Sardinas y Vino

Sardinas y VinoEl hermano pequeño de mi abuela, según ella misma nos contaba, se salvo así mismo de niño de una misteriosa enfermedad. Al parecer Andrés, así se llamaba, con muy pocos años, poco mas que un niñito, contrajo una fiebre que ni los médicos eran capaces de controlar, el niño se debilitaba y ya no sabían que hacer, hasta que el propio Andrés con su media lengua pidió sardinas y vino, o sardiñas e viño. Su madre no estaba por la labor de darle tal caprillo, pero su padre razonó que estando tan malito… si el neno lo pedía ¿por que no darselo? Y tras las sardinas y el vino, el niño empezo a mejorar y se recuperó. No sé yo si este “tratamiento” influyo en su vida adulta, porque siempre tuvo fama de bohemio y hasta cierto punto de extravagante, si bien sus cualidades atleticas eran al parecer excepcionales, aunque esto tal vez se debiera, según la historia familiar, a que cada vez que enfermaba, daba un estiron.

Remedios extraños, haberlos, haylos, pero algunos sin lugar a dudas superan la realidad mas fantasiosa, este es uno de ellos, no creo que a nadie se le ocurra aplicarlo. Lo triste es que en cualquier lado podemos ver como nos ofrecen curas milagrosas para cualquier cosa inimaginable, y lo peor de todos que muchos de nosotros en muchas ocasiones los abrazamos con verdadero fanatismo, como si de un milagro realmente se tratase, y como esos anuncios estan por todos lados, no puedo menos que concluir con estupor, que esa publicidad es legal, sería increible que un medio de comunicacion tenga publicidad ilegal, los legisladores en este asunto, evidentemene estan en la inponia, o en su defecto la fiscalía, que no se que será peor.

¿Y que decir de aquellos que prometen un servicio impecable, un seguimiento continuado de las aventuras y desventuras de sus clientes pero que para contactar con ellos hay que llamar a un 902? Léase, servicio impecable, pero si tiene usted un problema o una queja, pague y luego veremos, como soy de mente perversa, he llegado a creer que estas incidencias estan programadas para optener esos dinerillos extras. Llamar a un provedor porque no te presta el servicio contratado y que le cobren a uno es una desfachatez de grado supino, pero… lo hacen y no pasa nada ¿tan dificil es pensar que las lineas de atencion al cliente deben ser gratuitas? Parece que si.

¿Donde me dejan ustedes los eslogan aglutinadores? Si, esos que te dicen que te quieren como cliente, con afirmaciones grandilocuentes, susurrandote, vente con nosotros que no solo somos la solución a tus problemas, sino que ademas queremos serlo. Claro que cuando escarbamos un poquito, vemos que realmente no nos quieren a nosotros, nos quieren a nosotros solo y si solo cumplimos unas determinadas condiciones, que de tenerlas nos querrían todos, toditos los proveedores de ese servicio, porque seriamos al parecer un caramelito en dulce, entoces ¿si tan apetecible soy porque no me premias por ser tu cliente?.

Pero me gustan aún más, los que en un momento determinado cambian los términos de la relación contractual, si, como lo oyen, de pronto, no se sabe muy bien porque, donde dije digo, digo Diego. Tu sigues cumpliendo tu parte, pero ellos consideran que has cambiado, da igual que tu sigas siendo fiel a tu contrato, y como lo piensan, te cobran o te invitan a abandonarlos (echarte da mala imagen si eres cumpidor), ya nos gustaría a muchos que nos pagaran porque simplemente pensaramos que tenemos derecho ello. Ademas de hablar con maquinas ¿que mas puedes hacer? Poca cosa, y mas aun, ¿porque tienes que hacerlo tu si son ellos los que incumplen el contrato? Misterios del mundo empresarial.

Sardinas y vino, o sardiñas e viño, pensandolo bien esté puede que sea un buen remedio, al final ha reclamar al maestro armero desaparecido en combate, ingresos extras por las lineas de superpago, hartar al cliente con excusas y explicaciones impropias de parbularios, echar dias pa´tras, y como dicen por aqui, piñita asada, piñita mamada… luego ya se verá, si realmente hay interes en ver, que visto lo visto no lo hay.

Divagar en ayunas, me pone insoportable, lo reconozco.

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