Danzantes y Sargentos de la Natividad de Méntrida (Toledo)

Danzantes y Sargentos de la Natividad

Fiesta de Ntra. Sra. de la Natividad de Méntrida

Declarada de Interés Turístico Regional desde 1991

Danzantes y Sargentos de la Natividad

 

Cada 25 de abril, la localidad toledana de Méntrida, famosa por sus vinos denominación de origen, celebra una ancestral tradición cargada de ritos, de signos y de verdadera devoción por parte de los mentridanos. Se trata de la romería de San Marcos, cuyo origen lo encontramos en el siglo XIII, a raíz de la milagrosa aparición de la Santísima Virgen en la dehesa de Berciana, cercana a la localidad. Aunque se conoce como romería de “San Marcos”, no es a este Santo Evangelista a quién se honra en este su día, sino a la Virgen de la Natividad, aparecida en Berciana al pastor Pablo Tardío un 25 de abril, y que desde entonces es Madre, Abogada y Reina de este lugar.

La Leyenda

https://i1.wp.com/tabernacofrade.net/imagen/led.pngCuenta la leyenda que Pablo Tardío apacentaba sus cabras allá por el siglo XIII en el lugar que se conoce como monte de Berciana o dehesa de Berciana. En el remanso de paz que se respiraba en aquellos bosques, el pastor se vio sorprendido por una presencia divina, era la mismísima Madre de Dios, que se le apareció para pedirle que corriese al pueblo a decir a sus paisanos que la construyeran una ermita donde se la venerara. Como ocurre con casi todos los pastores a los que se les aparece la Virgen, los mentridanos no creyeron a su vecino al que tomaron por loco. Desesperado, volvió hasta el lugar donde le había hablado la Madre de Dios –un tronco cortado de una encina-, y ante su desánimo, la Virgen le hizo entrega de una carta con la que sus vecinos le creerían. Justicia, clero y pueblo fueron hasta el lugar de Berciana, donde hallaron enterrada al pie del tronco de encina, la milagrosa efigie de la Virgen que, en adelante, pasaría a ser llamada de Berciana y más tarde de la Natividad. De esta manera arranca la más querida tradición del pueblo de Méntrida, una de las romerías más espectaculares de nuestro país, que supone una importante seña de identidad para los mentridanos que jamás han dejado de celebrar su fiesta a lo largo de todos estos siglos.  Un año llovió tanto el día de San Marcos que el arroyo de Berciana se desbordó. Aún así, los mentridanos lograron cruzar a la Virgen, y a hombros también al señor cura, negándose a dejar de celebrar su más querida fiesta.

https://i1.wp.com/tabernacofrade.net/imagen/led.pngLas fiestas de la Virgen de la Natividad se prolongan durante cinco días, cargados de ritos y momentos que hacen única esta fiesta. El 23 de abril tiene lugar la “Alboreá” de los sargentos de la mayordomía de la Virgen, el 24 se conoce como “Día de la Víspera”, el 25 “San Marcos”, el 26 “San Marquitos”, y el 27 “San Marcazos”. En estos cinco días la presencia de los danzantes y los sargentos supondrá el punto álgido de las celebraciones, conocidas por las espectaculares y vistosas danzas, y por el “bandeo” de la bandera por parte del alférez abanderado.

https://i1.wp.com/tabernacofrade.net/imagen/led.pngLas fiestas de abril conmemoran un legendario acontecimiento que se remonta a muy remotas épocas medievales, concretamente al siglo XIII. Por consiguiente, estamos ante una celebración cuyo origen secular la caracteriza como una de las de mayor solera de la región, directamente emparentada con algunas otras que surgen en el contexto histórico del afianzamiento del proceso repoblador de Castilla, tras la consolidación definitiva de la Reconquista del antiguo Reino de Toledo.
Estamos ante un prototípico caso de la imbricación del fenómeno religioso en el acontecer socio-político, como elemento cohesionador de las nuevas estructuras sociales surgidas al amparo del arraigamiento de los núcleos de población, que garantizaron la permanencia de los asentamientos originados por el movimiento repoblador posterior a la Reconquista.
Al mismo tiempo, el propio acontecimiento religioso traduce la imperiosa necesidad de entroncar culturalmente dos periodos históricos separados por el paréntesis que supuso en estas tierras la invasión musulmana: la monarquía visigoda con los reinos cristianos surgidos tras el avance de la Reconquista.
En este sentido, la imagen de la Virgen de la Natividad, exponente material de la que posteriormente será designada como Patrona de Méntrida, supondrá el eslabón de referencia que conecte culturalmente la nueva población nacida tras la Reconquista con la que habitaba estos pagos con anterioridad al siglo VIII, aportando así un elemento de continuidad histórica y cultural. Además, la propia imagen –descubierta en circunstancias que la leyenda adorna con tintes sobrenaturales– supondrá un referente aglutinador de carácter religioso, pero también social y cultural, que jugará un papel de primer orden en la configuración del núcleo repoblador que dio origen a Méntrida, aportando paulatinamente un buen número de tradiciones y costumbres que han ido formando un valioso patrimonio cultural heredado a lo largo del tiempo.

Foto: Objetivo tradición

La Hermandad

  • La Imagen de Nuestra Señora de la Natividad es una talla de vestir de madera de aliso que representa una Virgen en actitud orante. Toda la talla se reviste con un rico ajuar y que guarda auténticas joyas textiles de siglos pasados. La Virgen es entronizada en un trono de plata de aspecto original. Un arco de rayos y nubes en su parte superior inspirado en el más puro barroco que dan a la Patrona de Méntrida un aspecto señorial y de auténtica Reina de la creación.
  • La antigua imagen de la Virgen de la Natividad fue quemada el día 16 de agosto de 1936, al comienzo de la Guerra Civil. Dos años después, una nueva talla, obra del talaverano José Gallego, sustituyó a la destrozada, siendo venerada como Patrona de la Villa hasta 1950, año en que se decidió la ejecución de la actual imagen. Lamentablemente, la imagen de 1938 fue robada del Cementerio, en cuya capilla ha estado depositada en los últimos tiempos, durante la noche del 25 al 26 de agosto de 1998. La nueva imagen, obra de Juan José García de Arce, bendecida solemnemente el día 24 de abril de 1950, es una hermosísima talla de bulto redondo, de 71 centímetros de alto, dispuesta sobre una peana de 23 centímetros. Posee brazos articulados y está tallada en madera de aliso, salvo la cabeza y las manos, realizados en madera de boj. Representa la imagen de María Inmaculada, en actitud orante, sobre una nube. Toda ella está policromada.
  • Coronación Canónica: 3 de Mayo de 2014.
    Pasará a los anales de la Historia de Méntrida como una de las fechas más memorables; digna de recordar, principalmente, por el profundo significado que conlleva el acto que lo justifica, pero también por la ejemplaridad en que transcurrió el evento, a satisfacción plena de todo el pueblo. Una nutrida representación de una treintena de parroquias de la diócesis y de la vecina diócesis madrileña de Getafe, que acudieron a rendir pleitesía a la Patrona de Méntrida en tan memorable jornada.

Foto: José María Moreno García

Los Sargentos

Foto: Amigos camino Toledo

https://i1.wp.com/tabernacofrade.net/imagen/led.pngEl origen histórico de los sargentos parece estar relacionado con las repetidas contiendas entre segovianos y mentridanos a causa de los límites territoriales y los aprovechamientos de la dehesa de Berciana, que se producían con ocasión de su apeo y amojonamiento, que en ocasiones tuvieron lugar coincidiendo con la celebración de la romería. Un paréntesis para aclarar que el origen del contencioso sobre Berciana entre Méntrida y la ciudad de Segovia arranca desde la creación del sexmo de Casarrubios en la época de la repoblación. Desde entonces Segovia consideró la dehesa como terreno comunal propio, en competencia con Méntrida, que defendía que era de su propiedad.

https://i1.wp.com/tabernacofrade.net/imagen/led.pngLos sargentos de la Mayordomía de la Virgen van vestidos al modo del siglo XVI, y su función es escoltar a la Patrona en sus salidas procesionales. Dentro de la mayordomía hay varios cargos: el capitán, el alférez abanderado, los mochilleres que son niños de corta edad, los sargentos y los que tocan las trompetas y los tambores. Estos cargos se eligen cada año, ofreciéndose muchas veces para desempeñarlos fruto de una promesa. Los sargentos, que además portan sables, toman su mayor protagonismo durante la Misa que se celebra en Berciana, donde entra en juego el marcado carácter militar de la soldadesca. Es muy curiosa la forma en que realizan la colecta, depositándola en un pañuelo que al finalizar la recogida del dinero se anuda por sus cuatro picos. Quizá lo más representativo de los sargentos sea el momento en que el alférez abanderado bandea la bandera ante la Virgen. La Bandera, de grandes dimensiones y de colores variados, lleva en el centro el anagrama de María, y es tremolada con gran destreza por parte del abanderado, que ejecuta una serie de complicados y vistosos movimientos.

https://i1.wp.com/tabernacofrade.net/imagen/led.pngEn la antigüedad, los sargentos y demás miembros de la mayordomía iban riquísimamente vestidos, pero luego abandonaron aquella indumentaria para usar como distintivo tan sólo unos sencillos galones dorados sobre el pantalón y un sable. En la romería del año 1991 lucieron nuevamente la típica vestimenta, a imitación de las figuras que aparecen pintadas en el camarín del santuario de la Virgen, datadas a finales del siglo XVII. Toda la mayordomía cubre su cabeza con sombrero de fieltro negro de tres picos, calzan zapato oscuro con medias blancas, que sujetan al pantalón bombacho de paño negro, camisa blanca con largo lazo, amplia casaca morada de paño aterciopelado, verde para el capitán y alférez, que sujetan con un grueso cinturón; los sargentos y mochilleres portan un sable.

https://i1.wp.com/tabernacofrade.net/imagen/led.pngLa noche del 23 de abril tiene lugar la “Alboreá”, acto en el que los sargentos recorren las calles haciendo sonar las trompetas y los tambores, haciendo el toque de alborada o alboreá, para anunciar la fiesta. El 24 la Virgen es trasladada desde su ermita de Méntrida hasta la parroquia. El 25, día grande de las fiestas, a las ocho de la mañana, la Virgen de la Natividad sale de la iglesia para dirigirse a Berciana. A la salida, los danzantes interpretan la danza a los sones de la marcha real, y los sargentos hacen su toque característico. Marcha la procesión por diversas calles de Méntrida que los vecinos han engalanado muy cuidadosamente esperando el paso de la Virgen. Juncias, tomillo, romero… alfombran las calles, y componen los vistosos arcos que se levantan en determinados puntos. Se cuelgan banderas de tela, las ventanas y balcones se engalanan para recibir a la Reina de Méntrida. Dentro del pueblo aún, en la plaza Chica, el alférez abanderado bandea delante de la Virgen y los danzantes ejecutan una de sus danzas. Ya en la salida del pueblo, de nuevo la procesión se detiene, y vuelven a entrar en escena sargentos y danzantes. La imagen de la Virgen se vuelve mirando a Méntrida para despedirse de quienes no podrán acompañarla en su romería, y para bendecir a su pueblo que por unas horas se queda sin la presencia física de su patrona. En este punto los romeros se dirigen hacia Berciana, parando ya en la dehesa ante una encina, donde el señor cura bendice los campos. Al llegar al puente que cruza sobre el arroyo de Berciana y que ya está próximo a la ermita, se vuelve a cumplir el rito que sargentos y danzantes han llevado a cabo en las paradas anteriores. Los danzantes reanudan la danza y la Virgen es llevada hasta la pequeña ermita que se construyó con motivo de su aparición, y a la que sólo va cada 25 de abril.
Una vez allí se celebra la santa misa, para posteriormente repartir la “caridad”, consistente en un panecillo que lleva grabada la imagen de la Virgen. Posteriormente tiene lugar la muestra de sargentos y danzantes en la vega de Berciana, y la comida que los mentridanos comparten en familia en los denominados ranchos, que cada grupo ha reservado desde tempranas horas de la mañana. A las siete de la tarde, la Virgen vuelve al pueblo de la misma forma y con el mismo ceremonial que hizo por la mañana. Se detiene ante la cruz de Silva, lugar donde el demonio salió al encuentro de Pablo Tardío al regreso de Berciana para dar cuenta de la aparición. Al llegar al cementerio se hace otra parada y se reza un responso por los difuntos. En la calle Larga, junto a la Cruz de Gabriel Rodríguez, esperan a la Virgen las imágenes del Resucitado, San Juan Bautista, San Ildefonso, San Isidro, San Marcos, y la del Patrón San Sebastián, que la acompañarán hasta la iglesia. El pueblo se agolpa en este lugar esperando la llegada de la patrona. Ante ella los danzantes y los sargentos ejecutan las típicas danzas y el bandeo, para posteriormente dirigirse la comitiva hasta la iglesia. Cuando los danzantes hacen su llegada, danzan sin parar, entrando y saliendo de la iglesia repetidas veces, ante la expectación y emoción de mentridanos y visitantes. Mientras tanto, en el exterior del templo, tiene lugar la puja por los brazos de la carroza que transporta la Virgen, por los que los devotos pagan altas cantidades de dinero. Finalizada la puja, los danzantes dejan de danzar, y la imagen de la Virgen hace su entrada entre los aplausos y los vítores de los devotos. Se entona el himno y se da por concluida un año más la secular tradición.

Foto: Mentrida.com

Los Danzantes

Foto: José María Moreno García

Sin duda, uno de los aspectos más llamativos en las fiestas de abril, son los bailes rituales que el grupo de niños danzantes, conocidos popularmente con el nombre de los danzantes de la Virgen, ejecutan en honor de la patrona.

https://i1.wp.com/tabernacofrade.net/imagen/led.pngSu origen está ligado históricamente a la cofradía de San Sebastián. Sobre su presencia, se sabe documentalmente que ya en el siglo XVI tenían sus actuaciones en el día del Santo Mártir, patrono de la villa y titular de la parroquia. Al unirse las cofradías de San Sebastián y la Natividad en 1605, los danzantes pasaron a intervenir también en la fiesta del 8 de septiembre junto con los músicos chirimeros.
A pesar de las dificultades económicas, de las limitaciones sinodales y las prohibiciones de la real orden de Carlos III en 1777, la parroquia de Méntrida conservó la danza en su patrimonio cultural en sus fiestas principales, desapareciendo las actuaciones de enero y septiembre cuando, en la primera mitad del siglo XIX, dejan de existir las cofradías que las apoyaban, para sobrevivir tan sólo las de abril.

No tenemos evidencia documental sobre el número de protagonistas que intervenían en la danza, aunque parece ser que siempre fueron ocho hombres dirigidos por el alcalde de la danza, acompañados del tamborilero y gaitero; luego, se incorporó gente más joven entreverada con los mayores, formando en ocasiones dos grupos, a los que se unían los chirimeros.

  • El Grupo:  El grupo de la danza está compuesto por once personas: el alcalde o maestro de la danza, los ocho danzantes y los dos instrumentistas.
    Todos ellos intervienen por propia iniciativa; el hecho de participar en el grupo responde a un interés personal de servir a la Virgen de manera voluntaria y gratuita. La Hermandad tiene un libro en el que se registran las solicitudes, al objeto de prever con la debida antelación quiénes formarán el grupo en los años sucesivos. Por regla general, los danzantes actúan dos o tres años seguidos; los instrumentistas se van turnando y renovando, al igual que los maestros. Todos suelen ser vecinos del pueblo.
  • Vestuario:  Visten camisa blanca con chorrera sobre la que prenden algún broche o pequeñas figuras de carácter vegetal; pololos, medias caladas, pajarita al cuello, y las originales enagua almidonadas que da gran vistosidad al atuendo. Además llevan sobre estas enaguas un mantón de color rojo (que en otros momentos de la fiesta es azul), con motivos florales bordados. Calzan zapatillas blancas, y llevan escarapelas en los codos y las rodillas, y una banda con los colores de la enseña nacional cruzada al pecho, que para el resto de los días de fiesta es azul. Se sirven de castañuelas y paloteas decoradas con borlas o madroños para ejecutar las distintas danzas, así como de una vara arqueada adornada con papelillos de colores. En la muestra que ofrecen en Berciana el día de San Marcos, concretamente en el momento de los dichos, los danzantes van tocados con un precioso gorro de tela adornado con flores y pequeñas medallas, que bien podría hacer alusión al resurgir de la naturaleza, empleando la danza como ritual de llamada a la primavera, a la fertilidad de los campos. El alcalde de la danza o maestro, viste pantalón blanco, y una camisa ceñida a la cintura con motivos florales en tonos rojos y rosas. Lleva escarapelas en las rodillas y en los codos, una pajarita roja al cuello, y calza zapatillas blancas. Sobre su cabeza lleva un elegante gorro de paja, decorado con florecillas, y del que penden cintas. Porta una larga vara decorada con papelillos de colores con la que va indicando los movimientos que han de ejecutar los danzantes.
  • Los Dichos:  Los dichos son poemas que el maestro de la danza y cada uno de los danzantes recitan en honor de la Virgen. Se trata de cuartetas de versos octosílabos, en los cuales se alude a las tradiciones que se han ido fraguando a partir de la legendaria aparición de la Virgen en Berciana, en 1270. En ellos se piropea a la Virgen, con alusiones a su condición de pastorcilla en Berciana, a la hermosura que la adorna y a los epítetos con la que se le nombra. Se mezclan también plegarias y peticiones, dada su condición de patrona y protectora, junto con acciones de gracias por favores recibidos. En ocasiones incluyen referencias a asuntos coyunturales, como la situación social por la que se atraviesa, aludiendo a veces a sucesos específicos de singular relevancia. Suelen constar de ocho a doce cuartetas, salvo el dicho del maestro de la danza, que supera la veintena. Todos suelen concluir con una invitación a vitorear a la Patrona, que es efusivamente aclamada por el auditorio en pleno.
  • Danzas y Alardes: Los danzantes de Méntrida cuentan con un notable repertorio de danzas y alardes, que se ha ido definiendo a lo largo del tiempo, hasta cuajar en el programa que está en vigor desde, al menos, los albores del pasado siglo.
    Son varias las danzas que ejecutan, con nombres diversos: habanera, valmojá, marcha real, medio baile, pinos, puentes, baile del cordón, diana, baile de procesión…
    Existe también distintos instrumentos o accesorios de que se sirven para su ejecución (danza de los arcos, danza de castañuelas y danzas de paloteas)

Repertorio de Danzas

  • Danzas de castañuelas:
    El repertorio mentridano cuanta con una única danza específicamente ambulatoria o de procesión, que es la que se realiza al son de las castañuelas que tocan los ocho danzantes.
    El papel específico y genuino de los danzantes es el de actuar como cortejo de honor de la Virgen en algunas de las salidas que hace de su santuario. Así, el cortejo de danzantes ocupa un lugar preeminente en las procesiones, situándose por delante de su carroza, de la que les separan el presidente de la Hermandad, portando el cetro, acompañado de las camareras de la Virgen, el capitán y alférez de la mayordomía, con sus correspondientes banderas, los mochilleres y los músicos de la danza.
    El Baile de Procesión conlleva una sobria coreografía. Discurre el grupo haciendo calle, en fila de a dos, y va desplazándose monótonamente, repitiendo unos pasos cadenciosos a base de ligeros saltos a una pierna, imprimiendo un grácil movimiento de cintura, en forma de leves giros acompasados, al pisar ambos pies sobre el terreno.
    Aunque lo habitual es ejecutar este baile dando la espalda a la carroza, en ocasiones, cumpliendo órdenes del alcalde de la danza, el grupo hace un giro de media vuelta, colocándose de cara a la Virgen y desplazándose de espaldas. Esto suele ocurrir en tramos del trayecto elegidos a criterio de dicho alcalde, siendo común realizarlo en una parte de la cuesta de la Ermita de Berciana. Asimismo, al llegar a ciertos puntos del trayecto con amplitud suficiente, se ejecutan los llamados cruces. Con ocasión de dichos cruces se lleva a cabo unas mudanzas que implican pasar los danzantes de un extremo a otro de las filas, entrecruzándose en el recorrido de dichas evoluciones, hasta que el maestro ordena recuperar la posición habitual del cortejo, al grito de “¡al puesto!”.

Danza de Castañuelas.
Foto: Danzantes de Méntrida

  • Danzas de paloteas:
    También en el marco de las procesiones se ejecutan en diferentes momentos las cuatro paloteas del repertorio: la MARCHA REAL, el MEDIO BAILE, la VALMOJÁ y la HABANERA.
    La palotea de la Marcha Real se realiza a los sones de una melodía tomada de los compases iniciales del himno nacional, a los que se añaden algunas variaciones que se van reiterando a lo largo de la canción, acompasando las paloteas al ritmo que marca el redoblante y la dulzaina. Se baila a las puertas del santuario de la Virgen y del templo parroquial cuando la imagen de la Patrona sale a la calle, al inicio de las procesiones.
    Esta danza conlleva una coreografía muy simple, basada en agrupamientos de los danzantes en paralelo, formando calle, con diferentes desplazamientos al paso, para mudar la disposición de las dos filas transitando de una situación transversal a otra longitudinal, respecto de la carrera procesional, hasta completar cuatro lazos. La danza de la Marcha Real tiene parangón en numerosos repertorios de danzantes de ambas castillas, siendo uno de los ejemplos más cercanos al nuestro el de los danzantes de Castillejo del Romeral (Cuenca), en las fiestas a su patrón, San Bartolomé.

Danza de paloteas.
Foto: Danzantes de Méntrida

  • El Baile de la Entrada:
    Las danzas de la muestra se inician con el único baile de arcos del repertorio mentridano, conocido como la Entrada. Los ocho danzantes se disponen en fila de a dos, para trazar el primer lazo. En el momento en que vuelven a recuperar la formación de la doble fila, se agarran de la mano los componentes de cada fila, contrapeados, unos mirando hacia el interior de la calle y otros hacia afuera. Sin soltarse de la mano, cada fila cambia su posición, de modo que quienes miraban al interior de la calle, lo hacen ahora al exterior. Se repite este lazo tres veces. En el último lazo se forma una cadena, situándose todos en una única línea, en diagonal, para culminar volviendo al puesto en la formación inicial en forma de calle. Esta danza se ejecuta portando los danzantes un arco en su mano diestra.

Danza de entrada.
Foto: Danzantes de Méntrida

  • Los paloteos:
    A criterio del alcalde de la danza, que pueden ser cualquiera de los tres descritos anteriormente: la Habanera, la Valmojá y el Medio Baile.
    En estas danzas cada mudanza deriva en un nuevo lazo, propiciando diferentes evoluciones, tales como entrecruces y tránsitos del conjunto en dos grupos en diversas formaciones, según van marcando los cuatro guías. Siempre parten y culminan en formación de calle.

Paloteos.
Foto: Danzantes de Méntrida

  • Los Puentes y los Pinos:
    Después de los paloteos, la muestra continúa con la ejecución de los Puentes. Se disponen los ocho danzantes por parejas, ocupando cuatro vértices de un amplio cuadrado. Cada pareja, enfrentados, se agarran de ambas manos y realizan a pies juntos unos ligeros movimientos de cadera, agitando sus enaguas con garbo, hasta escuchar un toque seco del tambor, que marca el momento en que rotan sobre el terreno sin soltarse de las manos. Este grácil movimiento lo ejecutan dos veces seguidas. Finalizado este preludio, se comienzan a desarrollar desplazamientos sucesivos en diagonal, cruzándose las parejas opuestas en el centro del cuadrángulo de la muestra, momento en que una de ellas salta, haciendo un puente, para dejar hueco suficiente por donde la pareja contraria atraviesa, siguiendo ambas el trayecto iniciado.
    Este lazo se efectúa cuatro veces, precediendo a cada una de ellas una traslación de las parejas en el sentido de las agujas del reloj, cambiando de vértice en el cuadrado; cada traslación implica la realización del prólogo antes descrito, en cada uno de los vértices. Realizado el último cruce, a la voz de “¡al puesto!” que grita el alcalde de la danza, los ocho danzantes acuden al centro y forman calle, de acuerdo con la disposición inicial de los paloteos. El maestro acompaña a una de las parejas en el desplazamiento en diagonal, a la misma velocidad que los danzantes, que en ese tránsito es muy acelerada.
    El alarde concluye reagrupándose todos en formación de calle, momento en el cual efectúan un brioso brinco, al tiempo que los danzantes exclaman “¡Méntrida!”.
    Desde esa posición, se inicia un segundo alarde denominado los Pinos, que se desarrolla en dos partes, precedidas ambas por un preludio ejecutado por parejas, con las manos apoyadas en la cadera. Al son acompasado de la música, rotan sobre el terreno contoneándose con suma gracia, en un movimiento extremadamente reposado y elegante. Igual que los danzantes, su alcalde hace la misma maniobra, ocupando el centro de la calle que forman.
    La primera parte de los Pinos conlleva la formación de dos torres o pinos; en un primer paso, tres danzantes por cada torre se agarran de espaldas con los brazos a la altura de los codos; así colocados, reciben al cuarto danzante que, ayudado por el alcalde de la danza, se embute cabeza abajo en el hueco entre las espaldas de sus tres compañeros, elevando al máximo sus piernas y pies hacia el cielo. Una vez culminadas las torres, suena la música unos instantes, marcando el tambor el momento en que cada torre se desmonta, con la ayuda nuevamente del alcalde de la danza. Acabado el ejercicio, todos vuelven a la posición inicial, desde donde se repite la misma estampa con que se daba comienzo a este alarde.
    La segunda parte consiste en la formación de un solo pino, con intervención de siete de los ocho danzantes. Para iniciar la construcción, se suben a hombros tres de los danzantes más menudos sobre otros tantos compañeros.
    Después, se agrupan dándose la espalda y asiéndose los brazos a la altura de los codos, de modo que quede la estructura perfectamente firme. Para finalizar, el alcalde de la danza eleva al danzante más pequeño hasta colocarle con la cabeza embutida en el eje de la estructura y las piernas y pies erguidos. El octavo danzante se mantiene al lado del pino formado por sus compañeros, con sus manos a la cintura, mientras el alcalde gira en torno a la estructura, pendiente, por si hubiera de intervenir. Una vez el pequeño de la cúspide está en posición, suena la dulzaina y el tambor unos instantes, hasta que el alcalde de la danza da la orden de parar.
    En ese momento, desciende el danzante pequeño, se destrenzan las tres parejas de la torre y se colocan todos en línea, para avanzar hacia la presidencia, saludando con la mano derecha, con la palma girada a la izquierda, moviéndola hacia adelante y atrás. Llegado el grupo a dos o tres metros de la presidencia, los tres danzantes que van a hombros de sus compañeros descienden bruscamente hacia el suelo, de frente. En ese preciso instante, cesa la música.

Los pinos.
Foto: Danzantes de Méntrida

  • El Baile del Cordón:
    La muestra finaliza siempre con el Baile del Cordón. La coreografía de esta danza consiste en trenzar y destrenzar ocho cintas multicolores prendidas del extremo de un mástil blanco de algo más de tres metros de altura. Se trata de una danza que en tiempos remotos se interpretaba como un canto a la fertilidad, de la que es símbolo el mástil o árbol del que penden las cintas; siendo su tejer y destejer una alegoría de la rueda de la vida.
    Para su ejecución se colocan los danzantes en círculo en torno al mástil, sujetando cada uno con ambas manos el extremo de la cinta que van a tejer, de modo que la parte final de la misma queda por delante de cada danzante; en esta posición, realizan sobre el terreno sucesivos giros de cadera, en unos breves compases, terminado cada uno de los cuales hacen un giro completo, saltando en el aire. Se repite este previo dos veces, mientras suena la música de los Puentes.
    De inmediato da comienzo la rotación en torno al mástil, para ir enrollando las cintas en el mismo. Esta rotación la efectúa la mitad del grupo en un sentido y el resto al contrario, entrecruzándose, cinta arriba, cinta abajo, a los sones del Baile de Procesión. Finalizado el trenzado, tras el grito de “¡al puesto!” hay un pequeño descanso.
    Se reinicia después la danza repitiendo los previos iniciales anteriores, para volver a rotar, esta vez en sentido contrario al inicial, con el fin de ir destrenzando las cintas.
    El destrenzado se efectúa a los sones de la Media Jota; el ritmo se acelera en las últimas vueltas, a una señal del alcalde de la danza, culminando el ejercicio con evoluciones a gran velocidad, hecho que levanta el entusiasmo en los espectadores, que prorrumpen en sonoros aplausos hasta la conclusión de la danza, después que el alcalde grita finalmente “¡al puesto!”.

Danza del cordón.
Foto: Danzantes de Méntrida

Redes Sociales y Web

Fuente de información: Danzantes de Méntrida y Objetivo Tradición

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