Cofradía de Jesús Caído (Lucena)

Cofradía de Jesús Caído

Cofradía de Jesús Caído

Cofradía de Jesús Caído

Cofradía de Nuestro Padre Jesús Caído y María Santísima de la Salud

Fundación:1.972
Pasos:Dos
Día de SalidaJueves Santo
Hábito:Túnica y capirote moradas y con Cruz de Santiago en antifaz. Cíngulo blanco. Capa blanca. Guantes blancos.
Cofradía de Jesús Caído | Salud y Esperanza
Sede CanónicaIglesia de Santiago Apóstol

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Cofradía de Jesús Caído
Fotografía: Facebook de la Hermandad

Ntro. Padre Jesús Caído

Anónimo (s.XVIII). Escuela Granadina

Cofradía de Jesús Caído
Fotografía: Javier Algar

Trono de Misterio

Cofradía de Jesús Caído
Fotografía: Facebook de la Hermandad

María Stma. de la Salud

José Daniel Henares Paredes (2010)

Cofradía de Jesús Caído
Fotografía: Lucena Hoy

Trono de Misterio

Cofradía de Jesús Caído
Fotografía: Jesús Ruiz (color)

Cofradía de Jesús Caído

Breve Reseña

En la Historia de la Cofradía de Jesús Caído podemos distinguir 3 etapas fundamentalmente: la pertenencia de nuestros Titulares a la hermandad de la Veracruz hasta su extinción, el periodo comprendido entre 1930 y 1972, y desde la fundación de la actual cofradía hasta la actualidad.

​Así, en la primera etapa los sagrados Titulares de esta hermandad formaban parte de la ya extinta archicofradía de la Vera-Cruz, fundada1 el seis de julio de 15552, y según unas actas de cabildo extraordinario celebrado el 25 de Marzo de 1652. Desde sus comienzos, poseyeron capilla propia en la calle Ancha, esquina con la actual calle de la Veracruz3. La titular primitiva de dicha hermandad fue, desde el principio, Nuestra Señora de la Paz,4 a la que se le agregó en 1650 una hermandad denominada “de cera verde”5.

​Esta hermandad posee tres rasgos muy particulares, y que la distinguen de las demás existentes en Lucena, como son la posesión de capilla propia, la titularidad de la hermandad de una imagen gloriosa, incluida en el desfile procesional del Jueves Santo, y un sistema de financiación peculiar: el corral de comedias que, sumado a las cuadrillerías, vino a suponer la mayor parte de los ingresos de esta corporación.

​El corral de comedias fue genuino de esta hermandad y la dotó de bastante solvencia. Este edificio se encontraba anexo al templo, situado en la actual calle Corralás (cuyo nombre procede del citado corral de comedias) y fue fundado el 7 de Octubre de 1667, siendo hermano mayor D. Fernando Curado Hurtado6. Generó importantes ganancias, permitiendo la mejora del propio corral de comedias, cubrir los gastos anuales de la corporación y adquirir importante patrimonio, como la imagen de Nuestro Padre Jesús Amarrado a la Columna, Jesús Preso, dos cruces, y la que nos atañe, la de Jesús Caído.

​Pese al genuino sistema de financiación que supuso el corral, la situación económica de la Archicofradía sería oscilante, llegando a pasar serias penurias, como sucedió a mediados del siglo XVII cuando se reunieron los hermanos de luz para debatir sobre su situación y “…para que no se venga a perder una tan antigua y tan Santa Cofradía”7. Otra grave crisis fue la que, junto con otros acontecimientos, provocasen la extinción de la propia hermandad. Esta comenzó con el siglo XX, cuando en 1902, el retablo mayor de la ermita amenazaba derrumbe. En 1907 la iglesia se encontraba en ruina, hasta 1919 que amenazaba desplome. La insolvencia provocada por el cierre del corral de comedias en 1874 impidió reformar el templo, que junto con otros hechos supusieron el fin de la Hermandad de la Veracruz en 1930.8

​La Archicofadía de la Veracruz comenzó con tres imágenes titulares que procesionaban la tarde del Jueves Santo, como son un Ecce Homo, un Crucificado (ninguna de ambas ha llegado a nuestros días, o al menos, se desconocen) y una imagen de Nuestra Señora de la Paz, imagen letífica que cerraba el cortejo.

En 1675, la hermandad adquiere gran poder económico y compra, entre otros enseres, la imagen de un Cristo azotado de Pedro Roldán9, la imagen de Jesús Caído y Jesús Preso10, ambos en Granada y dos cruces, una de Pedro de Moraga que se emplearía para abrir el desfile11, y otra recubierta de nácar para emplear en los cultos de la exaltación a la Cruz en Mayo. También se sumó al patrimonio de esta hermandad el actual misterio del Lavatorio, obsequio de su hermano Mayor de entonces, D. Luis de Guzmán y Soto.12

​El resultado de todo este enriquecimiento es una Archicofradía que, a mediados del S. XIX se componía de la Santa Cruz que abría el cortejo, y que en 1843 se le incorporaría la imagen de la alegoría de la Fe,13 El Lavatorio, Jesús Preso, Jesús amarrado a la Columna, Jesús Caído, Jesús Crucificado entre los ladrones, Nuestra Señora de las Angustias y Nuestra Señora de la Paz. En ocasiones se solían agregar también, la imagen de un crucificado, siendo en ocasiones el Cristo de la Misericordia (Vulgo “de los Camisitos”), o el Cristo de la Sangre, que lo hizo desde 1897 a 1907.14 Este tipo de agregaciones era bastante habitual a lo largo de la historia de la hermandad, ya que las personas que poseían bajo su propiedad alguna imagen, se agregaban al cortejo de manera discontinua, sin llegar a poseer la corporación su titularidad. Algunos ejemplos son el Stmo. Cristo del Mayor Dolor15 (Vulgo “de la Humillación”), un Nazareno con la cruz a cuestas en el encuentro con su Madre en la calle de la Amargura, propiedad de D. Martín Cortés Curado, hermano mayor de dicha corporación en 1841, y El Misterio de la Crucifixión (vulgo “El Barrenillas”) a finales de siglo.16

​A partir de esta fecha, y sobre todo a finales de dicho siglo, la Hermandad comenzaría un grave declinar que acabaría con su extinción en el primer cuarto del siglo XX. Ya en 1893, debido a la amenaza de derrumbe de la ermita, se decide trasladar el archivo a la Parroquia de Santiago, donde hoy permanece. También muchas imágenes son llevadas a los domicilios particulares de sus respectivos cuadrilleros, lo que originó que, con el tiempo, sus familiares y descendientes se atribuyeran la propiedad de las imágenes. No obstante, y por fortuna, la mayor parte de las imágenes que pertenecieron a la corporación veracruceña, hoy día forman parte de varias cofradías por separado, por lo que se ha generado así una continuidad, que en algunos casos ha hecho que se puedan procesionar ininterrumpidamente por las calles lucentinas.

​En cuanto a la Imagen de Jesús Caído se refiere, tenemos pocas referencias documentales de su paso por esta hermandad, y se desconoce su fecha de encargo, creación, autoría y primera vez que procesionó. No es hasta 1727 cuando se obtienen las primeras referencias documentales de la imagen de Jesús Caído, en una nota de compra a la hermandad de Jesús Nazareno donde especifica “Unas andas doradas de madera de talla para la imagen del Caído”17. No obstante, existe una referencia cronológica en la cruz que porta la imagen, que, por la morfología que presenta, es indudablemente concebida para esta imagen. Esta, en su cruceta, tiene cincelada la siguiente inscripción: “Se hizo siendo hermano Mayor D. Juan Pedro Cortés Rico de Rueda. Año de 1719”. Por tanto, la fecha de ejecución debe de ser oscilante entre 1652 ( cuando según unas actas de cabildo extraordinario celebrado el 25 de Marzo procesionaban cinco pasos: Alegoría de la Fe, el Lavatorio, el Prendimiento de Jesús, Cristo entre los ladrones y la Virgen de la Paz)18 y 1719, con especial preferencia en los años cercanos a 1675, ya que se dieron las condiciones idóneas para sufragar dicha obra, como es la bonanza económica del corral de comedias y la adquisición de varias obras como Jesús de la Columna, El Lavatorio o Jesús Preso.

​En 1831 se decide crear un inventario de todos los bienes que poseen las camareras y los cuadrilleros de las imágenes siendo cuadrillero de Jesús Caído D. José Aznar, pbro. Este redactó en inventario fechado el 21 de Marzo del mismo año todas las pertenencias de dicha imagen, por lo que nos podemos hacer una idea de cómo se ataviaba y procesionaba la imagen del Caído19. Este constaba de “Una túnica de terciopelo morado guarnecida de entochado de oro, para el nicho. Una cruz de madera para ídem. Una túnica nueva de terciopelo morado con galón de oro. Una camisa nueva fina con encajes. Dos camisas ordinarias. Un cinturón con galón de oro. Unos manteles finos para el altar. Dos pares de manteles ordinarios. Un trono pintado de verde y adornos dorados con sus correspondientes tornillos. Unas parihuelas con tornillos. Una peluca. Diez túnicas e igual número de capirotes de lienzo morado. Cuatro varas con sus horquetas de hierro. Dos bujías de metal para el mismo con sus tornillos. Una corona de espinas de plata. Un corazón de plata. Una cruz grande forrada de plata para el Señor. Una vara de regir de madera, con relicario de plata.”20

​En cuanto a sus cuadrillerías, se conoce que los cuadrilleros de esta imagen fueron desde 1831, sacerdotes. A partir de 1855 la cuadrillería de Jesús Caído pasa a vincularse a la casa de los Condes de Santa Ana. Ese año, el cuadrillero nombrado es D. Luís Gonzaga de Mora y Orozco, hijo del II Conde de Santa Ana de la Vega. Cuando fallece Luís Gonzaga, la cuadrillería pasa en 1861 a su padre, el Conde D. Antonio, y al morir este, la cofradía nombra un cuadrillero interino en 1864, con la condición de “cederlo a la Sra. Condesa viuda si quisiere exponer por su parte a la veneración publica la referida efigie, mediante las referencias que esta congregación tiene recibida de una casa tan respetable.”21

​Después de dicho cuadrillero interino, se hizo cargo de la imagen Juan Manuel Benito de Blanes y Lluch, vecino de Granada, que era capitán de infantería y consorte de una de las hijas de los marqueses de Cavaselice de Granada. Llegó a ser hermano mayor de la cofradía de la Veracruz en 1912.22 A su muerte, hereda la cuadrillería su hija Emilia Benito de Blanes y Zayas-Fernández de Córdoba, llegando a ser conocida la efigie como “El Caído de Blanes”, sobrenombre por el que se sigue conociendo a esta imagen en la actualidad.

​Estos años fueron famosos por su exorno floral, ya que, según se cuenta, los Condes enviaban a Lucena cada años a los mejores floristas y jardineros de Granada, diseñando una ornamentación que distaba de las habituales en el resto de los pasos lucentinos.

La segunda etapa comienza en torno a 1930. Jesús Caído siguió procesionando con una práctica continuidad a lo largo del tiempo ya que, pese a carecer de cofradía, los cuadrilleros (que designarían a los manijeros y costearían la procesión), trasladaban a la imagen los días previos a la misma a un templo, en este caso a la Parroquia de San Mateo, donde realiza la estación de penitencia para, acto seguido, devolverlo a su oratorio particular.

​La familia Dávila-Ponce de León Blanes delega la posesión de la imagen a favor de la familia Álvarez de Sotomayor y Valdecañas, con domicilio en Lucena, en cuyo oratorio de la calle San Francisco (Frente a Calle Huertas) se encontraba el Señor Caído. Esta imagen se incorporaba cada año al desfile del Jueves Santo desde San Mateo hasta 1964, cuando su trono quedó destrozado debido al derrumbe de la bóveda del templo de San Pedro Mártir, donde se guardaba. Desde los años treinta y hasta 1957 su manijero fue Manuel Franco Muñoz y desde esta fecha hasta 1964, sus hijos Juan y Manuel Franco Ruiz.

​Más adelante, en las actas de la Agrupación de Cofradías, se recoge el acuerdo de la salida de Jesús Caído el Jueves Santo de 1969, probablemente con un trono prestado. Esta situación cambió cuando se funda su cofradía en 1972, primero con la cesión de la imagen por parte de la Condesa de Valdecañas, que había enviudado, solamente para sacarlo en procesión, y posteriormente, dando la titularidad total a la corporación en 1979.

​La cofradía de Nuestro Padre Jesús Caído es fundada por un grupo de jóvenes encabezados por Antonio Medina Orellana en 1972, dando pie así al comienzo de la tercera y última etapa histórica de la hermandad, que comienzan a reunirse para dar culto y procesionar a la imagen del nazareno. Son también hermanos fundadores D. Manuel Gutiérrez Molero, D. Manuel Muñoz Arjona, D. Pedro Muñoz Arjona, D. Francisco Muñoz Arjona, D. Agustín Torres Pérez y D. Miguel Pineda Rutz. Este conjunto de cofrades, entablan acuerdos con el entonces párroco de San Mateo, D. Félix Vázquez López, quien accede a acoger en su templo a la naciente hermandad. La Condesa de Valdecañas (Familia Álvarez de Sotomayor y Valdecañas) se había comprometido a prestárselo a la joven cofradía para procesionarlo, y luego sería devuelto a su domicilio, tal y como había hecho con sus cuadrilleros algunos años antes.

​En 1975, la junta de gobierno decide procesionar por vez primera a su titular, y para ello, se reúne con la Agrupación de Cofradías. El consiliario de aquella época se negó a que el Cristo saliera el Jueves Santo, mediando finalmente D. Francisco Mesa y ofreciéndose a acoger a la cofradía en la parroquia de Santiago, lugar donde permanece hasta hoy.

​La primera estación de penitencia de esta cofradía fue desde el templo de San Felipe de Neri (vulgo “de las Felipensas”), al encontrarse la parroquia de Santiago en obras. Los miembros de la hermandad prepararon un trono ellos mismos, con ayuda de otros profesionales lucentinos. Este fue realizado en los primeros talleres de Pineda y Ruiz, realizando el parigolón y parte del trono Antonio Ruiz (Raviso). Otra parte fue realizada por Celedonio y Andrés Montilla, y se pintó en el taller de Miguel Pino Gálvez por su hijo, Miguel Pino Vergara. Los tableros fueron diseñados por D. Francisco Ayala, y se componía de un fondo liso forrado de terciopelo granate, con molduras y casetones cuadrados. Procesionó los primeros años con los faroles del paso del santísimo Sacramento. Este trono fue terminado días antes de su salida procesional, y fue llevado a mano al templo de las felipensas el Martes Santo, cuando aún estaba húmedo, para ser montado en el propio templo. El primer manijero que designó la cofradía fue Miguel Pineda Ruz.

​En 1976 salió, por vez primera en su historia, desde la Parroquia de Santiago23. No obstante, este año lo hizo por la puerta lateral de la Calle Santiago, y no por la principal del llanete, al encontrarse esta en obras. Estrenó sus faroles plateados, realizados por los talleres Angulo. Unos años más tarde, se añadirían al trono unas molduras, en forma de espirales invertidas, que fueron realizadas por Rafael “Cachupín”.

​Poco a poco, la hermandad se fue agrandando, al menos, en número de miembros de junta de gobierno y ayudantes. En 1979, tras cuatro años recorriendo las calles lucentinas, la Sra. Condesa de Valdecañas, con la venia de los Condes de Blanes, tiene a bien ceder la propiedad del nazareno a su cofradía. Hasta entonces, la imagen era trasladada a pulso desde la casa de susodicha condesa hasta el templo, y tras la estación de penitencia era devuelta a su oratorio particular. Jesús Caído fue colocado en una hornacina, situada en el muro del Evangelio, junto a la capilla sacramental de Ntra. Sra. de la Soledad, y que hoy día preside la imagen de Nuestra Señora de Fátima.

​Para 1980, la Hermandad decide remodelar su trono, y de dicha tarea se encargó Rafael Chicano, conocido como “Sanchís”. Esta reforma consistió en la colocación de unos tablones dorados en sustitución del terciopelo granate. No obstante, duró poco tiempo, ya que en 1984 se cambia el trono, sustituyendo toda la canastilla por una nueva. Esta fue ejecutada por el tallista local Francisco Arcos, y fue dorado por Manuel Lara Ramírez. Sobre estos años salen también, por vez primera, nazarenos de túnica y capirote morado, sin capa ni cola, portando un cirio delante del Señor, y de igual manera, pero con capa blanca, los miembros de la Junta de Gobierno, portando varas y otras insignias.

​La cofradía permaneció sin grandes cambios, hasta que en 1986 su hermano mayor, Antonio Medina, pide permiso a su Junta de gobierno para añadir a la cofradía una titular mariana, la antigua imagen de Nuestra Señora de la Paz, bajo la advocación de María Santísima de la Salud. La imagen acababa de ser desdeñada de la Cofradía de la Columna, ya que hasta entonces esta procesionó bajo la advocación de Paz y Esperanza. Su párroco, D. Francisco Mesa, la cedió a Antonio Medina, que este a su vez, la cedió a la hermandad.

​Los componentes de la hermandad lo rechazan y, tras largas negociaciones, llegan al acuerdo de que dicho hermano mayor se encargaría de dicha incorporación, respaldado por nuevos jóvenes que se sumarían a la corporación con dedicación casi exclusiva a la Virgen. De esta manera, en ese año procesiona por vez primera la Virgen de la Salud, que fue trasformada para tal ocasión por D. Antonio Budia Sabán, y posteriormente por Justo Romero Fabero.

​El primer paso de palio de esta dolorosa fue realizado por bronces Gradit, al igual que su candelería, con excepción de la de cola que fue realizada por Gonzalo Galindo. También estrenó para tal ocasión una corona de alpaca dorada, realizada por los talleres Angulo. El color escogido para esta imagen fue el color negro y su vestidor fue, hasta su muerte, Enrique Cuenca.

​Tras unos malentendidos en la cofradía, Antonio Medina decide en 1988 presentar su dimisión, dejando de este modo la tarea de terminar de liquidar los costes del paso de palio, asumiendo dicha responsabilidad José Jiménez Beato.

​Una de las primeras actuaciones que hace el nuevo hermano mayor, es solucionar el problema de personal dedicado a la Virgen, contando para ello con una especie de equipo de mayordomía más centrado en la titular mariana. Este grupo de “savia nueva” fue afrontando los gastos del palio, sumados a algunos estrenos como la saya granate bordada en aplicación en el taller cordobés de Antonio Muñoz, estrenada en 1989 o, un año después, del conjunto de saya y manto azul pavo con brocados dorados, confeccionado por D. Enrique Cuenca.

​En 1990, la junta de gobierno primitiva primitiva, que en ningún momento ha dejado a Jesús Caído, toma plenas responsabilidades con la Imagen de la Salud, que queda entonces perfectamente integrada en el seno de la hermandad. Precisamente en este año, la imagen del nazareno estrena una nueva túnica de terciopelo de Lyon, regalada por su nueva camarera, Dña. Francisca Muñoz López, que personalmente se encargó de traspasar el bordado de la túnica antigua, la cual fue perfectamente imitada, tanto en su corte, tono y disposición. La cofradía, por su parte, se encargó de aportar los nuevos encajes de conchas de oro. También en este mismo año, tiene lugar la restauración de la imagen por parte de Justo Romero Fabero, que ya había intervenido numerosas imágenes en esta localidad.

​La década de los 90 pasa sin grandes cambios para la cofradía, destacando como hecho significativo, la participación habitual de esta hermandad en el desfile del Jueves Santo del año 1996, año en que Televisión Española retrasmitió en directo desde su segunda cadena las procesiones de Jueves y Viernes Santo de Lucena y que, desde ese año varió, junto a todas las hermandades del día, su itinerario por el centro de la Plaza Nueva.

Fuente del texto: Cofradía de Nuestro Padre Jesús Caído y María Santísima de la Salud

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