PASSIO

PASSIO

PASSIO

passio01La Fundación de  las  Edades del Hombre celebró el año 2011 la 16ª edición de esta muestra de arte sacro  bajo el título de “Passio”, con sede en las localidades de  Medina del Campo y Medina de Rioseco.

El mismo tema se presentó de diferente modo en dos exposiciones totalmente independientes. En la que acogió la Iglesia de Santiago Apostol de Medina de Rioseco se mostró la Pasión de Cristo en el arte desde una perspectiva cronológica siguiendo los relatos evangélicos, desde la Última Cena a la Resurrección; y la que albergó la Iglesia de Santiago el Real en Medina del Campo ofreció un planteamiento temático, desarrollada desde expresiones como “Agnus Dei”, “Varón de dolores”, Crux fidelis”…

Continuando con la saga de discos editados por tabernacofrade con motivo de estas antológicas exposiciones, para esta ocasión se eligió el “Stabat Mater” de Germán Álvarez Beigbeder. Obra completa, no recogida discográficamente por aquel año y que posteriormente se editó en CD comercial.
Se utilizó material grabado en concierto con una magnífica calidad de sonido.

LAS SEDES

passio02Su construcción la inició en 1533, en plena época plateresca, en un gótico muy postrero el insigne arquitecto Rodrigo Gil de Hontañón, en una etapa de juventud a la que seguiría una de madurez en la que ya diseñaría todas sus construcciones en estilo renacentista. A la muerte del maestro en 1577 el templo estaba inconcluso, faltando de erigir el cierre por los pies. Fue entonces cuando se involucró en las obras Alonso de Tolosa, arquitecto seguidor del estilo renacentista herreriano, que trabajaba por entonces en la Catedral de Valladolid, y que diseñó las trazas para la fachada principal de poniente. De su ejecución se encargó Juan de Hermosa, hombre de su confianza, y de larga y dilatada obra en Medina de Rioseco.

El hastial, de rectilínea severidad y monumental porte, se articula en tres pisos y tres calles, destacándose hacia fuera la central. Las calles laterales son, en realidad, los cuerpos bajos de las torres campanarios, de las que sólo se llegó a terminar la orientada al sur, que sigue el modelo de las proyectadas por Juan de Herrera para la seo vallisoletana: grandes prismas con pilastras pareadas en los extremos. La calle central se compone de dos entablamientos superpuestos, sostenidos por columnas corintias pareadas. Sorprende la armonía de proporciones del cuerpo bajo en contraste con la desproporción del alto, que se prolongó en altura más de lo debido para dar solución al cierre de las naves ya construidas.1 La puerta de esta fachada es un sencillo vano adintelado, sin arco triunfal, sobre el que se abre un óculo redondo para iluminar el sotacoro. En el segundo cuerpo se abre el ventanal que ilumina el coro alto y sobre él, en una hornacina, se asoma el santo titular del templo.

passio03Otras dos portadas complementan esta fachada de fuerte impronta herreriana: una tardogótica, al norte, y otra renacentista, al sur. La parte oriental, en la cabecera, se cierra con un triple ábside curvo, de muy macizo e imponente aspecto, recorrido por contrafuertes prismáticos y líneas de base, imposta y cornisa. La portada norte es un ejemplo del gótico isabelino más postrero. El arco de ingreso, carpanel, presenta tres arquivoltas con trasdós conopial; de este conopio parten dos arcos de medio punto tangentes que conforman un segundo cuerpo y que a su vez cubre otro arco conopial, del cual emerge el típico florón de remate. La portada está delimitada en los extremos por dos agujas góticas de grosor decreciente que le confieren ritmo ascensional. Una cenefa decorativa en la parte superior cierra el conjunto a modo de arco alfiz. La decoración, no exuberante, es a base de chambranas, cardinas y crestería gótica. La portada sur es un magnífico ejemplo del arte renacencista de mediados del siglo XVI, luego se remonta a un período constructivo posterior al de la portada norte pero anterior al de la fachada principal. Se trata de una portada-tapiz construida por Rodrigo Gil de Hontañón en 1547 en la transición estilística del plateresco al purismo.

passio04El autor debió seguir el modelo de su trabajo más célebre, la fachada del Colegio Mayor de San Ildefonso de la actual Universidad de Alcalá de Henares. Alojada entre dos contrafuertes, está muy vertical portada se compone de tres cuerpos y un remate en frontón con el busto del Padre Eterno, que verticalmente están recorridos por tres calles, siendo la central cuatro veces más ancha que las laterales. Los cuerpos son entablamientos con friso, sostenidos por pares de columnas de órdenes compuestos. En el cuerpo inferior se abre la puerta de entrada, un arco carpanel. En el segundo cuerpo, la imagen del santo titular, Santiago Peregrino, se yerge en una hornacina avenerada. En las calles laterales de este cuerpo y del inferior, en estrechas hornacinas en los intercolumnios, aparecen los cuatro evangelistas, que junto con el relieve de la Virgen del Pilar que preside del tercer cuerpo son obra del escultor riosecano Juan Canseco, del siglo XVIII. La parte ornamental de esta fachada tan escultórica fue labrada por el entallador palentino Miguel de Espinosa. La decoración en columnas, enjutas, frisos, aletones y acróteras reúne el repertorio habitual del plateresco: grutescos, guerreros recostados, putti, seres fantásticos, medallones, escudos, etc.

Iglesia de Santiago el Real de Medina del Campo

passio05Con el título de Santiago existió una iglesia ya nombrada en la relación de parroquias de 1177; situada al extremo de la actual calle de Santa Teresa y reformada en los comienzos del siglo XVI, funcionó como tal hasta 1770, año en que fue trasladada a este edificio, originalmente construido como iglesia del noviciado de jesuitas y acogido a la advocación de San Pedro y San Pablo.

Efectivamente, los jesuitas vieron en Medina un lugar de prosperidad en el cual debían instalarse y así lo hicieron al poco de ser constituida su orden. Rodrigo de Dueñas es quien en primer término apoya su llegada, cediéndoles el uso de unas casas que enseguida se quedan pequeñas para realizar la labor pastoral; por ello, el citado cambista compra y cede unos terrenos situados frente a la plaza de Santiago para que la Compañía construya un colegio. La traza (posteriormente modificada) corre a cargo del importante arquitecto de la orden Fr. Bartolomé de Bustamante, y la primera piedra es puesta solemnemente en julio de 1553 por San Francisco de Borja, por entonces comisario jesuita de España, abriéndose al culto diez años más tarde. Del antiguo conjunto, cuya planta conocemos bien gracias a un plano elaborado en la segunda mitad del siglo XVIII, sólo se conserva la iglesia, como hemos dicho hoy parroquial de Santiago, construida bajo el patrocinio de Pedro Cuadrado y Francisca Manjón.
La disposición de su planta, aunque con conocidos antecedentes, establece el modelo luego seguido en las iglesias jesuíticas, con una sola nave rectangular provista de capillas laterales unidas mediante pasillos abiertos en los muros transversales, amplio crucero y cabecera cuadrada; tras ésta se sitúa la sacristía y junto a ella, en comunicación directa con la iglesia por el crucero en el lado del evangelio, el relicario. A pesar de lo novedoso del plano, las formas de cubrir los espacios son aún las propias del último gótico a base de bóvedas de crucería estrellada, pero presentando decoración ya renaciente; todas las capillas laterales se cubren con bóvedas de cañón de arco de medio punto. El coro está situado a los pies sobre el cuerpo de entrada al templo.

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La construcción comienza por la cabecera (acabada en 1562), dos años más tarde se están construyendo los tramos de la nave y se terminan las capillas laterales en las primeras décadas del siglo siguiente. En 1665 el colegio-noviciado sufre un terrible incendio que llega, por la cabecera, hasta la sacristía y el relicario no pasando al cuerpo de la iglesia que permanece intacto. En la década siguiente se reconstruye la mayor parte de las zonas afectadas, entre ellas las dos estancias citadas.
Exteriormente, la iglesia se asienta sobre basamento de piedra y muros enteramente de ladrillo tan sólo abiertos por los ventanales que dan luz al interior; la portada, situada a los pies, es de muy sencilla composición con arco de medio punto flanqueado por columnas sobre pedestal es; en el frontón se halla el escudo de la Compañía y a los lados los de los patronos; tras la expulsión de los jesuitas, y ya convertida en parroquia con el apelativo de Real, se dispone en lo alto el escudo de Carlos III. También a raíz de dicho traslado, se construye en 1799 la torre para instalar las campanas, sustituyendo a una primitiva espadaña.

 STABAT MATER

Sus datos técnicos son:Año : 1937
Género : Oratorio
Título : Stabat Mater (secuencia en forma de cantata)
Instrumentación : Orquesta, tenor, barítono y Coro a tres voces
Estructura: Cinco partes (Introducción; Aria; Coral; Cántico y Final)
Observaciones : Posteriormente se hizo un arreglo en los coros para cantarlo a cuatro voces mixtas.
La obra la dedicó Beigbeder a la Virgen de su devoción, Nuestra Señora del Mayor Dolor, titular de la Cofradía del mismo nombre de jerez de la Frontera (Cádiz) y fue estrenada en el año 1939 en la Iglesia de San Dionisio, interpretada por la Orquesta de Cámara de Instrumentos de Arco, dirigida por José Martínez Carmén y con voces de la Schola Cantorum Carmelitana, actuando como solistas los señores Melgar, Orellana y Asencio, reponiéndose días después en la Catedral de Sevilla.El “Stabat Mater” es el poema más efusivo y tierno de la intensidad del dolor materno. Su musicación presenta los peligros de caer en blanduras y amaneramientos melódicos de hipocondríaco sentimentalismo o en impulsivos arrebatos dramáticos.
El compositor se ha preservado de ambos extremos merced a la valiosa protección de su abogado, escribiendo una obra profundamente religiosa y de honda emoción. Un insinuante diseño de cuatro notas es el tema del primer número.
El diseño apoyado en una armonía cromática descendente, – serena con la serenidad del “Crucifixus” de la Misa en Si menor, antagónica de la inquieta ascendente del “Tristán” – da origen, rítmica y armónicamente a desarrollos de imitaciones vocales e instrumentales, servidas siempre por un intenso y rico fondo armónico. Establecido otro tema nuevo, sobre él se tejen interesantes figuraciones orquestales. El “Aria” está concebida a la manera de las de Bach en las “Pasiones”.
Bajo solista – mejor Barítono- canta una cantinela de largo aliento. La orquesta camina por su cuenta y riesgo en acompañamiento de tupido trabazón polifónico.
Un rayo de luminosidad y lirismo baña los dulces acentos del “Coral” que en un discreto cromatismo, de visibles intenciones expresivistas, va desgranando los piadosos afectos de la sentidas estrofas.
En el “Cántico” el Tenor y el Bajo solistas dialogan en constantes imitaciones, sin métricas ni rigideces escolares, libres, con flexibilidad rítmica y soltura declamatoria. El “Final” delata a un músico, maestro en recortes técnicos. Constituye una magnífica peroración de la obra. Iniciada con introducción orquestal del primer número, los bajos entonan el tema de la fuga, tema ornamentado con contrapuntos de la orquesta que no cesará en su comentario a lo largo de las entradas de las otras voces. El músico saca un excelente partido del tema trayendo y llevándolo sin perderle de vista a distintos tonos.
Un intermedio cromático prepara la ascensión modulante a Re mayor donde se convierte en fugado el tema del “Coral”, terminando la obra con tranquilas armonías de las voces y recuerdo de fragmentos temáticos de la orquesta.
La obra ha de producir gran efecto. Requiere para ello un nutrido coro y avezado al estilo fugístico, que posea una ductilidad y sentido artístico no comunes. La orquesta – un poco a lo Brahms – es sobria, sin vaciedades ni rellenos inútiles, fundida en plenas y empastadas sonoridades.
De buen número de “Stabat Mater” que conocemos de músicos espñoles, éste aventaja a todos, por la profundidad de sus ideas y desarrollo de ellas.
EL DISCO
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