Hermandad de Humildad y Paciencia (Carmona)

Humildad y Paciencia de Carmona

Hermandad de Humildad y Paciencia de Carmona

Humildad y Paciencia de Carmona

Antigua, Real e Ilustre Hermandad de las Benditas Animas y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia y María Santísima de los Dolores

Fundación:1.604
Pasos:Dos
Día de SalidaViernes Santo
Hábito:Túnica y capirote de color blanco. Fajín marrón y guantes blancos
Humildad y Paciencia de Carmona
Sede CanónicaIglesia de san Pedro
Humildad y Paciencia de Carmona

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Humildad y Paciencia de Carmona
Jesús de la Humildad y Paciencia

Fotografía: R.R.

Atribuido a José Montes de Oca (1740)

Humildad y Paciencia de Carmona
Paso de Misterio

Fotografía: Web de la Hermandad

Humildad y Paciencia de Carmona
María Santísima de los Dolores

Fotografía: sanpedrocarmona.es

Atribuido a José Montes de Oca (1730)

Humildad y Paciencia de Carmona
Paso de Palio

Fotografía: Web de la Hermandad

Humildad y Paciencia de Carmona
Hermandad de Humildad y Paciencia

Breve Reseña

En la actualidad esta Hermandad es el fruto de la fusión en 1958 de dos antiguas corporaciones, secularmente establecidas, desde sus fundaciones respectivas, en el templo parroquial del Señor San Pedro de esta cuidad de Carmona; circunstancia por el cual pasamos a relatar por separado y del modo somero que requiere la ocasión sus respectivos aconteceres.

ANTIGUA y REAL HERMANDAD de las BENDITAS ANIMAS DEL PURGATORIO y del SANTO ROSARIO de NUESTRA MADRE Y SEÑORA DE LA ANTIGUA.
A raíz del Concilio de Trento la devoción de las Ánimas Benditas del Purgatorio empezó a experimentar un considerable incremento por estas tierras. Fue el momento en el cual se crearon en casi todas las parroquias sevillanas corporaciones consagradas a su culto. Tal es el caso de la correspondiente al primer título de la que nos ocupa.

Fundada al parecer con anterioridad a 1567, año de su aprobación por la autoridad eclesiástica, apenas si poseemos referencias directas de sus comienzos, ya que su copioso archivo –según testimonios de la época- desapareció durante los turbulentos sucesos de la Guerra de la Independencia.
En los albores de la propia centuria, y asimismo como consecuencia de las predicaciones del dominico Fray Pedro de Santa María de Ullea en Sevilla, la devoción y culto al Santísimo Rosario dejó de ser privativa de la Orden para extenderse por todas las feligresías, en cuyos templos se organizaron rosarios de hombres, mujeres y niños que al amanecer y anochecer de cada día salían a las calles con sus cruces alzadas -repletas de flores doradas y de relampagueantes espejuelos embutidos-, barrocos farolones de forja, de inspiración mudéjar, y hermosos “simpecados” entonando las “Ave María” entre misterio y misterio.

Enseguida ambas hermandades parece que se fusionaron, si bien conservando una cierta autonomía, aunque con claro dominio de las Ánimas. Todos los adscritos a esta última debían inscribirse también en el Santo Rosario de Nuestra Señora de la Antigua, que por su parte conservaba sus mayordomos y secretarios particulares en la junta de gobierno, los cuales necesitaban contar con la aprobación de los de Ánimas, antes de ser incluidos en la candidatura.

Referente al aspecto externo de ambas corporaciones, diremos que la de Ánimas verificaba procesiones con el Santo Crucifijo expirante y acompañaban a los cadáveres de sus miembros a su última morada. El cortejo era el mismo en las dos ocasiones. Se iniciaba por el muñidor –revestido con ropón de luto, provisto de galón dorado y escudo de plata en el pecho- seguido de la cruz alzada – con vara argéntea y bajos (doce grandes, cuatro pequeños), el resto con velas. Y de una docena de clérigos con cirios, aparte del venerable clero parroquial. Iban rezando el rosario, a coro, a medio tono, y las demás oraciones piadosas. En cambio la de la Antigua, lo hacía a diario, con el acompañamiento antes descrito, contando al efecto con un par de “simpecados”, uno de damasco encarnado, y el ricamente bordado del altar de los pies del evangelio, destinado a las fiestas más solemnes.

FERVOROSA HERMANDAD y COFRADÍA de NAZARENOS de la HUMILDAD de NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO en el SAGRADO LAVATORIO, de su PACIENCIA en la espera de la CRUCIFIXION y de los acervos DOLORES de SANTA MARIA, siempre VIRGEN.

El 16 de mayo de 1604, el Doctor Jerónimo de Leiva, canónigo provisor y vicario general de Sevilla y su Arzobispado, en nombre del Cardenal Don Fernando Niño de Guevara, dio luz verde a la regla de la cofradía de la Sagrada Humildad y Paciencia de Nuestro Señor Jesucristo, establecida desde entonces en la parroquia de San Pedro, de Carmona. La letra de tal regla, debidamente corregida por la autoridad eclesiástica, seguía las pautas marcadas por el sínodo correspondiente al año; así, por ejemplo, en lo que atañe al desfile procesional.

Para componer el desfile, los cofrades debían concurrir en la iglesia el Jueves Santo, en la hora que va de las cuatro a las cinco de la tarde, dispuestos a realizar su estación de penitencia; las hermanas vestían hábitos y velas de cuarterón en las manos; los hombres llevaban túnicas bastas y capirotes, desnudos de rodillas abajo, cada cual con corona de espinas a la cabeza, soga a la garganta y a la cintura, escapulario con la imagen de la paciencia al cuello y crucifijo y rosario en las manos. De tan severa indumentaria solo se dispensaba al muñidor, ataviado con un vestido de paño morado el cuerpo blanco y las mangas y, al cuello, un cordón de seda de idénticos colores con la consabida imagen de la paciencia al cuello y crucifijo y rosario en las manos.

Reorganizar la hermandad no fue tarea fácil, ni los tiempos de las desamortizaciones propicios para ello; y así ocurrió que estuvo prácticamente muerta buena parte del XIX, con la excepción de los años inmediatos a 1815 y a 1845, pareciendo que se acercaba la extinción de este santo instituto; hasta que el 23 de abril de 1881 a la media docena de cofrades que le quedaban se le agradaron cincuenta y cinco más, número que con el cambio del siglo superaba ya los cuatrocientos. Al abrigo de la restauración monárquica, pues, se remozó la cofradía, empezando por el desfile procesional, cuyo cuerpo de nazarenos contó otra vez – salvando las lógicas distancias- con los penitentes, que aportaban la novedad de su vestimenta; ahora de túnica blanca y capirote morado, con cíngulo de este color, frente al tradicional negro y cinto de corderillo de pita usado por los demás cofrades; indumentaria la última que, un par de años después, quedó reservada a los acompañantes del Cristo, creándose para los de la Virgen otra idéntica pero morada. En este mismo orden de cosas, también fue novedad el uso del traje de calle por parte de los hermanos de pasos, encargados de portear las andas con las imágenes; y por último, en el propio año 1881, la formación de un cuerpo de armados para acompañar al Señor, vestidos de la usanza de las antiguas centurias romanas.

Fuente del texto:  Web de la Hermandad

Humildad y Paciencia de Carmona

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