Reformas

reformasHace unos días asistí a una charla sobre la ultima reforma fiscal, aun no aprobada, con la que se pretende, dicen, disminuir nuestra presión impositiva que afirmaron es de las mas alta de la zona euro,  parecer ser que nuestros tipos están muy por encima de la media, y nuestra recaudación muy por debajo de la media también.

Lo que nos están contando sobre la bajada de tipos nominales, por así decirlo y por lo que pude entender es cierto, los tipos bajan, pero lo que no nos están contando de limitación y/o supresión de reducciones, deducciones y demás beneficios fiscales, también, por lo que pude entender, es cierto, así que al final de todo este enmarañado proceso de saldar las cuentas con la AEAT el tipo efectivo será como el de pasados ejercicios o incluso superior, maquillaje de año electoral supongo.

Cierto es que a las empresas son quienes mas trasquilones sufren en sus beneficios fiscales, también es cierto que el ciudadano de a pie siempre ha gozado de muchísimos menos, así que puestos a recortar, recortan por donde mas abundan, pero también es verdad que para cierto sector empresarial, léase la banca, los recortes vienen por así decirlo con un estilismo ad hoc, supongo que el legislador teme un desabastecimiento de ansiolíticos por el impacto que les produciría ser tratados fiscalmente como al común de los sufridos contribuyentes.

Yo, que me caracterizo por una simplicidad absoluta, me planteo que si tenemos los tipos mas altos y recaudamos menos que nuestros vecinos, entiendo que proporcionalmente, tal vez, si ya se que es un disparate, el problema no esté en los tipos, sino de una falta importante de control y supervisión de los contribuyentes, y quizás si mejorásemos este aspecto, la recaudación empezaría a nivelarse y podríamos plantearnos seriamente bajar los tipos efectivos.

Pero ademas, como en ocasiones me da un ramalazo “Podemos” que me asusta, y ya que necesitamos nuestros impuestos para vivir, infraestructuras, sanidad, educación y un montón de cosas mas, también me planteo que tal vez las meras multas e incluso las penas de prisión, no son acicate suficiente para que algunos cambien de actitud, porque no nos engañemos, esto es básicamente un problema de actitud, quizás el legislador debería plantearse otras penas para aquellos que sistemáticamente utilizan la creatividad contable y fiscal para defraudar, sanciones que supongan un perjuicio serio y real, que pongan en un serio aprieto su futuro y les reconduzcan a la senda del buen contribuyente, si, me asusto a mi misma pensado en algún tipo de intervención y fiscalización diaria de estos genios, seguro que las limitaciones y la publicidad de su situación, en un mundo de apariencias perfecto, podrían funcionar con ellos.

Finalmente, no atino a entender como es posible que si tenemos un cuerpo de Inspectores de Hacienda, que supongo  goza de los medios necesarios para hacer su trabajo dada la importancia de este asunto, tenemos un problema de fraude tan generalizado. Los contribuyentes de a pie estamos fichados, de una somera comparación de nuestra declaración y las bases de datos de la AEAT nos pillan en cualquier renuncia o fallo, para esa comparativa  solo necesitan maquinas cruzando datos, pero ¿que pasa con el resto de los contribuyentes? Pues, sencillo o los inspectores no sirven, mas que dudable esta afirmación, o no tiene medios, sería ya el colmo con lo que nos cuesta mantener a la Administración, o los planes de anuales inspección los elabora la clase de parvularios mas próxima, bastante improbable, espero, o no hay una voluntad real de actuar por mucho que achuchemos, sino de tirar por la senda de la omisión, si no hago no conozco, si no conozco no juzgo, y si no juzgo no sanciono.

¡En que fregado me he metido! Permítanme que me retire a vaguear y divagar con Eric Clapton, una “mano lenta” realmente justificada.

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