens. Las escuelas italianas de Roma, Génova y Nápoles están representadas en los lienzos de  Fabricio de Santafede, Valerio Castello, Juan Battista Caracciolo, Artemisa Gentilleschi, Matías Preti, Lucas Jordán o de Francesco de Mura, entre otros.

Este patrimonio propio fue incrementado por distintos legados testamentarios, adquisiciones y también cierto número de obras recalaron en la Catedral como consecuencia del proceso de la desamortización del siglo XIX.  conventos e iglesias sevillanos, recalaron en la Catedral; la Virgen de la Merced de Juan de Roelas, del convento de Capuchinos proceden un Cristo atado a la columnas y el Ángel de la Guarda de Bartolomé Esteban Murillo y Descendimiento de Pedro de Campaña. Igualmente en este comento se adquirieron al convento de cuatro lienzos de gran formato de escuela italiana: Traslado del arca de la Alianza, el Cántico de la profetisa María y la Degollación de los Inocentes atribuidas a Jacopo Fardella, seguidor  de Lucas Jordán, y los soldados de Gedeón de escuela Napolitana.

Inmaculada Concepción

Inmaculada Concepción

Virgen de Belén

Virgen de Belén

Bautismo de Cristo

Bautismo de Cristo

– Neoclasicismo y siglo XIX

Durante el periodo neoclásico el Cabildo inició una importante campaña de restauración, impulsada por el académico Agustín Ceán Bermúdez y encargó a Francisco de Goya una de sus mejores obras religiosas: santa Justa y santa Rufina (1817). Otros encargos depararon en pintores como el académico José María Arango, Eduardo Cano de la Peña o  José María Romero entre otros. Obras del mismo espíritu academicista son las copias encargadas a Joaquín Cortés.

La colección de retratos comprende aproximadamente doscientos lienzos, agrupados fundamentalmente en las series de arzobispos, de hombres ilustres y próceres sevillanos, de eclesiásticos y colegiales.
Los retratos del Venerable Fernando Contreras (Luis de Vargas) y de la Madre Dorotea (Murillo) son los mas antiguos. No obstante, la mayoría de los retratos fueron realizados en el siglo XIX para la Biblioteca Capitular y Colombina por Cabral Bejarano, Jiménez Aranda, Cano de la Peña, los hermanos Domínguez Bécquer y Esquivel entre otros reconocidos pintores sevillanos.

La Anunciación

La Anunciación

Santa Justa y Santa Rufina

Santa Justa y Santa Rufina

La Piedad

La Piedad

VIDRIERAS

– Historia e Iconografía.

Las vidrieras de la Catedral de Sevilla constituyen uno de los conjuntos más extensos, homogéneos y mejor preservados de las catedrales españolas. Las ciento treinta y ocho vidrieras conservadas suponen, además, un magnífico capítulo para conocer la historia de esta técnica en la península Ibérica, desde el siglo XV hasta el XX.
La forma de las ventanas y la iconografía de sus superficies vítreas obedecen a los distintos encargos realizados y a las etapas constructivas del edificio. Los vanos de la mitad occidental del templo y de la nave central corresponden a la época más antigua de la construcción, tienen una amplitud mayor que los situados desde el crucero hasta la cabecera.

VIDRIERAS GÓTICAS

Las vidrieras más antiguas son las diecisiete que cierran los vanos situados sobre las capillas laterales y nave mayor de poniente, hechas por el alsaciano Enrique Alemán, que también trabajó en la catedral de Toledo y está documentado en Sevilla desde 1478 hasta 1483.

Su técnica es buen testimonio de su formación y de la técnica desarrollada por el alemán Peter Himmel von Andlau. Las figuras perfectamente individualizadas y con gran precisión gráfica, ubicadas espacialmente bajo doseletes góticos quedan ordenadas atendiendo a su iconografía: profetas, apóstoles y santos vinculados con la diócesis y con las devociones más extendidas en la baja edad media.

VIDRIERA RENACENTISTA

Concluida la construcción gótica la Catedral encargó las vidrieras del altar mayor, crucero y naves orientales, tanto las situadas sobre las capillas como sobre los accesos y la mayoría de las que cierran los vanos de las capillas perimetrales.

Los maestros vidrieros renacentistas trabajaron continuadamente en su elaboración hasta la tercera década del siglo XVI, cuando prácticamente concluyeron el programa general después de cien años.

El francés Jean Jacques realizó las dos vidrieras del altar mayor (1511-1518), que son las primeras renacentistas en este templo. Con la llegada de Arnao de Vergara se manifestó con rotundidad las propuestas humanistas en la técnica de la vidriera: cierre nuevo del crucero, Virgen de la Misericordia de la capilla dotada por Micer García de Gibraleón, San Sebastián de la vidriera situada sobre la portada de los Palos que presenta los rasgos de Carlos I, y la de la Asunción de la Virgen que cierra el gran óculo del crucero sur (1525-1537)

Pocos años después, su hermano, Arnao de Flandes está documentado en la catedral desde 1534 hasta 1557 donde realizó la vidriera de la Ascensión del Señor para el lado opuesto del hastial del crucero, trece vidrieras con santos en el crucero y todas las que presentan escenas de la vida de Cristo en las naves orientales. También son suyas las vidrieras situadas en las capillas de San Pedro, San Pablo, San Francisco y de los Evangelistas.

La vidriera que cierra el brazo norte del crucero, representa la Resurrección del Señor y es obra documentada de Carlos de Brujas (1558). Durante la segunda mitad del siglo XVI, a Vicente Menardo le encargaron las tres vidrieras de la fachada de poniente y otras dispersas. En 1578, cuando falleció este vidriero manierista, prácticamente estaba concluido y realizado todo el programa de vidrieras de la Catedral.

VIDRIERA BARROCO Y NEOCLASICISMO

En los siglos XVII, XVIII y XIX otros artistas hicieron vidrieras de interés que manifiestan la evolución de las mismas durante el periodo barroco y neoclásico.
Del periodo barroco destaca la vidriera de Santa Justa y Santa Rufina, en la capilla de San Antonio, realizada por Juan Bautista León en 1685 y reformada en 1813, y los anagramas que cierran las ventanas laterales de las capillas de San Pedro y San Pablo en la década de 1780.
La vidriera de la capilla de San Hermenegildo (1819) es prácticamente el único testimonio de la vidriera neoclásica.

VIDRIERA SIGLO XX

A finales del siglo XIX el estado de conservación de las vidrieras hizo necesario iniciar una campaña de restauración y concluir otras pendientes en la zona de la cabecera y lucernarios. A la casa Zettler de Munich realizó la vidriera de San Fernando en la capilla de la Antigua, que diseñó el historiador José Gestoso, tres de las derruidas en el desplome del crucero en 1888 y la de la Pentecostés en la capilla de Scalas (1880).
Años después, Otto Kruppel de la Casa Maumejean diseñó la vidriera de la capilla de San José, aprovechando elementos ornamentales de una vidriera del  siglo XVI. Esta misma casa fabricó tres vidrieras más, acometió la primera campaña sistemática de restauración del siglo XX y contó entre sus operarios o colaboradores con Vicente Prianes, cuyas marcas aparecen en numerosos elementos arquitectónicos de las ventanas fechados en 1930-1932

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RETABLOS Y ESCULTURAS

– La Escultura en la Catedral de Sevilla.

El patrimonio escultórico de la Catedral de Sevilla tiene obras desde la baja antigüedad hasta finales del siglo XX y comprende no sólo las imágenes devocionales, la escultura monumental, los sepulcros, las lápidas e inscripciones sino también buena parte de los retablos y algunos muebles, señalados en otros apartados.

Las piezas más remotas son varias lápidas romanas, visigodas e islámicas y la fuente el Patio de los Naranjos. Las imágenes más antiguas fueron donadas por Fernando III y Alfonso X a la capilla de los Reyes y al altar mayor de la Catedral; la Virgen de los Reyes, patrona de la ciudad, es obra vinculada directamente al santo rey y la Virgen de la Sede preside el altar mayor desde el último cuarto del siglo XIII. La Virgen de las Batallas acompañó al rey Fernando III en su sepultura y del monumento funerario han permanecido dos lápidas con inscripciones en castellano, latín, árabe y hebreo encargadas por su hijo.

– Gótico

De la primitiva catedral mudéjar conservamos otras imágenes como son la Virgen de los Olmos, el Crucificado del Millón de finales del siglo XIII que corona el retablo mayor, a algunas lápidas funerarias y sepulcros como el de Mate de Luna (+1299). Según la documentación, los primeros sepulcros con efigies esculpidas fueron los de la familia Pérez de Guzmán y el del arzobispo Don Gonzalo de Mena (+1401) es un túmulo con la efigie del difunto tendido y relieves de la vida de Cristo y de la Virgen en alabastro.

Avanzadas las obras del templo gótico, cuando falleció el cardenal Juan de Cervantes (+1453) y el cabildo encargó su sepulcro de alabastro al escultor normando Lorenzo Mercadante de Bretaña, cuya estancia coincidió con el apogeo de las formas flamencas en Sevilla y el inicio de la escultura monumental en las portadas occidentales, del Nacimiento y del Baptisterio, cuyas figuras y relieves modeló en barro.

La escultura monumental en barro cocido constituye una manifestación plástica bajomedieval, que en Sevilla alcanzó cotas de gran calidad desde mediados del siglo XV y continuó en los periodos posteriores, debido fundamentalmente a la carencia de canteras de piedra próximas y adecuadas para la talla esculpida. Pedro Millán modeló, a comienzos del siglo XVI, las imágenes para el altar de la Virgen del Pilar y concluyó la escultura de las portadas occidentales, uno de los conjuntos más interesantes de la escultura monumental europea.

Virgen de los Reyes

Virgen de los Reyes

Virgen de la Sede

Virgen de la Sede

Altar Mayor

Altar Mayor

– Renacimiento

A comienzos del siglo XVI, otros escultores como Sebastián de Almonacid realizaron imágenes para los andenes de los triforios, para otros altares dotados por diversos miembros del cabildo y Doménico Fancelli estuvo en  Sevilla para instalar el sepulcro del cardenal Hurtado de Mendoza en la capilla de la Antigua, que le había encargado el Duque de Tendilla para acoger los restos de su tío. El montaje del sepulcro en 1510, marcó una profunda huella en los trabajos renacentistas de las capillas de los alabastros. Obras del primer renacimiento son la decoración de la sacristía mayor, pila bautismal y dos relieves importados del taller florentino de Andrea de la Robbia y la decoración esculpida de la sacristía mayor.

En las primeras décadas del siglo XVI el Miguel Perrin fue el encargado de realizar las nuevas imágenes de barro cocido para el cierre del crucero desplomado en 1510, el programa escultórico renacentista que renovó la puerta del Perdón en 1519-1521 y dotó de una iconografía renacentistas las dos puertas orientales, de la Epifanía y  de Entrada en Jerusalén. Así mismo, en 1522 la terminación del altar mayor propició la realización de un ambicioso programa iconográfico de cincuenta y seis figuras de barro cocido para sus paredes exteriores y testero de la capilla mayor, que inició el mismo escultor y concluyeron Juan Marín y Diego de la Pesquera en tercer cuarto del siglo XVI.

El periodo manierista dejó espléndidas muestras en tiempos del maestro mayor Hernán Ruiz y de sus sucesores, con los que colaboraron los escultores Juan Bautista Vázquez el Viejo, Diego de la Pesquera y Juan Guillen. Éstos junto a otros tallaron los relieves de la sala capitular y del antecabildo, concluyeron la ampliación del retablo mayor, de las paredes exteriores del altar mayor, hicieron piezas para el mobiliario litúrgico y la veleta monumental que fundió Bartolomé Morel en 1568 para remate del campanario de la Giralda.

Sepulcro del Cardenal Hurtado de Mendoza

Sepulcro del Cardenal Hurtado de Mendoza

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Virgen de la Granada

Retablo de la Capilla de Scala

Retablo de la Capilla de Scala

– Barroco

Los más afamados escultores de la escuela sevillana del barroco acometieron los retablos de numerosas capillas cuyas imágenes titulares gozan de gran devoción, tallaron sepulcros y muebles, reformaron el monumento de Semana Santa y esculpieron imágenes entre las que destacan las de San Fernando, canonizado en 1671. Obras de Juan Martínez Montañés, Pedro Roldán, Juan de Arce, Francisco y Dionisio de Ribas, Juan de Mesa, Alonso Martínez y Francisco Ruiz Gijón ocupan los altares y capillas de este templo, donde además podemos encontrar interesantes tallas en marfil de diversa procedencia y caracteres.

Cristo de la Clemencia

Cristo de la Clemencia

Retablo Ntra. Sra. de la Antigua

Retablo Ntra. Sra. de la Antigua

Retablo de la Concepción

Retablo de la Concepción

– Neoclasicismo y siglo XIX

El nuevo solado de la Catedral en el siglo XVIII trasladó al trascoro las sepulturas más importantes, cuyas losas fueron renovadas y ocasionó la pérdida de numerosas lápidas renacentistas y barrocas. A finales del siglo XIX los escultores Ricardo Bellver, Agapito Valmitjana, José Esteve, Pedro Arnal, Alfonso Bergaz y Adolfo López Rodríguez realizaron los sepulcros de los cardenales de la Lastra, Cienfuegos y Lluch Garriga y acometieron la escultura monumental de las portadas de la Asunción, Ascensión y de San Cristóbal de acentuado carácter neogótico. En 1899 llegaron a Sevilla los restos del almirante don Cristóbal Colón, colocados tres años después en un mausoleo diseñado por Arturo Mélida y Alinari en 1891.

La escultura durante el siglo XX ha tenido un marcado carácter funerario desde que en 1812 Joaquín Bilbao concluyó el sepulcro del cardenal beato Marcelo Spinola. Luego Mariano Benlliure hizo los relieves de la cripta de Yanduri y con motivo de la conmemoración del setecientos aniversario de la conquista de Sevilla los escultores Antonio Cano, Carmen Jiménez y Juan Luis Vasallo tallaron los catafalcos de Alfonso X y Beatriz de Suabia de la Capilla Real. En la última década del siglo pasado José Antonio Márquez realizó el relieve en bronce para el sepulcro del cardenal Bueno Monreal y en el año 2000 quedó instalada la nueva lápida de don Hernando Colón que reproduce en bronce el diseño dibujado en su testamento.

Sepulcro de Cristobal Colón

Sepulcro de Cristobal Colón

Sepulcro del Cardenal Spinola y Maestre

Sepulcro del Cardenal Spinola y Maestre

 

ORFEBRERÍA

– La Orfebrería en la Catedral de Sevilla

La Catedral conserva aproximadamente novecientas piezas de orfebrería que, recientemente inventariadas, son fiel testimonio de la riqueza de su ajuar litúrgico, de las alhajas encargadas por el cabildo, de las sufragadas por las donaciones de los devotos y de numerosos legados.

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– Gótico

El tríptico relicario, llamado “Tablas alfonsies” es posiblemente una de las obras más antiguas de la colección, que ingresó en la Catedral por el legado testamentario de Alfonso X y está atribuida al orfebre Jorge de Toledo, a quien el mismo monarca encargó un baldaquino para la Virgen de los Reyes. De época del santo rey Fernando III son dos espadas, veneradas como reliquias.

Entre las obras de época gótica destacan las obras donadas por el cardenal Gómez Barroso (+1390), así como el portapaz de Felipe V de Francia y Juana de Borgoña hecho en París hacia 1317 que legó el cardenal Don Jaime de Palafox y Cardona (1701).

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– Renacimiento

El tránsito del período gótico al renacimiento está magníficamente representado por otro portapaz que perteneció al cardenal Pedro González de Mendoza o por el servicio de altar del cardenal  Diego Hurtado de Mendoza. El relicario del “lignum crucis”, llamado de Constantino, es una delicada pieza renacentista legada por el arzobispo Fonseca.

El mantenimiento del ajuar de plata de la Catedral constituía la obligación del maestro platero, elegido y nombrado por el cabildo desde, al menos, finales del siglo XV. El cabildo, aparte de las obras de estos artistas, hacía encargos para el ajuar litúrgico a los mejores talleres establecidos en la ciudad. Durante el Renacimiento se renovaron las cajas de los relicarios medievales y, a mediados del siglo XVI, encargaron a Hernando de Ballesteros, el Mozo, otras urnas de plata nuevas, dos portapaces para el altar mayor, cuatro candeleros de plata cincelada, llamados los “gigantes”. Obras del mismo periodo son las jarras para los óleos, que se utilizaban hasta hace pocos años, junto con el “aguamanil de la sierpe” y dos cántaros realizados en Amberes, comprados en 1564.

En 1580 el cabildo aceptó la maqueta, que se conserva, de Juan de Arfe para realizar la nueva custodia procesional que, concluida en 1587, fue considerada la mejor de su género. Por las mismas fechas el cabildo encargó otras piezas importantes al platero Diego de Vozmediano, a Francisco Merino (1586) y a Juan de Alfaro el imponente tabernáculo de plata dorada (1593-1596), entre otras piezas.

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– Barroco

La Catedral conserva una buena colección de bandejas de plata de distinta época y procedencia, unas vinajeras y cáliz de oro legadas por el arzobispo Delgado Venegas e incluso un copón de oro con esmeraldas, brillantes y rubíes empleados todavía en las celebraciones del Jueves Santo. A mediados del siglo XVIII el arzobispo Vizarrón y Eguiarreta, que había sido virrey de Méjico y antes canónigo de Sevilla, legó un servicio de altar y doce imponentes candeleros de plata mejicana. El arzobispo Palafox donó en 1681 el extraordinario busto relicario de Santa Rosalía, obra panormitana de Antonio L. Castelli, e impulsó la realización del gran altar de plata que instalaban en el altar mayor durante la Semana Santa y en el trascoro con motivo de las festividades del Corpus, de la Inmaculada y del triduo de carnaval, obra del platero Juan Laureano de Pina en 1688, que está instalado de forma permanente en la nave del crucero norte.

En 1671, con motivo de la canonización de san Fernando las autoridades civiles y eclesiásticas vieron la necesidad de proyectar una urna para sus restos, que hoy preside la Capilla Real, siendo realizada por Juan Laureano de Pina.

Tabernáculo del Altar Mayor

Tabernáculo del Altar Mayor

Urna Eucarística

Urna Eucarística

Busto Relicario de Santa Rosalía

Busto Relicario de Santa Rosalía

– Neoclasicismo y Siglo XIX

Los diversos sucesos acaecidos en los reinados de Carlos IV y Fernando VII llevaron a una incautación de las alhajas de los templos para atender a las necesidades derivadas de la ocupación francesa. Como respuesta a éstas órdenes superiores, el Cabildo tuvo que entregar en pago numerosas obras entre las que se encontraba la custodia de oro labrada en 1752-1791. Luego, la inmediata invasión, hizo necesario trasladar toda la plata a la Aduana de Cádiz, donde permaneció tres años. En 1815, cuando volvió el Tesoro y ajuar, los continuos pagos exigidos habían fundido casi la mitad del altar de plata junto a una parte significativa de la candelaria, piezas de ajuar y relicarios del templo.

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La Catedral en la Semana Santa

A la Catedral harán estación de penitencia todas las Cofradías o Hermandades que salen a sus calles en las siete tardes de estos días  de la Semana Mayor y en la madrugada del Jueves Santo. Todas entran en la Catedral por la misma puerta, la de San Miguel, y todas van a salir, después de recorrer las naves de la Catedral, por la puerta de los Palos. Todavía, en la mañana del Domingo de Gloria, hará su entrada en la Catedral la última de las procesiones con Jesús resucitado con la que la Semana Santa de Sevilla,  que tanta palabra y tanta tinta ha derramado en los medios de comunicación provinciales y nacionales, ha llegado a su fin.

La Catedral ha logrado que su recinto sagrado sea lugar de oración y  de atenta contemplación de las sagradas imágenes. Lejos quedan, por suerte, aquellos momentos en que la propia Catedral se convertía en una calle más, con una afluencia de pueblo masiva y desorganizada, que enturbiaban la paz de ese recinto.  Al entrar el paso  de la Virgen por la Puerta de San Miguel,  la Junta de Gobierno de la Hermandad ofrece  a los Capitulares, que presiden este palco, la vara del Hermano mayor, y así es conducida la procesión hasta su salida del templo. Por megafonía, unas veces se reza, otras se oyen piezas de música cuaresmales, o se leen trozos de los libros sagrados.

Pero la Catedral no es sólo lugar de concurrencia de las imágenes sagradas en procesión de penitencia, ella tiene y ofrece su liturgia propia de estos días especialmente sagrados.

Comienza la celebración con el Domingo de Ramos o de Palmas. A las 10 de la mañana el Arzobispo ha bendecido los ramos de olivo y las palmas en el altar mayor de la Catedral; la procesión va a comenzar.  El diácono anuncia al pueblo el comienzo de la misma. Todos los fieles se unirán a la procesión que, encabezada por la Cruz patriarcal y seguida por la Hermandad Sacramental del Sagrario, va saliendo por la puerta de San Miguel a la Avenida de la Constitución.  El Cabildo le sigue,  revestidos todos sus miembros  con  capas rojas, color litúrgico de este día.  El Arzobispo, acompañado de los canónigos – dignidades cierra el cortejo.  Los cánticos del coro, durante el recorrido por las calles adyacentes a la Catedral, van a concluir en la puerta de Palos recordándonos la entrada del Señor en Jerusalén.  La semana mayor ha comenzado.

El Martes Santo los sacerdotes de la Diócesis se reúnen en el Altar Mayor de la Catedral, para celebrar la bendición de los óleos sagrados: el de los enfermos, el de los catecúmenos y el crisma, que  serán usados después en las parroquias para la administración de  determinados sacramentos. Al concluir la ceremonia las ánforas de plata conteniendo los óleos consagrados se depositan en su Capilla especial – la de Scalas -, para distribuirlos a los sacerdotes y para que queden expuestos a la contemplación de los fieles durante todo el año en tan bellos recipientes.

El Jueves Santo es un día especial en Sevilla y también en su Catedral. Los oficios, en la actual liturgia, se celebran  siempre por la tarde. A las 5 en punto comienza la Misa in Coena Domini. El órgano suena, por última vez en estos días, en el canto del Gloria. Al terminar la Misa, el Santísimo Sacramento es llevado, bajo el palio que portan los Concejales de Municipio, al Monumento donde quedará hasta la celebración litúrgica de mañana Viernes.  El Altar del  Monumento es el que se construyera en los siglos XVII y XVIII,  todo de plata y que está situado hoy en la puerta de la Concepción de la Catedral. Un verdadero monumento en el más pleno sentido de la palabra. Al terminar de cerrar el Sagrario, el Maestro de Ceremonias entrega, según manda la tradición,  una llave del mismo al Arzobispo  y otra al Subdelegado del Gobierno en la Provincia.

El Viernes Santo la liturgia es sumamente discreta y  austera. El Cabildo es convocado a esta celebración sin el toque de campanas, que ya no suenan hasta la noche del Sábado Santo. En su lugar se usa un instrumento, llamado matraca, (como unas grandes  castañuelas) construido con maderas que, desde la Giralda, emite un sonido bronco para anunciar la hora de los oficios.

El Sábado Santo, a la noche, se  celebra la Vigilia Pascual. Comenzando la ceremonia en la Puerta de San Cristóbal, donde se bendice el primer fuego, se entra en la Catedral en procesión mientras el clero y los fieles mantienen encendidas sus velas, para continuar con el canto del Pregón pascual y la bendición de la pila bautismal. Al canto del Gloria suena el órgano, las campanillas todas del coro y altar  y un gran repique de campanas en la Giralda.  Alegría por la Resurrección del Señor.

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Fuente: Catedral de Sevilla

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