Virgen del Camino (Pamplona)

Nuestra Señora del Camino

Nuestra Señora del Camino

Advocación de Nuestra Señora del Camino | Patrona, Reina y Señora de Pamplona

Pamplona

Nuestra Señora del Camino

 

https://i1.wp.com/tabernacofrade.net/imagen/led.pngOrígenes:  Una piadosa leyenda sitúa la llegada de la escultura desde la localidad de Alfaro en 1487.

https://i1.wp.com/tabernacofrade.net/imagen/led.pngImagen:   Talla románica policromada y forrada en plata. Sentada en silla, de fisonomía simpática. Lleva al Niño en el brazo izqierdo.

Foto: premindeiruna

 

https://i1.wp.com/tabernacofrade.net/imagen/led.pngSede:   Iglesia de San Saturnino ( San Cernín)

La primitiva iglesia de San Cernin, fue reemplazada por un edificio románico, que estaría situado debajo del coro de la actual capilla del Santo Cristo. Esta iglesia es mencionada en 1107 por don Pedro de Roda en una donación.
La iglesia románica, de pequeñas dimensiones y con dos torres, sufrió varios ataques que la deterioraron: uno en 1222 por los pobladores de la población de San Nicolás, que produjo el deterioro de su cubierta, y otro más fuerte en la guerra de la Navarrería, que causó grandes destrozos.
Ante el deteriorado estado de la iglesia románica, se erigió un nuevo edificio de fábrica gótica que fuera al mismo tiempo iglesia y fortaleza, para lo que levantaron dos altas torres a modo de atalayas militares. La cronología de la construcción gótica puede fijarse entre 1277, fin de la guerra de los Burgos, y 1297, fecha ésta que se deduce de la inscripción en capitales góticas que aparece en la clave de la bóveda del sotocoro.
Terminada la iglesia se inicia la construcción del claustro, hoy desaparecido. Al claustro se accedía por una puerta situada enfrente de la principal. Por los planos de ese siglo conservados sabemos que la planta del claustro era la de un pentágono irregular con un jardín en su interior.

Foto: iglesiasansaturnino.com

 

https://i1.wp.com/tabernacofrade.net/imagen/led.pngFestividad y Procesión:  Domingo de la quinta semana de Pascua.

La centenaria procesión de la Octava, documentada desde 1655, dejó de celebrarse con su periodicidad anual en 1976 y recuperada en 2015.

Foto: iglesiasansaturnino.com

 

https://i1.wp.com/tabernacofrade.net/imagen/led.pngReseña Histórica:

  • En 1487, disfrutaba Navarra de una relativa paz. Los bandos agramonteses y beamonteses que durante tantos años ensangrentaron los campos de Navarra habían momentáneamente depuesto las armas, aunque bien se dejaba ver, que la más ligera chispa bastaría para reavivar un fuego tan sólo amortiguado.
    El Conde de Lerín, jefe del bando beamontés, era en realidad el jefe y señor de Pamplona y casi toda su merindad, y sus órdenes obedecidas y respetadas, más que si emanasen de los reyes; estos, Don Juan y Doña Catalina, recién casados, se hallaban en Pau, esperando la ocasión de presentarse en Pamplona para ser reconocidos y jurados en su iglesia catedral.
    Estando así las cosas, la madrugada de un día del referido año, el vecindario de Pamplona fue despertado por un estruendoso repique de todas las campanas de la parroquia de San Cernin. Las gentes saltaron de sus camas despavoridas, pues tiempos eran aquellos en que el bandear de las campanas, más era para llamar a rebatos y duelos que para anunciar glorias y alegrías.
    Pero en esta ocasión, las campanas volteaban alegremente, presagiando buenas nuevas. Los ciudadanos salieron a las calles, y en busca de noticias se dirigieron a la iglesia de San Cernin de la que procedía el bullicioso campaneo.
    Sucedió, que aquel día, al abrir el sacristán de par de mañana las puertas del templo, se colaron por ella discutiendo, murmurando y regañando un montón de madrugadoras mujericas beatas; pues en aquel entonces, como ahora y como lo será siempre y en todo tiempo y lugar, las devotas entran y andan por la casa del Señor, con más fueros y confianza que Pedro por la suya propia.
    Al llegar junto al altar les pareció ver que sobre una viga próxima al presbiterio se destacaba un bulto extraño; la velada luz matutina que se filtraba a través de las vidrieras del ábside, no iluminaba lo suficiente para distinguir lo que pudiera ser el misterioso envoltorio. Pero, en esto, un rayo más vivo, al atravesar los pintados cristales, dio de lleno sobre un precioso simulacro de la Virgen Santísima con su Niñico en el halda, que parecía bendecir con celestial sonrisa al medrosico grupo de las viejas madrugadoras.
    Todo Pamplona al enterarse del acontecimiento corrió a la iglesia apretujándose bajo sus naves. Todos querían adorar la imagen y besarla.
  • La Cuenca se despobló toda rasa para venir a ver la Virgen Milagrosa; en fin, que en la capital y alrededores era optimismo, alegría y entusiasmo, cuando una numerosa cabalgata castellana de encapuchados penitentes llegó ante el portal de San Llorente y, enarbolando bandera blanca, pidieron a los guardianes licencia para entrar, pues querían ponerse al habla con las autoridades de la Ciudad. Procedía esta singular embajada de Alfaro, y la componían sus rexidores y las más destacadas personalidades civiles y eclesiásticas de la misma.
    El estado de paz en que se encontraban los reinos de Navarra y Castilla, y el nada bélico atuendo de los caballeros, disipaban toda clase de recelos y las puertas de la Ciudad les fueron abiertas. Apeáronse de las cabalgaduras y, descalzándose, se dirigieron a la iglesia de San Cernin, y en ella, con grandes muestras de veneración y dando voces de arrepentimiento y dolor, adoraron la sagrada imagen.
    Pidieron luego audiencia a la Ciudad, que no tardó en reunirse en su Casa de Ayuntamiento, y en ella explicaron los castellanos el objeto de su peregrinación a Pamplona.
    Dijeron que desde tiempo inmemorial, la imagen de la Virgen que en la actualidad se hallaba en Pamplona había sido venerada en una ermita situada en las proximidades de la ciudad de Alfaro, junto al camino real, y hacía ya varios días había desaparecido. Que allá llegó la noticia de que algún viandante se había apoderado de ella, trayéndola a Pamplona, y que para volverla a su antigua residencia con todos los honores habían venido desde sus tierras. Los sacerdotes que formaban en la comisión aseguraron que el santo simulacro era el mismo desaparecido, y que por lo tanto, era cosa de justicia y razón que les fuera devuelto, para volver a colocarlo en el lugar donde siempre había sido venerada.
    Esto de la veneración lo dijeron con cierto sonrojo, pues pública y notoria era la poca devoción que en aquella comarca se sentía por la Virgen del Camino Real, y si alguna vez alguien entraba en la ermita, tan solo era para descansar a la fresca los días calurosos o librarse de los chaparrones que pudieran cogerles en el camino.
    Mucho costó convencer a los rexidores de Pamplona de la razón que pudiera asistir a los riojanos, pero al fin, para evitar mayores males, les fue entregada la imagen, y ellos, de noche, para evitar alguna agresión por parte del pueblo, salieron camino de su tierra.
    Pasaron varios días en los que los pamploneses no se consolaban de lo ocurrido y hasta había quien proponía ir a Alfaro para apoderarse por la tremenda de la adorada virgencica. No hubo necesidad de llegar a esos extremos, pues una mañana, muy tempranico, volviose a oír el jolgorioso campaneo anunciador de alegrías y buenas nuevas. Nadie dudó ni un momento de cual pudieran ser sus motivos. ¡Es la virgencica que vuelve!, se oía gritar por todas partes. Las campanas de las demás parroquias unieron sus sones a las de San Cernin y, en menos que canta un gallo, todo Pamplona se arremolinó en el templo dando vivas y haciendo manifestaciones mil de regocijo al constatar que, efectivamente, allí, en lo alto de la viga, estaba la querida imagen de la Virgen, mostrando sonriente a los regocijados irunshemes a su divino hijo, que con su manita levantada parecía bendecirles.
    Pero nadie intentó hacerlo; los de Alfaro llegaron a comprender que era voluntad divina el que la imagen quedase en Pamplona, y allá, en el fondo de sus conciencias, se acusan de ser ellos la causa de este abandono, por el grande en que durante muchos años le habían tenido, y recordaban que, en cierta ocasión, ocurrió un crimen en las cercanías de la ermita, después del cual el homicida ocultó el puñal en la basílica, en la seguridad completa que no lo podrían encontrar, por la razón sencilla de que persona alguna jamás entraba en ella.
  • Se colocó la imagen para la adoración de los fieles en una especie de jaula o urna enrejada al lado de la viga donde hizo su aparición, pero ya entrado el siglo XVI se pensó en trasladarla a una de las capillas de la parroquia, a fin de que pudiera ser adorada con más comodidad y decoro. La capilla elegida fue la del Santo Cristo, y en ella por espacio de muchos años recibió la adoración de sus devotos. Como resultase insuficiente, dado el culto que se le tributa, se pensó seriamente en construir una nueva capilla digna de tan grande advocación.

Viga donde cuenta la tradición apareció la Virgen del Camino

 

Fuente de información:  Patxi Mediburu

https://i1.wp.com/tabernacofrade.net/imagen/led.pngDe los grandes recuerdos, fundamentalmente del siglo XIX, hay que señalar su patronato sobre los procuradores (1876) y las composiciones musicales para sus Gozos, publicados en Pamplona en siglo anterior. Entre los maestros que los musicalizaron destacan Damián Sanz (1844 y 1854), Mariano García (1854), Mauricio García (1856, 1863, 1864 y 1868), Lázaro Gainza, Goya, Juan Desplán, Antonio Vidaurreta, Martín Dendariarena y Estanislao Luna. Sin embargo, lo más destacado en este aspecto fueron las famosas Sevillanas de Hilarión Eslava (1832) que hicieron las delicias de los pamploneses de generaciones pasadas por la gran expectación que generaban.

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