Cofradía de Jesús Nazareno (Mérida)

Actualizado el viernes, 19 junio, 2020

Cofradía de Jesús Nazareno

Cofradía de Jesús Nazareno

Cofradía de Jesús Nazareno

Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santísimo Cristo de los Remedios y Nuestra Señora del Mayor Dolor

Fundación:1.928
Pasos:Cuatro
Día de Salida
  • Miércoles Santo
  • Jueves Santo
  • Sábado de Gloria
Hábito:Túnica de color blanco. Cubrerrostro color morado con escudo cofradía sobre el pecho del cofrade y por detrás cae del mismo largo que la túnica. Capa de color morado única en directivos y diputados de orden. En la salida del Cristo Resucitado se sustituye el cubrerostro morado por uno de color blanco.
Cofradía de Jesús Nazareno
Sede CanónicaBasílica de Mártir Santa Eulalia
Cofradía de Jesús Nazareno

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Cofradía de Jesús Nazareno
Ntro. Padre Jesús Nazareno

Fotografía: Jose Luis Fernández

Anónimo (siglo XVI-XVII)

Cofradía de Jesús Nazareno
Ntra. Sra. del Mayor Dolor

Fotografía: Jose Luis Fernández

Manuel de Echegoyen (1947)

Cofradía de Jesús Nazareno
Stmo.Cristo de los Remedios

Fotografía: Jose Luis Fernández

Anónimo (siglo XVIII)

Cofradía de Jesús Nazareno
Cristo Resucitado

Fotografía: Jose Luis Fernández

Eduardo Zancada (1992)

Cofradía de Jesús Nazareno
Cofradía de Jesús Nazareno

Breve Reseña

En el siglo XVII, una Cofradía de sangre, bajo la advocación del Santísimo Cristo de los Remedios, aparece constituida en le Iglesia de Santa Eulalia y en ella participaba de forma activa el cabildo de clérigos de San Pedro, radicado en Santa María, realizando estación de penitencia la noche del Viernes Santo.

En 1783 se decreta la extinción de las Cofradías que no contasen con la autoridad civil o religiosa, y en 1798 se ponen en venta todos sus bienes.

Refundación Cofradía

El 20 de julio de 1928, “El Correo Extremeño”, Diario Independiente, en su página seis, dedicada a las noticias de Mérida, recogía con gran alarde tipográfico: “Se constituye la Cofradía Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santísimo Cristo de los Remedios”, para más abajo completar que ésta se había gestado en una reunión celebrada el domingo anterior, día 15 de julio, en la sacristía de la Parroquia de Santa Eulalia, bajo los auspicios de su rector, y consiliario de la naciente Hermandad, D. César Lozano Cambero, constituyéndose posteriormente una Junta Rectora presidida por el procurador D. Carlos Jaque Amador, como primer Hermano Mayor, que se encargará de redactar los estatutos.

Sabedores ya de la fecha exacta de la regulación canónica de la Cofradía, ¿Hemos de pensar que ésta de debió a un capricho de un grupo de piadosos emeritenses, ansiosos de emular los fastos sevillanos?, o, ¿fue por el contrario la rivalidad conocida entre D. Carlos J. Alonso, Párroco de Santa María, que ya contaba en su parroquia con cofradía penitencial, y el entrañable D. César Lozano Cambero, Párroco de Santa Eulalia, ansioso por tenerla en la suya, la causa desencadenante, como ya apuntara Navarro del Castillo, de la creación de la misma?

Sinceramente creemos que no, y sí, por el contrario, un conjunto de causas entre las que no jugó papel desdeñable la tradición.

A parte de las profundas convicciones personales que animaran a alguno de los fundadores, de ambiente social y económico del momento, del que más adelante hablaremos, o de alguna influencia clerical, es fundamental en este tipo de funciones religiosas el ánimo de asumir las tradiciones y la herencia cultural, a veces oculta, pero que termina por florecer cuando el terreno está lo suficientemente abonado.

En este caso nos referimos al legado del Padre Cristóbal de Santa Catalina y su obra asistencial, a la que indefectiblemente, en sus orígenes, está unida la historia de la Cofradía a través de la imagen que presidía todos sus desvelos: la venerada talla de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

Así pues, conociendo que, de un modo resumido, el origen de las cofradías se puede catalogar en las de naturaleza clerical, asistencial, gremial, testamentaria, o devocional, hemos de concluir que la que nos ocupa, quizás en sus orígenes remotos asistencial, se podría enmarcar en la actualidad en la última categoría (devocional), originaria de un culto popular que atraviesa las vicisitudes de la propia talla y la institución que la albergaba, hasta desembocar en una cofradía penitencial, canónicamente erigida, como fue la tónica general en toda España, después de la rearticulación de la Restauración, y el afán ordenancista del Régimen del General Primo de Rivera.

Aunque es lugar común que en el culto y la devoción popular no deben estar necesariamente ligados a la obra maestra de arte, sino que, en muchos casos, es la tradición la que más pesa, si hemos de reseñar con cierto orgullo que, en el caso que nos ocupa, nuestro Nazareno reúne ambas características. La calidad de su talla la sitúan en el pedestal más alto de la imaginería extremeña, y la devoción popular, expresada a través de un culto secular, la convierten en la más venerada de cuantas reciben culto en el antiguo solar de Emerita.

Es de todos sabido, y ya oportunamente lo apuntó D. Vicente Navarro del Castillo, que la obra asistencial del venerable Padre Cristóbal de Santa Catalina, que aunaba su labor puramente asistencial con la intención de fomentar las prácticas devotas y adoctrinamiento de las masas populares, gracias a la oportunidad que ofrecía las estancias en recintos hospitalarios, se inició en Mérida hacia 1724.

Fuente del texto: La Cofradía

Cofradía de Jesús Nazareno

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