Mariano Benlliure

Mariano Benlliure

Mariano Benlliure

 

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BIOGRAFIA

Mariano Benlliure y Gil nació en Valencia en 1862 en el seno de una familia de artistas. Se formó en Valencia y Madrid. Luego estudió en París con el pintor Francisco Domingo Marqués, quien tiene gran influencia en su escultura, ya que a partir de entonces, Benlliure, se preocupará por conseguir efectos pictóricos en sus obras.

En 1879 fue a Roma atraído por Miguel Ángel y en 1887 se instaló definitivamente en Madrid. En Madrid, participará en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes consiguiendo gran renombre. También contó con el apoyo de la crítica, lo que le llevó a ser uno de los artistas más influyentes de su época. Benlliure liberó a la escultura española de los aspectos idealistas que perduraban desde el Romanticismo.

Su obra se caracteriza por un sentido narrativo, minucioso y realista. Y esa minuciosidad realista, es lo que le conduce a un excesivo y pictórico detallismo. Se preocupó, además, por captar el movimiento, el aspecto transitorio y dinámico de la vida. Desde muy temprano se interesó por los temas populares, como las bailadoras, los toreros, los picadores o el mundo gitano. Algunos ejemplos son El accidente, Las víctimas de la fiesta o Coleo. Preferentemente se dedicó al retrato y a los monumentos conmemorativos. Su primera medalla la consiguió en 1887 con la imagen del pintor Ribera. El monumento de Isabel la Católica y Colón, de 1892, situado en Granada, responde a criterios narrativos. Está tratado con gran minuciosidad, con una preocupación semejante a las de la pintura de historia. Su obra verdaderamente innovadora fue la figura de Antonio Trueba, en Bilbao, por la que obtuvo la medalla de honor en la Exposición Nacional de 1895. Está desprovisto de todo repertorio histórico, ya que pretende representarlo en un momento de la cotidianidad. Aparece sentado de forma descuidada en un banco.

En Roma modeló la del Beato Juan de Ribera, de 1896. A pesar de que es una obra más convencional debido a las exigencias del encargo y por el decoro del personaje, está trabajada con gran minuciosidad. Otras estatuas son la de reina María Cristina, la de Emilio Castelar y la de la reina Bárbara de Braganza en Madrid. La de Diego López de Haro en Bilbao, la del general San Martín en Lima o la del general Simón Bolívar en Panamá. Sus esculturas ecuestres alcanzan siempre gran nobleza, como lo demuestra la de Alfonso XII en el parque del Retiro de Madrid, la del general Martínez Campos situada en el mismo lugar o la del general Primo de Rivera en Jerez de la Frontera. La del general Martínez Campos, es una estatua antiheroica, de gran realismo. El jinete cabalga pesadamente, con el capote abrochado al cuello, mientras que el caballo, detenido, vuelve la cabeza para rascarse.

Entre sus monumentos funerarios, sobresalen el mausoleo de Sagasta y Canalejas, en el Panteón de los Hombres Ilustres, en Madrid, o el del tenor Gayarre en el cementerio del Roncal en Navarra. Ambos son aparatosos en lo compositivo y en lo material. Más popular es, sin embargo, el de Joselito, que supone una versión anecdótica y andaluza de los sepulcros borgoñeses del siglo XV. En Mariano Benlliure también existe un cierto modernismo, como observamos en una de sus esculturas decorativas, el grupo alegórico que corona el edificio de La Unión y el Fénix. Su producción fue muy extensa. Fue un escultor muy versátil que cultivó diversos géneros, por lo que alcanzó una gran popularidad y recibió numerosos encargos tanto en Madrid como en Europa y América.

 

IMAGINERIA RELIGIOSA

Cristo de Difuntos y Ánimas (Crevillent –Alicante)

Mariano Benlliure

Cristo de Difuntos y Ánimas

La figura de Mariano Benlliure (1862-1947) está muy ligada a Crevillent (Alicante), ya que para esta ciudad alicantina el maestro valenciano realizaría las últimas obras de su dilatada vida artística. Benlliure tallaría nueve imágenes o grupos escultóricos y donaría varias obras para la creación del Museo Monográfico Mariano Benlliure, que con el paso de los años iría ampliándose con infinidad de obras del escultor. Actualmente, las obras de Mariano Benlliure en Crevillent están repartidas entre el Museo Mariano Benlliure, el Museo de la Semana Santa de Crevillent y la Iglesia de Nuestra Señora de Belén, situados todos en la misma calle, lo que facilita la visita al amplio número de visitantes que vienen a la ciudad.La imagen del Santísimo Cristo de Difuntos y Ánimas fue realizada por Mariano Benlliure en el año 1945. Actualmente, se encuentra en la Iglesia de Nuestra Señora de Belén, pero en breves fechas se trasladará al nuevo Museo Mariano Benlliure. La talla fue adquirida por el industrial crevillentino José Manuel Magro Espinosa para su panteón familiar, pero debido a las dimensiones de la misma nunca llegó a colocarse en el mencionado sepulcro.

La imagen está basada en el Crucificado del Panteón de los Duques de Denia que el escultor realizó en mármol de Carrara para el Cementerio de San Isidro de Madrid (1904) y que posteriormente, con algunas variaciones, repetiría para Cartagena con la advocación del Cristo de la Fe y para Crevillent como Cristo de Difuntos y Ánimas. También existen diversas reproducciones en menor tamaño, tanto en madera como en bronce, que el escultor ofreció a la Capilla de la Santísima Virgen del Pilar de Zaragoza, con motivo de la inauguración del paso El Milagro de Calanda, en 1940, al General Franco y otra que se encuentra en el Palacio de la Generalitat Valenciana.

El Cristo de Difuntos y Ánimas es una imagen tallada en madera, de un tamaño superior al natural. Presenta a un Crucificado de cuatro clavos, representado muerto, en el momento inmediatamente posterior a la lanzada. Muestra algunas de las características del escultor en este tipo de iconografía: impecable modelado de sus obras, gran acierto anatómico, rasgos semitas, excelente policromía, donde predominan los tonos suaves y opacos alterados por una patina artificial a base de aceite de almendras, etcétera.

El escultor valenciano huye del excesivo dramatismo de la imagineria española, representando con total naturalidad la imagen divina, y destaca el gusto por el detalle, que podemos observar tanto en el tratamiento de los pliegues del paño, que provocan el efecto del claroscuro, como en la plasticidad de los cabellos caídos en esa cabeza suavemente desplomada, tan característica en los Crucificados de Mariano Benlliure.

Se da la circunstancia que, para su modelado, Benlliure utilizó un modelo real de raza gitana, que colgó en la cruz a semejanza de Cristo, para así dar más fidelidad al modelado del torso, brazos y piernas del Crucificado. Ante las continuas quejas y movimientos del modelo, que impedían al escultor hacer su trabajo, éste optó por dejarlo en esa postura hasta que, al fin, cayó extenuado, con la caballera vencida hacia adelante por el peso de la cabeza y del cuerpo, momento que Benlliure plasmó con genial fidelidad.

Esta imagen, propiedad municipal, participa cada Martes Santo en la Procesión Penitencial, conocida popularmente como Procesión de los Sacos, ya que antiguamente los penitentes portaban unos hábitos confeccionados con sacos de arpillera, que fueron substituidos por hábitos cistercienses. La procesión, realizada en un ambiente penitencial, destaca por el silencio y la oscuridad que invaden las calles del casco antiguo de Crevillent, portando los penitentes antorchas, cruces y campanas. El impresionante Cristo de Difuntos y Animas es portado sobre unas parihuelas metálicas por ocho penitentes y va acompañado por el Coro Alfombras Imperial, de voces graves que entonan el Himno a la Santa Cruz, basado en un fragmento del compositor medieval Venantius Fortunatus, y Velum Templi, del maestro local José Alberto Aznar.

La imagen lleva grabada a los pies una frase que escribió el propio Benlliure y que se reza al finalizar la Procesión Penitencial: “Acuérdate también, Señor, de tus siervos y siervas que nacidos en Crevillente vivieron con la señal de la fe y duermen en el sueño de la paz”.

Jesús Nazareno del Paso (Málaga)

Jesús Nazareno del Paso

Jesús Nazareno del Paso

Esta excelente imagen, titular de la Archicofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso y María Santísima de la Esperanza que procesiona el Jueves Santo, sustituye a una anterior destruida en la noche del 11 al 12 de mayo de 1931.

Dicha talla era obra del XVII y un gran ejemplo de la estética clásica del Nazareno malagueño, con peluca de pelo natural y con tirabuzones, corona de espinas metálica, cruz rectangular y con relieves en plata, túnica bordada y potencias de considerable tamaño. Llamaba la atención de esta obra, popularmente conocida como El Moreno, su rostro, tremendamente estilizado, y su delgada barba terminada en dos afiladas puntas.

El hecho de que se eligiera a Benlliure y no a un solicitado escultor andaluz del momento (como bien pudo haber sido Adrián Risueño, Francisco Palma Burgos o José Navas-Parejo), se debió a la amistad de dos importantes cofrades de la Junta de la cofradía con el escultor y la popularidad de la que gozaba Benlliure en la ciudad tras realizar en 1899 el monumento al Marqués de Larios, del que hablaremos a continuación. Lo más curioso vino realmente en el momento del encargo, pues el deseo de la cofradía era hacer una réplica exacta del antiguo Nazareno mediante fotografías antiguas, pero Benlliure se negó varias veces y, finalmente, la cofradía accedió a que el escultor tallase una versión innovadora de Jesús que es la que actualmente conocemos.

Benlliure hizo un primer boceto en escayola policromada, pero fue rechazado por los cofrades por no poseer los típicos aditamentos postizos, propios de las imágenes malagueñas. Ante ello, el escultor hizo un segundo boceto (conservado en su Museo de Crevillente) con corona de espinas tallada en el mismo bloque craneal pero de inferior calidad al anterior, de ahí que una Comisión de Bellas Artes convocada al efecto se decantara por la primera opción, que, trasladada a la madera, es la que actualmente conocemos.

Escultura de talla completa realizada en madera de pino de Flandes, que vino a sustituir a la única imagen conocida del Dulce Nombre de Jesús, incendiada la madrugada del 12 de mayo de 1931 en los disturbios que acompañaron en Málaga el establecimiento de la II República Española.

Estilísticamente, el Nazareno del Paso es una obra de vocación clasicista que revela una interpretación plástica absolutamente personal de Cristo con la Cruz a cuestas. El rostro revela un trasfondo de fuerza interior traducido en unos rasgos faciales muy marcados que le otorgan grave y serena expresión. Benlliure crea una sorprendente visión espiritualizada y no “arqueológica” de la figura del Nazareno. En esta interpretación, el componente religioso es tan sólo el pretexto para ofrecer un estudio de hombre dotado de toda su plenitud física y mental, cuya perfección universal es ajena a todo dolor.

Según el profesor Sánchez López, “la calidad de la obra brilla, asimismo, tanto en la visión de conjunto, como en los detalles. Son exquisitas las sensaciones estéticas transmitidas en pormenores como la finura y delicadeza de las manos, o los mechones húmedos que se adhieren al rostro”.

Para el académico Luis Cambronero, “considerada humanamente, la obra tiene la estructura anatómica que es menester para imponernos la sensación de la verdad.
Los caracteres étnicos de la raza semítica se hallan dulcemente plasmados”.Es, por ello, un acierto la opacidad del tono de la carne, más bien cetrino que rosáceo, como es la piel de los semitas, no como la tonalidad arquetipo aplicada con frecuencia por criterios estético-piadosos; considerando que Cristo no descendió a la Tierra con la carne blanca y rosada de los arios, sino la cetrina y la opaca de la progenie de Israel.

Es el Nazareno de mayor envergadura de cuantos se procesionan en nuestra ciudad (184 cm). Y la única imagen procesional de Jesucristo titular de Basílica, por lo que en el cortejo figuran los atributos propios de esta dignidad canónica.

Esta imagen, labrada por Benlliure a la avanzada edad de 78 años, ha sido considerada como la quintaesencia de su obra sacra al ser un compendio de sus recurrentes grafismos sobre el tema, tanto por la perfección anatómica, mostrando a un varón abatido por la carga del madero que, más que avanzar, arrastra el peso de su cuerpo hacia el Calvario, como por la exquisita ejecución y los recios rasgos semitas del rostro, plenos de expresividad. A pesar de concebirse para procesionar con túnica lisa y cruz plana y cepillada, hoy en día hace estación de penitencia con ricas prendas bordadas y cruz enriquecida con labores de orfebrería.

Cristo de la Expiración (Málaga)

Cristo de la Expiración

Cristo de la Expiración

Otra joya de la Semana Santa malagueña, titular de la Archicofradía del Santísimo Cristo de la Expiración y Nuestra Señora de los Dolores Coronada que procesiona el Miércoles Santo.

Resulta curioso que esta cofradía tuviera con anterioridad cuatro titulares hasta llegar al actual: de 1921 a 1928, la imagen destruida, que se atribuía al escultor granadino Alonso de Mena (siglo XVII) y procesionaba con una Magdalena de idéntico origen; de 1929 a 1931, otra imagen realizada en el Taller de Font (Madrid), de escasa calidad artística y que, incomprensiblemente, sustituyó a la anterior (la Magdalena se mantuvo); en 1935, tras la destrucción de todas las tallas anteriores, la cofradía encargó un nuevo Crucificado a un escultor anónimo de Madrid, y en 1939, procesiona un crucifijo del escultor mallorquín Miguel Ferrer Tous.

Tras esta imagen, se realizó el encargo a Benlliure, escultor escogido en una terna en la que figuraban el madrileño Juan Cristóbal Velasco y el castellonense José Ortells. Al parecer, en su elección tuvo mucho que ver su secretario personal, malagueño, que intercedió para llevar a cabo esta obra en unas condiciones económicas ventajosas para los cofrades. Es también curioso que la imagen llegara a la ciudad junto con la imagen del Nazareno del Paso y en una camioneta militar, gracias a las gestiones realizadas por un hermano de la cofradía.

La imagen es magnífica y presenta notables semejanzas con el Cristo de la Agonía que el mismo autor labrara posteriormente para el Santuario de la Virgen de la Cabeza. Como era habitual en Benlliure, presenta a un Jesús crucificado por tres clavos que no son metálicos, sino aplicados de forma figurada en la madera, sobrepuestos sobre pies y manos. Los regueros de sangre los presenta muy escasos y se concentran mayormente en la frente y en las extremidades horadadas. Fue concebida por su escultor sin potencias, que luego se añadieron a raiz del estreno del colosal trono labrado por los Talleres de Félix Granda en 1942. El madero, en un principio rectangular, fue también reemplazado por otro de sección cilíndrica y arbórea.

Está tallada en madera de abedul, al estilo de las obras de los imagineros italianos, y recubierta con una pátina hecha a base de aceite de almendras dulces, que junto a la opacidad de la policromía es la que le da ese sabor añejo que tiene la obra. El único postizo que presenta el Crucificado es la corona de espinas, que Benlliure labra en metal y reviste de arpillera policromada.

Descripción de nuestra Imágen:
“…sus perfecciones somáticas, interesantes emotivas, son al propio tiempo veladas por una suave idealidad de transparencias celestiales…” (Informe de la Real Academia de San Telmo, titulado “Escultura religiosa Mariano Benlliure”. Firma: Luis Cambronero y Adrián Risueño. El Santísimo Cristo de la Expiración, obra de Mariano Benlliure (1940) es una de las imágenes que más ha aportado a la “imaginería procesional de la ciudad”, presentado “unos matices avanzados y liberados de la carga barroca”. El artista ha conseguido cultivar un dramático expresionismo a través de un escuálido cuerpo y de la cabeza inclinada patéticamente, insistiendo de modo manifiesto en los mecanismos que enfatizan el drama sacro. La efigie denota una cierta dureza de líneas-relieves intercostales, aristas tibiales plegamientos del paño junto a una fuerte oposición al movimiento declamatorio, pues “todo el Cristo es un discurso silencioso”.

El tratamiento textural es sombrío, sin alardes retoricistas de acento barroco dejando las “huellas” de la gubia sobre el “mapa óseo y muscular” de la portentosa efigie como rasgo de consumado expresionismo táctil, lejano de los tratamientos naturalistas de extremado acabado. A ello se une la policromía cianótica de tonos opacos que ha sido sustancialmente alterada por una pátina artificial a base de aceite de almendras que ha oscurecido las oquedades cutáneas para dotarlo de un sabor antiguo, en aras de suplir, así la escasa trayectoria (cincuenta años) de su génesis. Recientemente la restauración ejecutada por Estrella Arcos ha devuelto los tonos primitivos. El rostro tratado con gran realismo propio del retrato, participa de una “extraordinaria calidad artística en la composición de las facciones en el modelado, en la talla de los cabellos y en la policromía”. Como único postizo anejo a la labor escultórica cabe denominarse la corona de espinas ejecutada policromada y que con verdadero afán de trompel, fue concebida sobrepuesta acaso con un barroco sentimiento naturalista. Los cabellos, trabajados en grandes guedejas cobrizas y mojadas, enmarcan de modo elocuente la faz expirante del Nazareno, evocadora de un sentimiento elegíaco de onda espiritualidad ascética. La nariz afilada, los ojos exostálmicos, la boca entreabierta dejando exhalar el último suspiro, acentuando el phatos emocional del conjunto grave y sereno. En la actualidad, la testa se interpreta con potencias, atributos que no fueron concebidos en la plástica primigenia. La composición somática queda trinangulizada al utilizar tres clavos figurados -y no metálicos- como elemento de sustentación a un madero de sección cilíndrica; el canon es alagado, casi manierista, acentuando las curvas y efectos visuales, por lo que no le anima a detallar con corrección ciertas partes anatómicas -véase lo apuntado en las “huellas” de l a gubia- que deja esbozada con objeto de imprimir un lenguaje de alto contenido expresivo. Las manos están muy bien trabajadas ya “que tienen mucho detalle y como recordarán por las del Nazareno están hechas directamente del natural” (carta de Benlliure a Enrique Navarro. 27 de Octubre de 1939). Los miembros aparecen cirspados artificiosamente, recordando así a ciertos efectos utilizados en el gótico final, pues no resulta extraño ante un creador que revivió muchos modelos y elementos de tapas pretéritas en claro prúrito historicista. El Paño púdico adquiere grandes angulaciones que producen sugerentes juegos claroscuristas de gran plasticidad y relieve. Sujeto a la cadera por una lacerante cuerda, se abre a la derecho con objeto de no interrumpir la línea de silueta. Las muestras mortificantes son mínimas, sin extremismos sanguinolientos. Es sólo el mensaje de la escultura y sobre todo concentrado en la cabeza, lo que unge la homilética dictrinal de este singular crucificado, emblemático por cuento su peculiar concepto artístico y en donde se entrelazan la tradición con la modernidad en un medio expresivo, renovado en lo formal para transmitir un código sempiterno. Terminamos con las palabras de D. José Prados López, quien definió con gran acierto la oratoria discursiva de esta imagen: “… atento siempre a la anatomía y ejecutando el natural con la trascendencia que debe tener cuando es el cuerpo muerto de Dios, vencido por el dolor y el sufrimiento. Benlliure cuida mucho de la serenidad de sus imágenes y de la dignidad de sus ropajes y en este Cristo de la Expiración está lograda su alta intención de cultor y de artista que imprime a su obra la espiritualidad que el tema requería, junto al detenido estudio de la belleza ingrávida del desnudo.

En definitiva, una lección escultórica a través de la cual el maestro combinó magistralmente los férreos preceptos del barroco con los nuevos aires impuestos por su propio estilo, al que tampoco eran ajenas las vanguardias del arte sacro que vieron la luz a lo largo del siglo XX.

Cristo de la Vera Cruz (Villanueva del Arzobispo – Jaén)

Cristo de la Vera Cruz

Cristo de la Vera Cruz

El Santísimo Cristo de la Vera Cruz es una talla muy venerada en la villa jiennense, en el marco de la piedad penitencial, como titular de la Cofradía del mismo nombre. Su advocación hace referencia al madero donde fue torturado y crucificado Jesús, y a la tradición de atribuir la invención de la verdadera cruz de Cristo a Santa Elena.

La imagen sustituye a una anterior, destruida en los sucesos de la Guerra Civil, de la que se conservan fotografías en las que puede apreciarse una escultura con caracteres propios del siglo XVI, retocada en época barroca para adaptarle peluca postiza y faldellín de telas naturales. Por guardarse en un domicilio particular, logró salvarse la cruz de la que pendía el Crucificado durante la procesión, obra labrada en plata repujada por los Talleres Meneses (1899).

Al igual que ocurrió con el malagueño Nazareno del Paso, el encargo de la nueva talla a Benlliure se debió al prestigio del que gozaba el escultor en España tras la ejecución de varias obras religiosas de mérito. El Crucificado fue contratado a finales de 1941 y concluido el 28 de abril de 1942. De las gestiones se encargó el por entonces secretario de la cofradía, Juan de la Cruz Sánchez, gran admirador de la obra de Benlliure y que, en nombre de la hermandad, sólo puso como condición al artista que el tamaño de la nueva imagen debía amoldarse a las medidas de la cruz de plata existente.

Se trata de una efigie muy peculiar dentro de la serie de Cristos en la Cruz que realizó Benlliure, no sólo por su reducido tamaño motivado por la referida condición (140 cm), sino también por hallarse fijado al madero por tres clavos, en lugar de los cuatro habituales del escultor. Se le representa muerto, en el momento inmediatamente posterior a la lanzada. Presenta los grafismos típicos del maestro en esta iconografía que hemos podido analizar con su soberbio Cristo de la Expiración para Málaga: regueros de sangre muy escasos, añeja policromía, rasgos de marcado perfil hebraico, afanoso estudio anatómico y rostro concebido con gran dulzura y unción sagrada.

En este caso, además, Benlliure nos ofrece un magnífico trabajo de modelado al tallar la corona de espinas en el bloque craneal, quedando los mechones del lacio cabello entrelazados en las ramas. El escueto paño de pureza deja muy descubierta la cadera derecha. Llama la atención el abierto ángulo que forman los brazos, rectos y sumamente alargados en relación con el resto del cuerpo, detalle que el escultor compensa con una acusada flexión de las rodillas y una visión en diagonal de la obra mediante el recurso de la larga guedeja de cabello que cubre la mejilla derecha.

Tan interesante muestra de la plástica de Benlliure sale procesionalmente el 3 de mayo por las calles de la localidad.

OBRA CIVIL

• Monumento al teniente Ruiz Mendoza, Madrid, 1891.

• Monumento a Álvaro de Bazán, Madrid, 1891.

• Monumento funerario a Joselito “El Gallo”, en el Cementerio de San Fernando de Sevilla.

• Monumento funerario -mausoleo- al tenor Julián Gayarre en Roncal (Navarra).

• Monumentos a Sagasta y Canalejas en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid.

• Monumento a Diego López V de Haro, que en su día se instaló frente al Ayuntamiento de Bilbao y hoy está en la Plaza Circular.

• Monumento a Antonio Trueba en los Jardines de Albia Bilbao.

• Retratos de la familia de Joaquín Sorolla y Bastida, hoy en la Casa Sorolla, en Madrid.

• Monumento a Goya (1902), frente a la entrada del Museo del Prado, en Madrid.

• Monumento al general Martínez Campos en el Buen Retiro, Madrid; inaugurado en 1907.

Monumento a Emilio Castelar, inaugurado en Madrid en 1908

Monumento a Emilio Castelar, inaugurado en Madrid en 1908

• Monumento al cabo Noval, Madrid (Pl. Oriente), 1912.

• Monumento al libertador sudamericano José de San Martín en la Plaza San Martín de Lima (1921).

• Estatua ecuestre de Alfonso XII, 1922.

• Monumento a Miguel Moya, Madrid, 1928.

Monumento a Miguel Primo de Rivera, Jerez de la Frontera, 1.929

Monumento a Miguel Primo de Rivera, Jerez de la Frontera, 1.929

• Monumento al duque de Rivas. Córdoba , 1929.

• Monumento a los Cazadores de Alcántara. Valladolid, 1931.

• Monumento a Isabel la Católica (1892), en la Plaza Isabel la Católica de Granada.

• Monumento a su amigo el escultor Aniceto Marinas, 1943, en los Jardines de San Roque (Segovia).

Monumento al marqués de Larios 1899, en Plaza de la Marina de Málaga

Monumento al marqués de Larios 1899, en Plaza de la Marina de Málaga

• Estatua en honor de Aniceto Coloma, 1922 en Almansa.

 

Recopilación de datos y edición del trabajo: Salvador Gonzalez [MoraoyGrana]

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