Hace un año. Catorcena de San Andrés

iglesia_san_andresHace un año, la Iglesia de San Andrés de Segovia celebraba la fiesta de la Catorcena. En el año 2014, la tocaba su turno cronológico de hacerlo.

Daniel Cuesta Gómez, escribía lo siguiente en el boletín de la Catorcena de San Andrés 2014:

 

Pasado y presente en la Catorcena de San Andrés

Ocurriera lo que ocurriera después del encuentro entre el judío Don Mayr y el sacristán de la Iglesia de San Facundo, lo cierto es que en el año 1410 comenzó en Segovia una de sus tradiciones más originales y características: la fiesta de la Catorcena.

Han pasado más de 600 años y en esta ocasión es la Parroquia de San Andrés la encargada de llevar a cabo la celebración de esta fiesta. Muchas cosas han cambiado desde entonces, pero lo cierto es que la cita de la Catorcena sigue convocando a los vecinos de nuestra parroquia para cumplir el voto que en el siglo XV hicieran catorce de las parroquias que existían en la ciudad de Segovia.

No se puede negar que en sus orígenes la fiesta tenía unos tintes agresivos hacia el pueblo judío. De hecho durante mucho tiempo se entendió la Catorcena como el acto de reparación de un pecado hacia la Eucaristía cometido por la comunidad semita de Segovia. Sin embargo, con el paso de los siglos, aunque este recuerdo del hecho que dio lugar a la fiesta siguiera presente, lo cierto es que poco a poco fue perdiendo importancia en favor de otra connotación más festiva y social que tenía como centro la procesión con el Santísimo hasta la iglesia del Corpus Christi. Así el significado de la Catorcena fue cambiando de ser un acto reparación y desagravio a ser una manifestación de triunfo y exaltación de la Eucaristía, muy en la órbita de los dictados del Concilio de Trento.

En torno a esta fiesta religiosa, como no podía ser de otra manera, tenía lugar una gran fiesta civil con motivo de la Catorcena.En todo ello el barrio se volcaba y daba lo mejor de sí, para poder celebrar unos festejos mucho más solemnes que los llevados a cabo catorce años antes y también para poder superar a los que habían organizado las otras parroquias de la ciudad cuando les había tocado el turno de la festividad. Y así, el año que cada barrio celebraba la Catorcena, se suprimían las otras fiestas que hubiera en el templo, para así lograr celebrar entre todos un gran festejo que asombrara a toda la ciudad. Por ello no puede comprenderse la fiesta de la Catorcena solamente desde el punto de vista religioso, sino que debe entenderse desde un ámbito en el que el aspecto religioso, el social y el festivo formaban un todo, en el que ninguno podía entenderse sin el apoyo del otro.

La preparación de la fiesta comenzaba en ocasiones años antes de que ésta se celebrase. Lo primero que solía hacerse era pensar en las reformas, modernizaciones o adquisiciones que podían hacerse en la iglesia para que fuesen estrenadas en la Catorcena. Esto es algo completamente característico de Segovia y que marca muchísimo el arte religioso de nuestra ciudad, ya que al menos cada catorce años tenían lugar en muchas parroquias importantes obras y adquisiciones.

En el caso de nuestra Parroquia de San Andrés, son muchos los trabajos que se encuentran documentados con motivo de la celebración de la Catorcena. A modo de ejemplo se puede citar que en la Catorcena de 1678 los vecinos levantaron el crucero de granito que se encuentra delante del ábside de la iglesia. En la de 1664 se realizó la actual portada de acceso a la iglesia desde la Plaza de la Merced. También para la fiesta de aquel año se cambiaron las cubiertas de madera que cerraban la nave principal por otras de yeso y ladrillo, que a su vez serían sustituidas por las actuales bóvedas de lunetos barrocas que se realizaron con motivo de la Catorcena de 1734. En la de 1678 se encargó un órgano para el coro, aunque años después sería sustituido por el que hoy conocemos. En la Catorcena de 1706 se llevó a cabo la obra del pavimento de la iglesia, cambiando el existente por grandes laudas sepulcrales que pudieran servir de enterramiento a los feligreses adinerados. En la de 1720 se encargó la magnífica custodia de plata sobredorada y se repararon las cubiertas de la torre. En 1769 los vecinos costearon el precioso farol de plata para que pudiera acompañar al Santísimo en la procesión de la Catorcena. En 1790, dado el mal estado en el que se encontraba, se procedió a lijar y dorar de nuevo el retablo mayor de la iglesia. En la de 1804 se estrenaron los retablos de Nuestra Señora del Rosario y Nuestra Señora de los Cuchillos que hoy se encuentran en las naves laterales cobijando las imágenes de la Inmaculada y el Sagrado Corazón de Jesús. En la de 1986 se llevó a cabo la restauración de las lámparas de cristal de La Granja que iluminan la iglesia etc. Todo ello nos ayuda a entender que la preparación de la Catorcena suministraba nueva vida a la parroquia, exigiéndole una cierta puesta al día que se repetía cada catorce años.

Una vez culminados los preparativos materiales, llegaba la hora de celebrar la Catorcena propiamente dicha. Ésta se pregonaba convenientemente por las calles y plazas de nuestra ciudad durante los meses anteriores. Y ya en vísperas de la fiesta el anuncio se hacía patente con el volteo de las campanas que convocaban a la celebración. Llegaba entonces el momento de celebrar los cultos eucarísticos en la parroquia. Cultos que tendrían su centro en la celebración de la misa y la procesión eucarística el día de la fiesta principal de la Catorcena.

El día de la procesión sin duda era y es todavía hoy el día más importante de toda la Catorcena. Hasta el punto de que en algunos barrios en los que esta fiesta ha perdido empaque, la procesión se ha mantenido casi como único acto de la celebración. La noche anterior se iluminaba la fachada de la parroquia por medio de velas, cosa que también hacían algunos de los principales edificios del barrio. Durante la madrugada del día siguiente, los vecinos engalanaban las calles y los balcones por donde iba a pasar la procesión. También las cofradías, congregaciones religiosas, instituciones y colectivos levantaban impresionantes altares y arcos triunfales donde se detendría el Santísimo Sacramento.

Ese día principal tenía lugar en el templo parroquial una gran misa de pontifical oficiada normalmente por el obispo de la diócesis. La iglesia se vestía con sus mejores galas y se adornaba con flores y con sus más ricos tesoros. Se contrataba a un coro, escolanía o capilla, con el objetivo de dar la mayor solemnidad posible a la Eucaristía. A ella asistía bajo mazas el Concejo al completo. Pero también tenían obligación de asistir el resto de los barrios y parroquias, además de otros colectivos de la ciudad.

Posteriormente a la celebración de la Eucaristía tenía lugar la procesión del Santísimo Sacramento hasta la iglesia del Corpus Christi, para llevar a cabo allí el acto de exaltación y reparación de la Eucaristía. En nuestro barrio la procesión la abría la magnífica cruz parroquial que Francisco Ruiz y Diego Muñoz realizaron en el segundo tercio de siglo XVI, escoltada por dos ciriales. A continuación marchaban todas y cada una de las cruces parroquiales de la capital, junto con una representación de sus feligresías portado cirios encendidos. Tras ellas caminaban las cofradías, gremios y asociaciones cuya sede canónica se encontraba en la parroquia, representadas cada una de ellas por su bandera y sus miembros con medalla al cuello y cirios en las manos. En nuestro barrio, estas eran la Cofradía de San Gregorio y Ánimas, la del Santo Cristo del Buen Alumbramiento, la de Nuestra Señora del Rosario, la Congregación de los Terciarios de los Servitas, la del Confalón y la Esclavitud de Nuestra Señora de la Soledad. Cerraba este tramo la Cofradía del Santísimo, como encargada del culto al Santísimo Sacramento durante todo el año en el templo parroquial.

El orden de la procesión proseguía con la marcha del clero regular y secular. Entre los primeros, tenían una gran importancia los Mercedarios Calzados, puesto que como sabemos, su convento se encontraba en lo que hoy es la Plaza de la Merced. Entre los segundos se encontraban los sacerdotes de la ciudad, con un protagonismo especial de los canónigos de la Catedral, puesto que éstos vivían en las Canongías, situadas dentro de los límites de nuestra parroquia. Tras el clero, se situaba el magnífico paliobordado de la parroquia y dentro de él, el párroco llevaba la custodia que albergaba la presencia de Cristo en la Forma Consagrada, verdadero protagonista de la procesión. Cerraban la misma el prelado de la diócesis y otras autoridades, así como los encargados de acompañar musicalmente el cortejo.

La procesión se prolongaba durante horas, puesto que no necesariamente elegía el itinerario más breve de ida y vuelta hasta la Iglesia del Corpus. Más bien solía preferirse aquel recorrido que la diera más vistosidad y además recorriera el mayor número de calles del barrio. Con la llegada del palio a la parroquia, concluía la procesión, pero era normal que el Santísimo quedara expuesto en el altar mayor hasta que tuviera lugar el acto de la bendición solemne y posterior reserva de la Sagrada Forma.

Sin embargo, aunque la procesión fuera la fiesta principal, como ya se ha dicho alrededor de ella tenían lugar otra serie de fiestas que solían completar un amplio programa que realzaba la celebración de la Catorcena. En ellas, tenían lugar también varios actos religiosos como Eucaristías y exposición del Santísimo en el templo parroquial. También se llevaban a cabo varias procesiones con las imágenes del templo, a cargo de las distintas cofradías y congregaciones antes citadas. De entre todas ellas destacaba sin duda la procesión con el Santísimo que los Padres Mercedarios llevaban a cabo desde su Convento hasta la Iglesia del Corpus, que era casi como la celebración de una Catorcena dentro de la propia Catorcena.

Pero no todo eran actos religiosos, sino que junto a ellos se llevaban a cabo las fiestas de carácter más civil o profano. Éstas variaron en su programa dependiendo de la época y de la situación económica que atravesaran la ciudad y el país. Pero sin duda en todas ellas fueron programas cuidados en los que los vecinos pudieron juntarse, celebrar y divertirse juntos. De hecho, creo que no miento si digo que éste es un aspecto que se ha conservado en la celebración de la Catorcena en el barrio de San Andrés. Pues si bien en la mayoría de los barrios este programa de fiestas se ha ido reduciendo hasta quedar reducido en muchos casos únicamente a los actos religiosos, en nuestro barrio hasta ahora nunca ha faltado un amplio programa de fiestas con el que poder festejar juntos la fiesta de la Catorcena.

En suma, han pasado muchos siglos y se han producido muchos cambios en nuestra sociedad y en nuestro modo de celebrar la Catorcena. Quizá se ha perdido empaque, hayan desaparecido tradiciones e instituciones que en otros tiempos eran consustanciales a esta fiesta. Pero lo cierto es que la Catorcena sigue ahí, se mantiene viva, y en nuestras manos está el que esta tradición tan característica de Segovia pueda perpetuarse en el futuro.

Han pasado catorce años, y en este año 2014 el turno ha recaído de nuevo en nuestra parroquia de San Andrés. Ojalá que la preparación y la celebración de esta Catorcena nos ayude a unirnos más como barrio, a celebrar juntos y a poder compartir un poco más de cerca la vida de los que tenemos al lado, de los que viven cerca, o de aquellos que vendrán desde lejos para celebrar estos días con nosotros. Y sobre todo, ojalá que esta fiesta nos ayude a acercarnos más al verdadero protagonista de la Catorcena: Jesús que cada día sigue partiéndose y repartiéndose en el pan de la Eucaristía y que espera que nosotros hagamos lo mismo con nuestros hermanos, especialmente con los que más sufren. Sin esto, de poco serviría que nuestra procesión fuera más solemne que la de épocas pasadas, o que nuestras fiestas fueran las más sonadas de Segovia. Porque la clave y el secreto de todas las catorcenas a lo largo de la historia ha sido siempre una persona: Jesús. *

(*) Artículo facilitado a tabernacofrade por el propio autor Daniel Cuesta, al cual desde estas humildes páginas le damos las gracias de corazón.

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Distintas imágenes de la prensa local de la Procesión de la Catorcena de San Andrés 2014.

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