Cuadro «El Árbol de la Vida»

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El Árbol de la Vida es un cuadro de Ignacio de Ries, pintor flamenco del siglo XVII, realizado en 1653, que se encuentra en la capilla de la Concepción de la Catedral de Segovia, y forma parte de una colección del mismo autor compuesta por otros cinco cuadros más: la Adoración de los Pastores, la Conversión de San Pablo, el Bautismo de Cristo, la Coronación de la Virgen y El rey David, que constituyen la mejor obra del autor, influenciado por Francisco de Zurbarán.

Pintura al óleo sobre un lienzo de 290×250 cms. Formó parte de la Exposición de las Edades del Hombre «El arte de Castilla y león», que se celebró en la Catedral de la Asunción de Valladolid en 1988.

LA CAPILLA DE LA CONCEPCIÓN de la Catedral de Segovia, está situada a los pies de la nave del Evangelio, junto a la Puerta del Perdón. Realizada en 1531 por los canteros Juan de Maza, Diego Cubillos y Ribero, en el año 1606. El Cabildo decide que hay que “aderezar”,  esta capilla y la de enfrente, en la nave de la Epístola, hoy de San Blas; unos años más tarde, en 1621, el escultor madrileño Antonio de Herrera Barnuevo recibía el encargo de tallar la figura de María Santísima de la Limpia Concepción que vemos en el retablo, terminándola al año siguiente, en 1622, y que presenta una decoración hecha con vidrios engastados, estrellas metálicas en el manto y esferas de vidrio doradas. Es también en 1622 cuando Juan del Río está dorando las nervaduras de la bóveda y decorándola con los símbolos de la Inmaculada Concepción, inspirados en el Cantar de los Cantares.

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En 1645, la capilla fue donada por el Cabildo catedralicio al que sería su patrono, el capitán Don Pedro Fernández de Miñano y Contreras, caballero de la Orden de Santiago, Gobernador de Cádiz y almirante de la flota de la Plata al servicio del rey Felipe IV, quien la adquiriría para panteón familiar. Será él quien encargue, en 1647, la reja de madera de caoba traída de América a Francisco Jiménez, que la realizaría en Jerez de la Frontera (Cádiz), así como la instalación de su heráldica como ornato y la realización de la inscripción en la que se da cuenta de sus dignidades y de que la capilla es de su propiedad.

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Pero lo que más llamará poderosamente nuestra atención será la media docena de lienzos que adornan la parte baja de este espacio. Fechados en 1653 y realizados en los talleres de Zurbarán, son obra de Ignacio de Ríes y en ellos se glorifica a la Virgen y su pureza, además de recrear escenas relacionadas con el pecado, la penitencia y la redención. Así, tenemos el Bautismo de Cristo, la Conversión de Pablo, el Arrepentimiento del Rey David, la Coronación de María, la Adoración de los Pastores y una magnífica Alegoría del Árbol de la Vida. Asimismo, podemos ver unos navíos en alusión a la condición de almirante de su patrono.

Por otro lado, en las pinturas murales podemos contemplar distintas escenas de los padres de la Virgen, San Joaquín y Santa Ana, así como de la Virgen misma, además de otras representaciones de carácter doctrinal. Ya bajo la cornisa que recorre la capilla, se hallan nueve lienzos al óleo en los que prosigue el ciclo de la Virgen María, desde su matrimonio hasta su Ascensión y Coronación.

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EN EL LIENZO, las figuras se ordenan espacialmente alrededor de la forma simbólica del árbol. En su copa (en la zona superior del espacio) un grupo formado por pequeños personajes de ambos sexos parece celebrar una fiesta o banquete: vemos figuras riendo, coqueteando, tañendo instrumentos musicales… En la parte inferior de la composición, junto al tronco del árbol, encontramos otras tres figuras: a la izquierda, un esqueleto blande un hacha con la que ataca el tronco del árbol, del cual ha talado ya la mayor parte. A su lado, una pequeña figura envuelta en llamas (representación simbólica del Diablo) tira fuertemente de una soga anudada a la copa del árbol, ayudando así a la caída de éste, que intuimos inminente. La zona inferior derecha de la composición aparece dominada por la imagen de Cristo, que tañe una campana con un martillo, mientras mira hacia arriba con gestos de alarma y desesperación en el rostro. Dos inscripciones situadas en la parte superior sirven de complemento y aclaración a la imagen. En el ángulo superior izquierdo puede leerse: “MIRA QVE TE AS DE MORIR/ MIRA QVE NO SABES QVANDO”. Y en el ángulo superior derecho: “MIRA QVE TE MIRA DIOS/ MIRA QVE TE ESTA MIRANDO”. Desconocemos el origen o autoría de estos versos, si bien es probable que se trate de una adaptación de la inscripción latina que encabeza la “Mesa” de El Bosco (“CAVE, CAVE, DOMINUS VIDET”).

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Detalle de las inscripciones del cuadro

El mensaje que transmite al espectador es fruto de la acérrima moral religiosa de la época.

copa_arbol_delavidaDetalle de la parte superior del lienzo

Las figuras del banquete aluden a los Pecados Capitales. Su embrutecimiento (debido a su dedicación a los placeres terrenales y a su alejamiento de la práctica religiosa) les impide oír la voz de alarma de Cristo, que tañe desesperadamente la campana para advertirles de la próxima caída del árbol, puesto que la Muerte, ayudada por el Diablo que tira de la soga, ha talado ya casi todo el tronco. Por tanto, el tema de la obra es este aviso de Cristo respecto a la fugacidad de la vida terrenal, y la consiguiente exhortación a la enmienda ante el peligro de la condenación eterna. Así pues, se trata de una obra alegórica de clara intención moralizante.

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SEGOVIA, CIUDAD PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

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